viernes, 19 de agosto de 2011

-OVNIPRESENTES-

Ahondando en los archivos de mi padre pude dar con una vieja caja de cartón llena de papeles y libros vetustos de registro del hotel que regentaban los bisabuelos a inicios del siglo que pasó. Supongo que será por algo que llevamos en los genes, esta extrema curiosidad e interés por los objetos olvidados y de difícil acceso, ya que di con ellos luego de hurgar entre la inmensa cantidad de basura que anida en el sótano, a donde se destina todo lo que pueda dejar una vez fallecido o desaparecido algún miembro de la familia. Me han castigado muchas veces por hacer este tipo de inspecciones diciendo que no tengo derecho a meter las narices donde no me importa, el hecho es que sí me importa, y como todos viajaron al sur por el aniversario de la muerte del abuelo, soy libre de hacer lo que me plazca.


Hallé tantos papeles roídos por las polillas, ratas y polvo que recién al tercer día pude dar con el texto que acaparó mi total fascinación y que a continuación transcribo para dar fe a la capacidad literaria del abuelo, pues supongo que es de su autoría.

Antes de hacerlo le di varias leídas al texto, tratando de entender de qué se trata, y si bien mamá dijo que su padre en su juventud fue escritor y que hasta publicó alguno de sus trabajos, dudo mucho que sepa sobre este escrito, pues lo que usualmente me mostró cuando era un mocoso chupadedo eran poemas a la vida, al río, al pueblo, al amor de su esposa -mi abuela- y esas banalidades que siempre me parecieron irrelevantes, pero esto es algo más grande, lo sé pues es algo así como una historia de códigos encriptados, por qué o para qué, no lo sé, pero ahora que mi capacidad de comprensión me permite ahondar en textos con connotaciones mucho más profundas que los del colegio, con símbolos y códigos, sospecho que en unos días daré con el verdadero mensaje del texto.


La familia ha retornado, es ya casi un mes desde que tengo el texto y no he hallado nada aparte de la historia que se cuenta. Creo que mi incomprensión radica en que la historia plasmada por el abuelo está en un nivel superior al simple intelecto, o sea, que más allá de descifrar símbolos tendría que interiorizar cada palabra, asumirla como un credo, no lo sé, empiezo a creer que me complico en vano. Pienso llevarlo a la universidad y mostrárselo a profesores y compañeros a ver qué opinan.
Ésta es la transcripción que hice del texto:




I

La tonalidad del espacio que ocupaban los jóvenes lucía entre gris y azabache, de manera que casi se percibían solamente siluetas. Beny recorría galerías de sombras, rostros que iban y venían, ecos de pasos que se perdían entre muros de concreto, hasta que de pronto la vio.
La muestra musical marchaba casi por su fin, la madrugada muy bien asentada con el frío abrazador, Karol, en compañía de sus amigos, charlaban animosamente, hacía mucho que ella no salía a tomar el fresco en noches de alcohol y carcajadas.
Afirmar que no era de sorprenderse sentir recorrer por su cuerpo corrientes eléctricas y aleteos en la cabeza y también en la base del estómago, sería inútil, pues era evidente que Beny estaba muy afectado desde que vio a semejante mujer, su mente de inmediato tejía cientos de enrevesadas situaciones posibles, y le placía verlas desfilar una tras otra, como fotogramas, por la pantalla de su imaginación. Karol reparó en el obvio interés que aquél destilaba por los ojos, y por algún extraño motivo, sin percatarse siquiera, se encontró alcanzando la mano de él, conversando exhaustivamente sobre temas equis, ye y etcétera, una combinación perfecta de aditivos químicos habían surtido efecto para ambos.
Cuando por aciertos de la planificación pudo concretar un cita, las cosas marcharon viento en popa, salvo por pequeñas situaciones en las que había que oír monosílabos como respuesta, y bueno, tanto él como ella estaban ansiosos de ver qué más podía, o en todo caso, tenía que suceder, porque para ambos, la diferencia de casi tres lustros en la edad no significaban sino pequeños detalles en la decoración de los escenarios, pero sustancialmente, sabían lo que querían. Él sexo, ella amor, y viceversa. Se decidió por las manzanas, lo había leído en un cuento, una enorme para cada uno. Estaban en un parque, no habría más de treinta personas alrededor, entre niños, señoras y ancianos. Cuando se fueron acercando uno al otro, él la encontró obsesivamente hermosa, y lo mejor, que se le abalanzaba con su cabello espectacularmente largo y brioso, con su escultural figura.
Como tenían los procesos químicos a su favor, las cosas sucedieron de manera más ágil. Caminaron por las avenidas y calles cercanas al parque, decidieron volver al punto de encuentro, tomaron asiento, él estiró las piernas e hizo un comentario referido a los asientos de parques, los tipos y el por qué de su arraigue en una sociedad donde cada vez es más difícil descansar, sentarse y reposar periodos de tiempo extensos; ella comentó por su parte que había conocido parques, en la zona de las islas canarias, a donde había tenido la oportunidad de ir hace tiempo, en los cuales los asientos tenían cojines de pluma tapizado con cuero, lo que los hacía sumamente cómodos. Mientras ella continuaba contándole todo acerca de ese viaje, él recordó que traía manzanas y que éstas parecieran agitarse y revolverse obstinadamente en su bolso, como queriendo salir, así que casi por reflejo la interrumpió brutalmente, diciéndole que le invitaba una de sus frutas favoritas, ella accedió gustosa, y como en un cuento que leyó de joven, peló ambas y, a diferencia del relato, ella no le hizo un desaire, por el contrario, dio una gran mordida a la fruta que daba gusto verla masticar y tragar. Cuando hubieron terminado asomó el silencio, un no ruido que irrumpió inesperadamente entre ambos, infundiendo un clima de misterio e incertidumbre, haciendo que se pregunten, ¿y ahora qué?


