lunes, 1 de diciembre de 2014

LA BRUJA



La inundación es inminente, pensé en cuanto vi cuán cerca rugían flameando en crestas violentas las aguas del río en crecida debido al temporal lluvioso que asolaba la zona. Traía conmigo solo la ropa que llevaba puesto y varios cigarrillos que había conseguido durante mi travesía del pueblo hacia aquí. Esto es un bosque semitupido pero no por ello menos denso, debido en gran parte a los gigantescos árboles que abarcaban con sus sombras el íntegro de la luz que lograba penetrar sus altas y frondosas copas. Detenido, observé con meticulosidad la fachada de la vivienda, eran dos plantas, techo de calaminas y dos puertas, además de cuatro ventanas, dos al frente y dos detrás, había además un balcón con rejas de madera en el que podía observarse varias perezosas abandonadas y en completo estado de envejecimiento, debido quizá al viento corrosivo que del río venía, y también al desuso que es lo más efectivo en materia de erosión.

Decidí entrar, la noche se cerniría pronto y no contaba con alicientes ni carpas para pernoctar al aire libre. Llamé varias veces sin obtener respuesta alguna, desesperé un poco al verme a merced del caudaloso río metros más allá, cuyas aguas turbulentas golpeaban impetuosas los cimientos de la vivienda, dando la impresión de derribarla de un momento a otro. Como nadie acudía a mi llamado, opté por ingresar por detrás, a través de un forado en la pared que parecía hecho siglos antes. Así pues, estuve dentro luego de no mucho esfuerzo. 

El panorama interior no distaba mucho del exterior, pero por lo menos se sentía cierta calidez necesaria para conciliar el sueño y recuperar la fuerzas. Traté de hallar un lugar apropiado en vano, porque por todas partes terrones de tierra desprendida del techo, de los muros, de afuera, cubrían el entablado. Iba pensando en despojarme de mis prendas y tenderlas limpiando un montículo menor de dicha tierra para acostarme, cuando se me ocurre ascender a la segunda planta. 

Una vez arriba descubrí que en una de las habitaciones titilaba una débil luz rojiza proveniente de un aparato musical, y de hecho fue así pues Bill Withers sonaba en armonía con el clima. No brilla más el sol. Desde ese momento todo resquicio de mi ser amainó en sus ansias locas de experimentar sucesos paranormales, desde la aparición de fantasmas o criaturas extrañas que solo viviendas como esas podían albergar. Sonreí en silencio, con una pequeña mueca en los labios que dio la impresión de ser otra cosa para el reflejo que me devolvían los vidrios todavía en pie de las ventanas laterales. Mientras disponía un lugar para conciliar el sueño, observé las pertenencias de la persona que probablemente volvería de un momento a otro. Habían dos pares de zapatos enormes y varias prendas de abrigo también de dimensiones descomunales, de casi el triple de la talla que yo usaba. Sin embargo lo que más me sorprendieron fueron sus libros, varios tomos de papel cocido con alambre galvanizado y con cubiertas de metal de casi metro y medio de altura por dos de ancho. Me acerqué al lugar donde retozaban recostados semejantes textos contra un mueble de ébano tan roído por el tiempo que daba la impresión de hacerse polvo con un soplo. Traté de abrir semejante tapa y ver qué había escrito en él cuando de pronto oigo pisadas ruidosas viniendo a la habitación.

En un primer momento pensé en esconderme y salir sigilosamente, como casi siempre había hecho en circunstancias parecidas debido a mi estilo de vida Okupa. Recordando tantísimas veces las redadas de los putos cerdos policías que venían a desalojarnos de lugares que nadie más quería para vivir salvo nosotros. Una vez por ejemplo, en pleno invierno crudo de Rusia, durante nuestra estancia en San Petesburgo, fuimos irrumpidos en plena madrugada por un pelotón armado hasta los dientes cuya misión era solo una: limpiar las estancias de lo que sería en meses un supermercado más de esos que venden hasta el alma de la humanidad al mejor postor y en atractivas ofertas de fin de temporada. Para ello estaban dispuestos a todo, sobretodo incinerar la basura viva que hubiera dentro, habitando gratis las instalaciones del edificio fantasma. Nosotros eramos como cien, entre rusos y ciudadanos del mundo, y lo único que nos quedaron ante semejante redada fueron las alcantarillas, uno a uno, desesperados cual ratas nos sumergimos en las aguas purulentas de la cloaca, rumbo a las afueras de la ciudad, a donde llegamos casi al amanecer y donde por cierto casi morimos de hipotermia debido al intenso frío. Situaciones como ésta vivimos tantas veces que para nosotros comer una rata viva, a la que solo arrancándole el pelaje y los bigotes, nos las comíamos dorada en las brasas de neumáticos en combustión, era pues casi el alimento habitual, salvo los días que asaltábamos minimarkets desprovistos de vigilantes armados. Después irrumpieron las videocámaras y los sensores y la brutalidad policial como nunca antes lo hubiéramos imaginado. Torturas, desapariciones, condenas, y un sin fin de coacciones en contra de la gente que simplemente "quería vivir a expensas de la clase trabajadora y emprendedora". "Muerte a los parásitos de la humanidad progresista y laboral", rezaban los slogans de importantes consorcios empresariales. Entonces fuimos decayendo, fracturados por la represión nos disolvimos, ya no eramos un grupo unido y fuerte, solo vestigios de contrahumanos que trataba de subsistir no por empeño con la vida sino en contra de ellos, porque al fin y al cabo, nuestra consigna anterior como movimiento contrahumano fue precisamente destruir la forma de vida que imperaba en las sociedad humanas, a nosotros nunca nos pareció vivir como ellos nos planteaban, imponían hacerlo, a lo mejor no teníamos propuestas mejores, pero de algo estábamos seguros, que lo peor era eso, la ambición desmedida y el consumismo atroz. Pero bueno, eran otros tiempos, ahora la barba negra cubría mi rostro y mi cabeza casi calva reflejaba en gran parte mi tristeza y desasosiego. Qué más le quedaba al ser humano sino su tristeza inherente a sus genes y el vestigio de sus alegrías en sus huellas recubiertas por la nieve o el agua de lluvias...