La pequeña Londie recogía caracoles de entre las rocas para el almuerzo. Su padre acababa de llegar del trabajo, vivía con él desde siempre, al menos así lo creía Ben, como ella prefería llamarlo, vivían en condiciones miserables, en una pocilga a orillas del río. Ben había quebrado alguna de las cuerdas que sujetan el buen ánimo y empuje para seguir adelante, y su vida se lanzó a la decadencia, atravesaba a paso cansino las avenidas que había que recorrer de cabo a rabo para ganarse un sencillo, sus infinitas cuadras, entregando documentos, emborrachándose los sábados y totalmente irascible al caer la tarde de cada día laborable. Sucumbiendo al poder etílico que lo sometía a vivir como lo hacía, terminó siendo un marginal de las cloacas citadinas. A pesar de esto, ella, su hija, como la creía él, era la única que percibía todas las actividades de su padre como magníficas, estaba aparentemente fascinada con él, lo consideraba casi como a un dios.
Entre ambos las conversaciones se daban de manera clara, fluida, sin cortapisas envueltas con palabras de ternura, si es que se diera el caso, y que por lo general era inevitable en la convivencia entre un padre y su hija. Por ejemplo ahora, le dijo que había hallado una mujer, que quizá muy pronto la traería para presentársela, y que no, tranquila, jamás haría el papel de su madre, pero que eso sí, comprendiese que para él una mujer, ésa particularmente, le era muy necesaria. A lo que Londie respondió utilizando el querido padre del caso, que su felicidad era la suya, que no se preocupase en decírselo a manera de solicitud o ruego, que por ella bien, adelante, total, era natural que así fuese. Ahora sobre la madre y el papel de ella etc. no había problema, pues todavía no llegaba a su vida el momento de preocuparse al respecto, la curiosidad ya arribaría algún momento, o quizá no. Sus conversaciones eran así, sencillas, calmadas, de manera que los acuerdos por lo general eran unánimes, y las discusiones muy eventuales, pero muchas cosas son así y hasta mejores, hasta que llega el momento en que simplemente dejan de serlo, y más cuando se trata de un hombre desposeído de natural cordura y envilecido, viviendo en la orilla fangosa de un río hediondo, entre vísceras de peces, aves y hasta hombres despanzurrados por la miseria y la enfermedad.