Permanecí de pie junto a la puerta, con las manos detrás, aguardando impaciente. Se trababa de un sujeto de pequeña estatura, un enano para ser más precisos. Un hombre que a lo sumo mediría medio metro, de espalda ancha y piernas gruesas, así como de barba tupida y rojiza, el cabello largo y trenzado y una gorra parecida a un casco de minero sobre la cabeza, portaba un hacha en una mano y en la otra sostenía dos conejos de las praderas.


- Hola, le dije al fin.

- Hola, me dijo con toda naturalidad, depositando sus instrumentos sobre el piso. Despojándose de inmediato de sus prendas. Una vez desnudo, se dirigió al otro extremo de la habitación, donde tras un montículo de basura, había una especie de fogón que encendió rápidamente.
- ¿Te has tirado alguna vez a una vieja de setenta?, preguntó el pequeño hombre
- Pues la verdad no, respondí bastante desconcertado. Y es que era la pregunta que menos esperé, mi desconcierto en parte se debía a las circunstancias, pero por otra a la pregunta en sí, qué diablos podía tratar de decirme con aquello, acaso se trataba de un preludio para atacarme, o tal vez era de los que hablan lo primero que se les viene a la mente.
- Es algo sumamente horrible, agregó. ¿Cuál es tu nombre?, y por supuesto, ¿hasta cuándo te quedas?
- Ah bueno, soy Godo, atiné a responder rápidamente. Esta vez sorprendido pero más admirado por la confianza depositada de manera espontánea en mí. - No sé hasta cuándo, llevo varios días de caminata y me topé con tu casa, siento no haberme anunciado antes, ¿tú eres?
- Perdona, Sigfrid, nombre teutón, ya ves mis rasgos, ascendencia o algo así, y descuida, tampoco es mi casa, estamos en las mismas condiciones. ¿Ya viste el temporal?, una completa mierda, así no se puede ni salir a robar gallinas o alguna oveja, y uno tiene que volver a la casa de la vieja esa. No lo sabes aún pero en estos lares es la última opción, o lo haces o mueres de hambre.
Sin comprender del todo lo referido a la vieja, opté por decir lo primero que se me vino a la mente:
- Me parece mucho peor la muerte claro, aunque no considero tan malo montarse a una vieja, siempre que siga teniendo lo mismo que una mujer, ¿digo no?
- jajaja, ¿Godo verdad?, me caes bien, acércate al fuego, no te quedes ahí o se te congelarán las bolas. Lo que pasa es que no sabes de quién te hablo; la vieja en cuestión además de ser horrible como matar a tu madre, hace cosas, te las hace quiero decir, y no solo eso, te invita a hacerlas con ella, a veces hasta a comer ciertas porquerías que prepara.
Imaginé de inmediato a una bruja de los cuentos de niños, toda deforme y con las nariz alargada morbosamente.
- Una vez, continuó Sigfrid, imagínate que una vez me obligo a cagarme en su boca mientras ella le retorcía el cuello a un pollo que al rato tuvimos que comer guisado con zapallo. ¿Te imaginas lo cerca que estuve de vomitar durante y después?
No dije nada, solo mis ojos se movieron hacia el río. Probablemente el gesto lo obligó a parar con la narración de sus amoríos con la señora aquella, porque al verme acudió a la ventana y abriéndola de para en par, señaló con su pequeño y grueso dedo un lugar atravesando el río. -Mira, vive allá, dijo bastante ansioso, yo casi no la soporto, pero este maldito clima que no me da opción.
Me acerqué al lugar para ver mejor, solo habían árboles y rocas, pero al cabo de un minuto comprobé que tras unos arbustos comenzaban a elevarse volutas de humo, probablemente de una fogata recién encendida, y enseguida, la silueta de una persona encaramándose sobre la roca más grande.
-Es ella, agáchate, ordenó Sigfrid.
- No veo por qué, dije, pero antes de terminar mi objeción, recibí un golpe seco a un lado de la cabeza.