La trajo ayer, recaba Londie mientras coge su diario para escribir sobre su jornada. Se le ocurre escribir antes de seguir buscando crustáceos para la cena, ayer vinieron juntos, ella es no precisamente una hermosísima mujer, pero tiene todo lo que Ben considera necesario para él, su predilección por los pechos colgantes y el cabello largo y frondoso salta a la vista. Cuando recién me incorporé a formar parte su familia, Ben dejó de ser solo él, en adelante seríamos los dos, mi madre no existe, o tal vez sí, no es importante, lo tengo él, y al río, la cabaña, y la arena, y los árboles, y todo lo que pueda imaginar, por eso comprendí que él necesitaba amar a otro tipo de mujer, no solamente como padre, sino como hombre, como animal; y bueno, quiero hacer notar que está muy feliz, ahora mismo están en la playa, tras el bote, creo que se retuercen en la arena, muy abrazados, yo podría arruinarles la tarde si quisiera, pero no, me entretengo más escribiendo este tipo de cosas.

Casi al despedirse, cuando ya se sentía resignado a no poder hacer nada, decidió darle un beso en los labios, una decisión que francamente se sorprendió haber tomado. Solo se aproximó rápidamente a ellos, y mojando de inmediato los suyos, mordió los de ella, y ya a buen recaudo, ella correspondió tirando de inmediato de los de él. No tardaron en besarse acaloradamente, y mientras esto sucedía, Ben ya pensaba en qué decir ahora que el beso terminaría, pero descartaba tal pensamiento al sentir la saliva de ella mezclarse con la suya, de sentir su lengua estrangular la suya, de chocar sus dientes, de morderse las puntas de los labios, de hallarse sujetando y comprimiendo la cadera de ella, experimentando furiosamente una intensa excitación de ser él quien viviera esto. No se dijeron nada hasta pasada la semana, cuando se volvieron a ver, esta vez ella prendió el primer beso, y ya asomaban promesas de sexo, sin embargo, este detalle perdió importancia, pues ambos notaban que se sumergían en una experiencia mucho más profunda que el nivel meramente carnal. Sentían que asentarían una horda. Cuán ilusos pueden ser algunos.

El tiempo pasa, las cosas derivan en situaciones que a veces no se presienten o desean. Ahora Beny piensa: lo intenté, de todas formas a ninguna le gusta ser segundo plato, o la otra, y tampoco ser ninguneada, y peor, enterarse que crío a mi futura esposa en casa, que mientras es chica, podíamos seguir adelante, hasta que ella superara su infancia orgánica, lo siento por Karol. Está claro que así pasaré el resto de mis días, dejando a medias tintas todo lo que inicio. Pero todo es por Londie, mi único proyecto fijo, solo ella, con lo que le doy hará valer mis dotes. Ahora tiene siete, pero ya tendrá pronto diez más y entonces...

Poco tiempo después, por infortunios del destino, y ante la violenta indignación de ella, Karol fue victimada por Ben, abriéndole una bocaza en el gaznate mientras le reprochaba lo bárbaro de aquella confesión. Aduciendo increíblemente después, en el juicio, que su acto obedecía a desequilibrios mentales, demostrando esto al aducir que de no absolverlo la corte en ese instante, podría recaer la espada letal de la ciega justicia, no en él, como consideraban justo, sino sobre el verdadero padre de la víctima, con quien dijo guardar el extraño vínculo de sujeto original omnipresente y versión contextualizada al caso.
Claro que tal argucia no ocasionó más que cruentas y poco disimuladas sonrisas de mofa por parte de los miembros que juzgaban a Beny, no obstante el hecho era que Karol muerta, Londie desapareció misteriosamente, llevándose consigo toda la materia encefácica del cadáver, cosa que nadie más que el mismo Beny pudo considerar cierto, pues solo él fue quien al ver el cráneo vacío, no supo cómo ni en qué momento sucedió aquello, pues recordaba vaga pero certeramente que luego de haber dado la cercenada precisa, dejó a la inerte y desangrada muchacha ahí mismo, para salir en busca de los medios y herramientas para deshacerse del cuerpo. Tan sorprendido estaba que ahora que lo juzgaban decidió, según él, decir la verdad, con el discurso sobre el padre de Karol y versiones suyas y omnipresencia, etc.