Se me oscureció todo y el sonido de la música se fue disolviendo y fundiendo con el del río, que parecía incrementarse más y más. De algún modo comencé a experimentar cierta comodidad, me pareció pues que pronto todo estaría en armonía a pesar de la falta de percepción. Lo último que oí fueron el ruido de pisadas sobre el follaje, y después, de risas, carcajadas, y mordidas.


domingo, 26 de octubre de 2014

"DEAR", para un hermano de Carne y hueso.

Dear Keaton Henson:

Probablemente el año en que nacimos estábamos tan mojados de plenitud en los vientres de nuestras madres que cuando decidieron mudarnos, fue para nosotros un severo trauma; después ya sabes, melancolía y pequeños instantes de belleza en la percepción. Seguimos un camino pisoteado por otros tantos miles que ahora pululan como nosotros, tras la sombra de las vidas pasadas, nefastas; mientras nosotros un día vimos dentro de nuestros ojos esa acuosa realidad de la tristeza. Una vez le llamamos lágrimas, pero otra supimos que no era suficiente, pues el torrente devenido de dicha consciencia se caracterizó básicamente por ser seco, árido, infértil...
Los dibujos que apañaron con el silencio, los peores momentos que tuvimos, ahí están, algunos en la web pero la mayoría en el papel donde fueron concebidos; tú imaginabas campos desolados pero llenos de frescura, a veces con personajes con patas de perro y silueta de humanos volando, y otras simples palabras escritas que por más que insistan en desairarlos del arte, ahí están, palabras cortas como la que recuerdo ahora: a la mierda mañana, te necesito hoy; qué decirte al respecto, acá tienes una pequeña retribución de un colega que extraviado en la miasma global, trata de consolarse reinterpretando las sensaciones en torno a ello. Yo, y ahora empiezo tratando de terminar pronto, yo en cambio, retorcía mis sentimientos como mecanismo de defensa ante la dureza de mi realidad, y es que soy roca caliza unas veces y otras piedra de río, ya sabes, una que despertó y nada pudo hacer para reconciliar el sueño eterno del que era gozo y pleno ejecutor. Dibujaba desde líneas difusas hacia círculos concéntricos tratando únicamente de no darle oportunidad al vacío que se colaba por mis comisuras; después, otro día supe que ni tenía caso, y lo asumí como un reto, para ya sabes, no darle oportunidad al vacío, a la parálisis; y habían criaturas, y también palabras, cómo no, mírame ahora por ejemplo, justo cuando te animas a pronunciar la necesidad de tu alma de algo, de algo que nadie tiene ya lo sabes verdad?, mucho menos tú, porque de otro modo no habrías dicho eso. Por eso hay momentos como los que ahora atravieso, en los que no haces gran cosa y solo dices: algo, y mira, escribiéndote una carta tu canción se reproduce sola. A lo mejor pueda yo repetirla mientras siga pensando qué decirte, y porqué hacerlo de este modo, y es que solo pienso en dos números: 88. Preciosos gemelos de los cuales venimos y quizá en quienes desvivimos, ocho ocho, hasta tienen su propia sutileza cuando les infundes sonido, existencia, ocho ocho...
Bueno, debo acabar con esto, cerrar este último ocho, pero sin antes decirte lo afortunado que me siento de haberte conocido, por lo menos entre tanta latencia de seres inanimados apareciste con tu música y tus dibujos, te agradezco por ello, qué más podría hacer, acaso imaginarte de pronto feliz acariciando un loro en la bañera podría ser mejor que decirte hasta luego? no lo sé, pero bueno, aquí estamos, cerrando los puños y abriendo los ojos para seguir resistiendo por manía, instinto o qué sé yo. Chao.

Qué más da


De cuanto había por reconsiderar estaban los momentos desperdiciados mirando las luces, sombras, o  escuchando el sonido del silencio durante los momentos de conmoción a causa de los agentes neurotransmisores que por voluntad propia en un inicio, fui inoculando al torrente sanguíneo, y luego por efecto colateral. Bueno, de todos modos Korzus continuó sacando material tras material, y este 22 de noviembre se realizaría la presentación de su nueva caña llamada Legion, un trallazo de fakin thrash metal carioca... Seguiría añorando a Nicastro así como a Hunolt, pero daban igual mis añoranzas y deseos, hacía rato que comprendí este mundo indiferente a cuanto dijera o hiciera, pues todo cuanto había que saber era sobre la cuestión mínima latente en mis acciones y pensamientos devenidos de los estímulos seudo realistas, flojera y modorra me da pensar en ello, por eso avanzo inerte y presa de mis sinsentidos, hacia los bordes, ya no para mirar, sino hacer, saltar, elegir lo que al fondo ya no brilla pero se sabe por sensación recurrente, sigue agitando sus garras conforme la medicina química prosigue su accionar...opiáceos de inducción a la salvaguarda del sueño narcótico, irreversible nulidad de entes sapientes y conscientes de cuanto hubo y no pudo haber más... A de ser de este modo le dijeron los monos astrales, acaso piensas en otra cosa desde tocada tu cabeza por el gran dedo de la mano gigantesca que hace y deshace?... Lo comprendes verdad?, nada cuando sepas sirve de ayuda nada cuanto ayude...solo son distractores que bajo el mando de la inteligencia conservadora tratan de retardar el efecto de dicha comprensión y aprehensión. Qué más da...

lunes, 6 de octubre de 2014

Adiós Kevin

Finalmente había enloquecido, y no al modo clásico de perder noción de la realidad, todo lo contrario, toda realidad tangible se volvió hiriente para sus sentidos, y también lo subjetivo, ese aspecto de la vida que solo sentimos. Desfilaban por sus ojos cerrados toda su vida en pequeños recortes sin conexión aparente, pero vinculados por la inminente toxicomanía; y he ahí el agente enloquecedor. Al principio fueron varias las ocasiones en las que pudo retirarse y montar de nuevo una vida normal, apacible y responsable; pero tan pronto como la erosión de ciertas ideas en torno a sí mismo hicieron mella real sobre su mente, se fue cayendo a pedazos la realidad que construyó durante diez años. Una banda musical sin remedio, un círculo social asociado únicamente a él por la maldita ingesta de dichos agentes; relaciones furtivas con mujeres a las que solo pudo darles un poquito de sí, al principio por egoísta y luego porque ya no quedaba gran cosa en la despensa de sus sentimientos, más que para dedicarse a pensar en un final abrupto y consecuente con el tipo de vida que venía llevando. A pesar de ello, conforme pasaba el tiempo, fueron cobrando forma los desaciertos y ligerezas que devenían de la incertidumbre con ellas, digo incertidumbre porque él siempre andaba en duda, si a lo mejor habría alguien más, y muchas más; pero siendo honestos, el mundo es tan árido para quienes se dedican a agotarlo con ilusiones y alucinaciones, que para darle la contra o quién sabe, para compensar ese desbarajuste con la normal marcha del resto, muestra sus afilados dientes de indiferencia y ciclomanía, que todo da vueltas, que nunca se sale cuando ya se esta afuera, y esas cosas mundanas. Y entonces le llegaron los hijos, hijos por los que no hizo gran cosa. En su mente enferma consideró el darles vida como suficiente, grave error porque el mundo civilizado no perdona, y aunque con él sí se hicieron a la vista gorda, con los suyos no, y en breve se oiría la sentencia, el encierro forzado, las ratas humanas de ojos rojos sodomizándolo y machacando su cuerpo....Pero qué es el cuerpo cuando la mente ya halló un camino, y la de él estaba en marcha hacia los cielos por decirlo de algún modo. Decidió no salir más del castigo impuesto por la ley, por no trabajar, por no producir los medios necesarios para la supervivencia, aunque claro, ningún trabajo que él realizase estaría considerado como tal, y por ende ni un centavo a cambio, quién pagaba por palabras sin formato ni rumbo, quién daría algo por estas palabras sobre él, acaso hay alguien, ni siendo el dinero una sucia alimaña necesaria y carente de brillo, le correspondería un centavo, porque para algunos las cosas no significan nada cuando se ha tomado la ruta hacia el cielo, y por más que viviera mil años durmiendo plácidamente, no habría el dinero suficiente para costear sus insignificantes gastos. Qué porquería seguir escribiendo esto, el tipo enloqueció al modo fatal, ni las correas ni el sanatorio podrían ser sus salidas, nada, solo el curso infinito de este río de insanía, eso y nada más, pobre tipo, ahí va cabizbajo, resecas sus lágrimas, sin derecho ni al aire que respira, menos al reflejo del agua, pero esperen, alguien rema por él, no está solo, es más, más allá lo aguardan con ansiedad y jolgorio, quiénes son esas personas extrañas, por qué le toman de brazo y lo llevan en hombros a la orilla. Qué está sucediendo?, por qué ahora su rostro se alegra, qué le insta a abrazar esos cuerpos, a besar esos rostros, a reír con ellos, es que su viaje ha dado con un  lugar mejor? Oh, qué imagen más conmovedora, es su familia, la familia que perdió hace siglos y que ahora por fin reencuentra, dónde estuvieron todo este tiempo, por qué tardaron tanto en dar con él, estaba a punto de perder la vida remando resignado hacia la oscuridad del vórtice y ahora mírenlo, feliz como un niño en su cumpleaños, saltando y haciendo gestos que ocasionan la ternura general del resto. Vaya qué emoción, mejor tomaré una fotografía para conservar el momento y así hacerlo eterno, aunque inanimado... Felicidades Kevin, hallaste tu lugar, y aunque para ello lo perdiste todo cuanto hay que tener para estar vivo en este lado del río, se te ve feliz y radiante ahora que comienzas a brillar emitiendo esa luz intensa que te eleva junto a los tuyos hacia las montañas de ingrávidas siluetas, más allá de la tierra de los Yahoos, más allá del Edén y hasta del extremo más lejano de nuestro multiverso, eh ahí por fin tu lugar, tu hogar, no vuelvas a cometer la locura de volver, ya viste que acá no hay nada para ti, nada que no sea veneno o frustración o minúsculas satisfacciones e insatisfacciones, en cambio allá donde brillas y brillas, lo tienes todo, una irrealidad quimérica que todo lo alcanza y no necesita más. Te voy a extrañar hermano, ahora tendré que volver solo con mi fotografía en la sien, y contarles a algunos que yo vi a un hombre hacerse luz en el cosmos, que yo vi a un hombre hallar su verdadero lugar en el universo, que vi a un hombre capaz de soportarlo todo y transgrediendo todas las barreras, lograr reincorporarse como en verdad era, una fuente eterna de luz, un todo. Adiós Kevin. 