Bueno, mi nombre es Teresa, y sí, yo fui la mujer del asesino loco de la tele, hace como ocho años. Tuve que dejar a Ben por mi seguridad, y si bien para cuando iniciamos la relación él ya tenía accesos de perturbaciones en el habla, como de pronto no poder detenerse en la parla sobre deposiciones y asquerosidades así, o cuando refería haber logrado abrir el tercer ojo, con el cual percibía las verdaderas formas de los humanos, las cuales eran como de huevos negros, con gruesos vellos en toda sus superficies, que como me decía, eran las verdaderas verdades, yo jamás hubiera imaginado que pudiera decaer tanto, a este punto. Pero sí supe luego de haberlo dejado, que enloqueció del todo, quisieron ayudarlo, su familia, incluso la mía, por su hija, todos, pero huyó, de eso ya como siete años. Ahora, la hija que tuvimos nunca lo conoció, ni extrañó, y me imagino que tampoco él, pues nunca volvió; desde que se fue quién sabe a dónde, nadie pudo dar con su paradero hasta ahora. Mi pequeña hija Lizzy nació y creció en su ausencia, y ahora que recién supo de él, tiene que ser de la peor forma, por televisión, con el bombardeo de la noticia por todos los medios: “MONSTRUO PEDÓFILO LE ARREBATA LA VIDA A NIÑA DE QUINCE Y ADUCE DEMENCIA”, tuve que contárselo todo, que aquél tipo de la tele era su padre, y bueno, ella dice que a pesar de todo continúa albergando la idea de su en su imaginación. Nunca he visto a la supuesta muchacha que asesinó, creo se llamaba Karol o algo así según dijeron en el reportaje, pobrecita, debió saber que el tipo estaba zafado, pero de todas formas siento lástima por él, por lo que hizo, por cómo terminó, sentenciado a morir desangrado luego de ser castrado, según dijeron, que Dios guarde su alma y lo perdone.


Querida Lotz:
Mi muy bien amada hermana mayor, Ben ha sido detenido, el plan funcionó a la perfección, ven a buscarme, o en todo caso, envía a una versión tuya para irnos juntas a Berbuss, no sabes la impaciencia que me embarga por la tierra prometida por Guetto, alabado sea, donde como dijiste, nos espera lo maravilloso.
Atentamente Tu amiga, hermana y aliada, Londie

“Lotz Grorn”, nombre artístico de la famosa Lass Barned; novelista, científica, filántropa y defensora de los derechos humanos y la educación totalitaria e iluminada, conocida en el mundo entero por sus profundas reflexiones e investigaciones sobre la omnipresencia, autora de libros como “Aquí y siempre”, o “Estoy en todas”, o el ya todo un éxito de ventas “Yo estaré donde tú estés”, todas novelas ensayos apasionantes y geniales que solo una mente como la de Barned podría producir.