martes, 30 de septiembre de 2014

¡NOSOTROS!


En mi ciudad habían sucedido pocas cosas desde los grandiosos Ccarccaria, decir que nosotros significamos algo tal vez fuera pecar de soberbios, sobretodo por ser yo quien llevaba la batuta de la banda y ser yo también quien escribe esto. Sin embargo durante los diez años que duramos lo hicimos con toda la morra y porra del thrash metal a secas, ahora leo por todas partes, fucking thrash, que alcohol y mosh, devastación y azote, etc. Libertades adjetivales tomadas a la ligera. Probablemente no fuimos los mejores, de eso no cabe duda, siempre fuimos marginales, desadaptados y rebeldes, jamás formamos parte del circo en el que trataron de incluirnos, circo lleno de hipocresía y recreación de un mundo que se supone con la música haríamos trizas, pero que el resto se dedicaba a recrear, adaptar, trasladar; infectando la escencia de este tipo de adicción con sus insignificantes modus vivendi, de sus casas y escuelas y trabajos a los conciertos, en cambio nosotros del thrash vida al thrash música al thrash muerte.

El thrash metal fue nuestra venganza, y es ahora para cada uno de quienes integramos nuestra banda, el estandarte grotesco, la marca de caín sobre nuestras frentes con la que vivimos exiliados de nuestro núcleo y eje primordial. Uno a uno fuimos cayendo, vencidos por las limitaciones físicas y luego mentales producto de nuestro fanatismo con la destrucción, de eso no cabe duda, y es por ello que nos condenan, sus prejuicios les mantienen cegados, nosotros, liberados hace siglos de esa mierda, hicimos lo que quisimos y como quisimos y cuando lo quisimos, nos cagamos en la cara de todos, incluyéndonos, porque al fin y al cabo de qué estábamos hablando sino de thrash, el género más corrosivo y destructivo; de modo que ahora que indagaba sobre nuevas bandas y sus integrantes, a nivel musical unos sonaban muy divertidos y modernetes y otros muy lentos y recurrentes, como si solo existiera Sodom, Kreator, Mierdallica y Megadeth. Cuántas veces habíamos repudiado nosotros esas bandas, no por malas, porque son buenísimas, pero no como para tenerlas de mayores referentes, no y no. Para eso estaba Aggression, Leprocy, Demolition hammer, Overkill, Razor, etc. Y es que de modo indiscutible el thrash a secas es el americano, el resto ya sea Alemán o Sudaka o de cualquier otra parte del mundo, partían de ellos. 

Durante nuestros últimos conciertos acabamos con las expectativas de algunos que por curiosidad o morbosa envidia aguardaban vernos, peor para ellos pues no teníamos para entonces música que darles, solo rostros demacrados y un culo de historias falsa y verdaderas sobre cuán cagados estábamos o cuán mierda podíamos llegar a ser transgrediéndolo todo. Después desaparecimos, borrados por nuestras propias manos porque así tenía que ser, y aunque en el fondo cada uno de nosotros fantaseaba desde su agonía con volver alguna vez, a hacerlos mierda con riffs asesinos y cuchillos verbales, cada vez teníamos menos posibilidades. Así, cierto día desaparecimos de la memoria colectiva, salvo de algunos fanáticos fieles que difícilmente compondrían una decena. Entonces las nuevas generaciones, jóvenes a los cuales llevábamos más de un lustro, conmovidos por la magia de este tipo de música comenzaron a buscar y se hallaron entre sí, en verdad nos hubiera gustado estar con ellos para guiarlos y fortalecer lo que probablemente hubiera sido una sólida escena thrash; pero bueno, ya no estábamos, y ellos hallaron lo suyo, y aunque les pese oírlo y renieguen por ello, cagaron fuera del inodoro, tomaron el camino fácil y despreciable de la autosuficiencia, a lo mejor como nosotros mismos en nuestro momento, pero a todas luces, no basados en la ideología ni filosofía alguna, solamente en lo superficial como el acopio de bandas y algunas prenditas o actitudes propias según el manual, del thrasher.

Inclusive cuando di inicio a este blog, la idea era flagrar desde acá nuestro venenoso thrash hacia quien tuviera los huevos y la paciencia de involucrarse, no en lo superficial claro está, sino más allá, en los motivos que nos movían, en los sueños que perseguíamos o destruíamos, en las formas surreales que comprendíamos para la música. Ahora que lo pienso, terminamos nuestra existencia cuando perdimos contra nuestra inherente debilidad orgánica, y es que jugando con fuego desde cachorros era obvio que nos quemaríamos más temprano que tarde; pero eso a jugar con papelitos y telas, y pose y mierda estiercolera como los prejuicios y la ignorancia, prefiero volverme a quemar mil veces, hasta agotar cada partícula de ceniza de nuestros cuerpos y mentes.

Este año estaríamos celebrando nuestra primera década de demencia y corrosión, pero bueno, desde mi soledad y autoexilio, atrapado a voluntad en mi propio campo de concentración mental, yo celebro, porque la música lo trasciende todo, inclusive el olvido, y hasta el silencio. Cuántas noches negras hasta los huesos pelados seguían sonando los dobles bombos y los palm mute hasta el éxtasis, fueron tantas las correrías contra la muerte que al final hasta experimenté la muerte como una condición social; y como un zombie fui dando tumbos con el cráneo hirviente de esquina en esquina, caminando lo más rápido posible, como a quien le urge abandonar un lugar y ansía arribar a otro, otro en el que no hayan seres humanos mediocres e hipócritas, ni limitados y ciegos, ni enfermos de vanidad o ego; sino un lugar donde a pesar de las llamas candentes pudiera uno gritar de placer mortal y liberarse de cadenas estúpidas como el status quo y afines: o sea, el mismísimo infierno sobre la tierra, un lugar personal que una vez descubierto absorbe hasta el último de los cabellos y el aliento. Y aquí estamos, vivos y ardientes de venganza, como siempre, nunca nos arrepentimos de haberlo hecho así, y nunca lo haremos, pero si hay algo que queda por hacer, es seguirla haciendo, puesto que nosotros escupiremos sobre sus tumbas, y defecaremos sobre el recuerdos de sus vanas y efímeras glorias.

El Nakacc no muere porque nunca vivió, los demonios no habitan como el resto, aparecen y desaparecen de la cuna a la tumba como pesadillas atroces que solo algunos pueden contener, y el resto ni si quiera imaginar.

Si mañana no logramos rehacer la música, quedan las palabras que también lo son dispuestas como deben, y si volvemos a hacerla, entonces considérense afortunados y malditos pues los cazaremos como a moscas con nuestro sonido que bien tratarán como siempre de hacer mierda jodiéndonos los shows, la reputación, los medios, etc. pero recibiendo de nosotros pura pinga en sus culos de maricas, llenos de talco y perfumes de putas.

De este modo nos pronunciamos desde la Dimensión Demencial donde ahora habitamos, solo por concedernos un capricho, ya que mientras decimos esto, seguimos ardiendo al rojo vivo, riendo y sangrando en simultáneo, de todos ustedes, de todas sus monerías y pasajeras estadías ahí donde nosotros ya estuvimos y defecamos impíamente, ahí donde ahora creen ser los primeros y los últimos, ahí donde seguiremos estando como espectros de muerte que volarán sus sesos. Hasta nunca y siempre, desde más allá de las pesadillas y el nunca jamás. ¡Nosotros!