II

Me tienta coger la navaja y cercenarme la yugular, hace tanto tiempo que voy pensándolo que se me hace una singular broma el seguir vivo y esperando, esperando no sé qué. Hoy llegué a esta ciudad huyendo de la justicia una vez más, según me enteré, iban a esperar a que muriera desangrado una vez que cortaran mis genitales. La gente está cada vez más loca en este mundo. Creen que harán justicia eliminando a mi versión, tema que saqué a relucir porque no puedo comprender por qué Londie me hizo esto, traicionarme de esta forma, tal vez deseaba verme muerto, pero perjudicarme así, haciendo parecer que fui yo quien luego de asesinar a Karol me comí sus sesos, como si me gustaran. Me pregunto, qué la instó a actuar así, o es que también Londie no es ella, así como yo no seré a quien ejecuten, aunque técnicamente sí lo sea…pero claro, ¡eso es! No existe Londie, todo es parte de un plan mayor, ella es una versión de otra…tendré que averiguar de quién y desmantelar todo este complot contra mí. Piensa Beny, piensa, que el tiempo es un pesado yunque cuando la incertidumbre prensa la necesidad de estar a salvo en algún rincón del planeta.
Han sido veinte interminables horas de viaje hasta este lugar. Por lo poco que vi, puedo asegurar que el pueblo es perfecto, pues sus calles, vehículos, gente, edificios, vegetación, y sobre todo, lo más importante para conocer una ciudad, sus perros, son lánguidos, oxidados, hambrientos, malolientes, como a mí me gustan. No sé cuánto tiempo estaré aquí, espero no muy poco, pues quién sabe puedan dar conmigo los cerdos, esos putos cerdos que me pisan los talones.
Conseguí la habitación a un buen precio, desde afuera pude apreciar el edificio entero, sus cinco pisos a punto de hacerse escombros, con balconcillos enrejados y ropa tendida por todas partes, así como el ruido de voces enfurecidas, radios mal sintonizadas con música engañosa, y las paredes descascaradas me parecieron de lo mejor, imaginé estar en los cuarentas, con mi maleta en mano, y el pecho lleno de sed de aventuras. Sé que es otra época, pero qué importa, puedo ser quien quiera y vivir la época que quiera, por más que el resto esté lleno de aparatos tecnológicos, redes sociales, buenas fotos, trabajos increíbles, dotes excepcionales para el galanteo y supuesto buen gusto en el vestir, llevando siempre trajes coloridos, muy limpios y nuevos, con cabellos fraganciosos y cuerpos destilando el mejor de los perfumes, a pesar de todo eso, para mí es más importante tener un lugar donde poder sentarme a leer un buen rato algún viejo libro que a nadie ya parece importar más que a los dementes, quienes pueden usarlos como base de sus camas improvisadas, también poder comer un buen pedazo de carne de res, jugosa, salada y picante, guisada con tomates y cebollas, acompañada si se puede con algo de arroz y papas, o aunque sea con panes integrales, porque como alguna vez dijo mi viejo y desaparecido amigo Robert, si en la comida no hay carne es preciso y hasta honorable morir de hambre. Morir, vuelvo a pensar en morir, y es que me es inevitable evocar esa palabra, aún me apasiona, no tanto como en mi juventud, pero bueno, continuando con lo que a mí me parece necesario para poder vivir, me falta mencionar la música, sí, los sonidos que han de ser mis mejores compañeros, nada mejor que tener buenas rolas reproduciéndose en algún aparato, no importa cuál, con tal de que suene bien; Oscar Peterson o Billie Holiday, Lester Young o el genial Charlie Parker, si de sentarme a reflexionar o pensar un poco se trata. Dave Carlo, Stutzer Brothers, Gary Holt o Phil Demmel si de explosionar en éxtasis se trata, en fin, son mis gustos.
Algunos optan por las mascotas, también yo, a veces, como cuando tuve un par de bichotes en la habitación que renté a las afueras de un olvidado puerto, y de la cual me echaron por considerar peligrosos a tales animalitos, recuerdo que los tenía en baldes transparentes, colgados del cielo raso, y que a cada vuelta del trabajo, que en ese entonces oscilaba entre dar clases de gramática o literatura a mocosos hijos de ricachos y limpiar habitaciones de hoteles gigantescos cada diez segundos, o entregar la correspondencia a personas mal geniudas de los barrios más prósperos, les daba un ligero impulso con los dedos y me tiraba de espaldas a lo largo de la cama, con los brazos cruzados y las piernas extendidas al borde, mirando el vaivén de los recipientes y los hermosos movimientos desesperados de las migalas dentro de los recipientes con mi orina, ah!, qué épocas, era joven y me divertía el sufrimiento, incluso el mío.
Me asignaron el piso tres, la habitación 306, es pequeño y hasta de mal gusto, pues en su piso corretean disímiles pedazos de lo que alguna vez fue parquet, además por el precio no tengo derecho a baño propio y mucho menos a ducha con agua caliente, en fin, lo bueno es que tengo una vista increíble.
Terminé de distribuir mis cosas, coloqué la mesita junto a la ventana, en ella deposité mi cenicero, el encendedor, los hisopos y mi cuaderno de notas, los libros los puse sobre la maleta, apilados de manera que pueda ubicar rápidamente el título que ande buscando, la maseta en la que crece desde hace un mes mi pequeña Valencia, el cannabis que será mi golosina en algún momento especial estará fuera, la ataré a uno de los marcos de la ventana para que pueda suspenderse como en los jardines colgantes de babilonia. Mis zapatillas las deposité al lado de la cabecera, junto a la botella del último ron que voy bebiendo. Hecho esto enciendo la radio, busco y busco sin hallar nada que satisfaga mis expectativas, al fin me decido por el noticiero. Me buscan en todo el país, soy todo un personaje, y creen estar tras de mí, pues sospechan que no dejé la ciudad. Idiotas. Por ahora vigilo, cada segundo doy una mirada por la rendija de la ventana que mantengo clausurada por seguridad.
Pasa el tiempo, el polvo sobre mi cuerpo me indica la cantidad, demasiado para seguir vivo en este sitio, he descubierto por fin de qué se trata todo esto, quiénes están implicados y qué es lo que quieren, felizmente mientras no puedan hallarme difícilmente podrán concretar sus planes, pues aún sigo vivo, sin embargo extraño a mi hija, te extraño Londie, espero que estés bien, seas la versión de quien sea.