jueves, 25 de septiembre de 2014

IRREFUTABLE



Sintió una rabia que bordeó la locura cuando dictaminaron la sentencia, le habían duplicado la pensión para el pequeño Timmy. Azuzó su acaloramiento exhalando bocanadas de furor, maldijo su puta suerte, si no conseguía hacer efectivo los depósitos durante el próximo trimestre le aguardaba la muerte en el exilio penitenciario, la mutación en hombre alimaña, lacra odiosa y lacerada, Entonces recapacitó, a lo mejor con un poco de esfuerzo lograría evitar aquéllo, tal vez si solo respiraba un poco y aceptaba la situación tal y como llegó; pero estaba eso, la enfermedad complaciente, el demonio tras las sombras, la latencia en las rendijas, el sonido del veneno, la muerte en bufanda; ¿acaso podría ignorarla? Y sin embargo el pequeño Timmy era maravilloso, a sus cortos tres años comprendía el mundo mejor que cualquiera de sus ascendientes, y lo mejor es que podía expresar sus pensamientos con tal claridad que daba miedo estar frente a él oyéndole; entonces se preguntó si acaso ese esfuerzo duplicado a la fuerza valdría la pena, era obvio que sí, ese pequeño genio lo merecía, eso y más, incluso que se volaran los sesos en su honor, o vendieran sus riñones solo por verlo sonreír. Sería amor, sería respeto, sería misión, cuál sería.

La tarde caía, los besos del pequeño Timmy aunados al furor de sus abrazos consolaron la rabia devenida de la sentencia; caminaría ahora rumbo a casa, o antes al bar, o antes a la mierda; es decir, a llorar desconsoladamente la maldita y puta suerte del que arruinó su juventud complaciéndose con puro balazo al cerebro y ahora esto, la nada total y desconcertante, y la necesidad del todo para rematar la crisis. Se sentó en un parque solitario, esta vez sin nada por qué temer en los bolsillos o la cabeza, así nada más, en silencio y frío, aguardando a dios o la muerte en forma de noche oscura y sin estrellas, llorando quedito, suavemente dejando deslizar cada lágrima rumbo a los adoquines, recordando con emoción épocas en las que había un modo de solucionar las cosas, tarareando canciones viejas con pasión..., pero nada de eso volvería, eso era irrefutable.

jueves, 18 de septiembre de 2014

TEMPLO DE LAS CUERDAS


Cualquier vestigio de veracidad en sus discursos formaban parte de un pasado remoto y casi improbable; lo de un tal Bruce Brookshire por ejemplo, confundirlo y asignarle sin más la fisonomía y aspecto de otro individuo más obeso y envejecido, menos duro en la composición de canciones y en suma distinto a simple ojo limpio de impurezas del verdadero, era la prueba más irrefutable. Lamentable, muy lamentable, César se lo dijo de manera que pudiera darse una idea de cuánto le quedaba en la credibilidad del resto: Embustero larval, le dijo y arrojó el borrador impreso de los escritos de X al suelo, dispuesto a marcharse de inmediato; pero entonces X lo detuvo sujetándole el brazo como suplicando clemencia, y es que César era el último de sus lectores suscritos a base de halagos y complacencias denodadamente hipócritas; de modo que no lo perdería así nada más. 
-Espera César, escucha lo que tengo que decir antes que partas y me tildes de farsante. En primer lugar, nunca alegué que mis propuestas o supuestos registros de la vida que vivo y hasta de la que imagino vivir, fueran ciertas; acaso dime tú, en algún momento dije algo como: todo lo que escribo me sucedió, todo lo que digo es cierto, ahí tienes el mundo para comprobarlo, a lo mejor solamente te invité a leer sin compromiso; claro que mis métodos para tal propósito no hayan sido precisamente los más adecuados.
-¿Adecuados dices, tú imbécil?, si lo relatabas todo con tal honestidad que tuve que olvidarme por mucho tiempo de la posibilidad de un embuste. No trataba de hallar veracidad en tus escritos, solo una cuota de respeto hacia mi confianza en ti, ¡entiendes lo que te digo?
-Claro, sé de tu pesar y por ello te ruego me perdones, pero hay algo que no te he dicho.
-Algo que en verdad ya no me interesa saber; ¿o es que me contarás las versiones reales de los hechos de tu imaginación?
-Tal vez lo hiciera si estuvieras menos afectado, pero no, yo solo quiero añadir a este vínculo un asunto, después poco importa saber de ti o de mí, y listo, el mundo sigue, cada cual por su camino.
-Mira maricón de mierda, a mí ya no me importan un carajo tus porquerías, yo me largo, lo que tengas que decir díselo a tu reflejo mientras te masturbas viéndote el culo o la cagada que expele tu ano, ¿oíste? ¡no me interesa!

César salió airoso del probable agregado de X, y si bien pudo marchar liberado de dicho discurso hasta arribado en total ebriedad a su morada, no pudo hacer nada cuando vio sobre el tapete tras la puerta de su habitación, la nota que decía expresamente: Solo esto más y es todo:

"Siempre me repito en silencio, mientras camino o mastico mis alimentos; durante esas pequeñas pausas que otorgan las actividades meramente orgánicas, si las cuerdas lo son todo; es decir, las cuerdas entre las que crecí y formé una conducta, inclusive una complexión. Nos reuníamos alrededor de la barra hueca de metal de casi tres metros, erguida sobre un pavimento circular de dos metros y medio de diámetro, sumergida en un cimiento de piedras y arena gruesa unos ochenta centímetros, y rematada en su asta en una terminación triangular que a su vez se unía a una pequeña argolla del diámetro de cuatro dedos juntos, a donde se ataba la primera cuerda de nailon, muy resistente al peso promedio de un humano adulto. La longitud de la cuerda oscilaba entre el metro ochenta y los dos metros a lo mucho, rematada en su extremo en una especie de mota hecha de trapos recubriendo una pequeña bolsa de casi cincuenta gramos de arena fina y firmemente atados al nailon. De uno en uno acudíamos a nuestro turno, la consigna era lograr mediante las revoluciones impelidas por las palmas abiertas de la manos, que la mota tocara en su última revolución el poste metálico. Un contrincante hacia un lado y el otro hacia el opuesto a éste. Cada uno disponía a su vez de la mitad de la circunferencia para desplazarse atizando la cuerda hacia su sentido o tratando de evitar que el otro haga lo mismo, interceptando sus revoluciones. Pasábamos mañanas enteras con sus tardes y noches aguardando un nuevo turno o un nuevo contrincante; habían inclusive quienes parecían haber logrado la técnica de hacer elásticos sus brazos tanto como para elevarse sobre los tres metros y dejar ahí arriba, junto a la argolla de donde nacía la cuerda, a la mota, sin posibilidad alguna de que el contrincante pueda hacer algo para evitar su destierro y derrota. Después había otro poste que cuadruplicaba en volumen al primero, y de cuya asta se desprendían mediante un complicado sistema de argollas, seis cuerdas del grosor del mango de una hacha, trenzadas con hilo de acero que terminaban en unas agarraderas triangulares de donde se sujetaba la persona que en este caso haría de mota para el juego. 
Entonces se vuelve a poner difícil la situación para mí, querido César (y sé que ahora mismo me vuelves a llamar maricón, por usar querido en lugar de nada, o estúpido, da igual) porque cuando uno se colgaba de cualquiera de las agarraderas y aguardaba en silencio expectante que otros cinco hicieran lo mismo, se podía oír desde alguna de las esquinas del parque donde nos hallábamos, que alguien, o algunos comenzaban a salir recién caída la noche, andando pesadamente, tanto que podía uno sentir cómo el suelo se sobrecogía ligeramente a cada pisada que daban. No podíamos ver con claridad porque eramos niñatos cegados por la magia del juego y por la sombra del poste en sí, que como ya te dije, era enorme como uno de alumbrado público aproximadamente. De pronto girábamos a casi veinte centímetros de la superficie, luego a cincuenta, después a un metro; en instantes nuestro cuerpos se encontraban en paralelo con la superficie terrestre, es cuando presas del vértigo, las náuseas y la desesperación ante el inminente agotamiento de las fuerzas para seguir sujetándonos, gritábamos, llorábamos y por más que dijéramos lo que dijéramos, nadie detendría la máquina, solo era posible el cese de las fuerzas que impelían nuestro vuelo circular, pero tampoco eso era una opción puesto que aquellas pisadas pertenecían a individuos fuera de sí y en dominio y disfrute total de la situación. Al fin nos soltábamos, no aguantaríamos un segundo más, y salíamos disparados, unos hacia el muro de ciprés tallado en forma de elefantes alineados, otros sobre el césped verde y frondoso a varios metros del poste, y algunos, los menos afortunados, quién sabe a dónde, pues desaparecían junto a los dueños de las pesadas pisadas.
Yo fui uno de ellos, sentí un golpe seco en la barbilla porque caí de bruces, vi todo oscuro con eventuales destellos, luego me vi de pie, caminando primero, luego masticando, pero pensando en todo momento si las cuerdas aquellas, es decir, las de nailon y las de acero respectivamente podían acaso ser agujeros o puentes entre aquí y allá, o solo era el movimiento, la rotación, la fuerza de empuje, o quién podría negarme incluso si la forma peculiar de las astas fueran en conjunto una especie de trabajo alquimista de alguien más. 
No hay más César, esto es todo, lo dejo a tu juicio. Adiós y gracias, una vez más lo hemos logrado."

-Lo hemos logrado, cómo no hijoeputa, cómo no.

Y César continuó trenzando las hebras de la quinta extensión del poste; más allá aguardaban los niños su turno con ansias desmedidas; al otro lado, una cola sumamente abarrotada se extendía colina abajo,  hasta el mar desde la cima donde se hallaba el Templo de las cuerdas.