III

Estábamos reunidas por fin, hacíamos tiempo mientras esperábamos al mensajero, y en ese instante teníamos que elegir simplemente entre, si ponernos a preparar las prendas para la ceremonia tomar antes el sagrado té, pero eso implicaría dejar la tarde deslizarse hacia las profundidades del tiempo muerto, y no podíamos permitírnoslo en una situación así, cada segundo contaba, por lo que insistí en hacer ambas cosas en simultáneo. Lotz me comenta mientras sirvo el té, que es importante lo que hice, pues solo así lograríamos concretar nuestro pase a la tierra prometida. Dice también que en Berbuss las chicas somos idolatradas, pues en el país entero no existen más que varones, curioso dato ya que viene a mi cabeza preguntas sobre la manera de reproducción de tales sujetos, es decir, cómo diablos llegaron a ser tantos, sin tener mujeres alrededor, dice también que la mayoría es capaz de entregar su vida con tal de que una esté contenta con su estancia allí. No me parece sensato rechazar semejante propuesta, ya que en mis ratos de soledad siempre fantaseo con ser una reina, a la que sus súbditos veneren y complazcan sin miramientos, Lassy dice que algunas nacemos para ser reinas como Cleopatra, y que la vida no es obstáculo para realizar tales ilusiones, y más aún cuando algunas tenemos este don.
Ya casi al anochecer encontré bajo la puerta un sobre, al parecer una carta anónima, Lotz todavía no llegaba, y ya tardaba demasiado como para haber ido solamente al centro comercial, Recogí el sobre y me dispuse a leer su contenido:

Londie:
Hija mía, estoy al tanto de tus movimientos, y me pesa saber que consideras que soy yo a quien debas eliminar, por lo visto has sido maliciosamente influida por alguien más, no sé qué se propongan ustedes dos, sé de quién se trata, y déjame decirte que lo siento por ella, pero más por ti, pues debes saber que todo es un engaño, nada de lo que te prometa es cierto, esa mujer tiene otros propósitos, te lo aseguro, y te está utilizando para realizarlos. Hijita, ruego consideres mis palabras.
Te preguntarás dónde me encuentro, quizá creas que mañana me ejecutarán, lo siento por ustedes, pero eso no sucederá así, será otro el condenado, no tu padre, ahora me hallo lejos de ti, tanto que me apena pensar que todo lo que edificamos juntos se derrumbe así tan fácil, como si de castillos de arena se tratasen, Londie mi amor, yo sí te adoro, eres la única hija que tengo, nunca lo olvides. Tu padre.
La carta le hace pensar en Ben, Lizzy medita un momento, si lo que dice Ben es cierto, mañana no estará muerto y quizá vaya por ella, en pos de venganza, pero eso solo sucedería si Lotz la deja, y eso no pasará, está segurísima, y confía en que ya no tarda, pero nota que lo robado ya no está, ni el bolso, ni el mensajero llega, nada.
Son casi las siete de la noche y no llega, está hambrienta y le es imposible dejar la habitación, pasó el día bebiendo agua del grifo, su estómago se retuerce ante el frío golpe del agua cruda y el hambre, relee la carta como quinientas veces pensando en su veracidad, y no le cuaja la idea de que todo sea un engaño de Lotz.
Ya casi amanece, es definitivo, no vendrá, la desgraciada la abandonó.


IV

Hoy al mediodía ejecutaron públicamente al pederasta, fue como anunciaron, un acto brutal y salvaje para alguien que no tuvo reparos en hacer lo mismo con una joven muchacha. Pude ver el rostro de Ben, y noté que fiel a su carácter no se inmutó ni un segundo, mantuvo siempre esa mirada fría y la sonrisa a medio labio que lo caracterizaba, solo al final, mientras se le aglutinaba la sangre en el rostro, balbució con los labios morados unas palabras, que bien pudieron ser comprensibles, pero que se ahogaron por la falta de oxígeno en su organismo, me pareció ver que decía, pronunciaba un nombre, algo con Lo, quizá Lorena, o Lola, no estoy segura. Lizzy estuvo ausente durante todo este pavoroso espectáculo, porque le dije que es injusto ver morir a alguien que se conoce, comprendió sin objeciones, y dejé que saliese a pasear por el parque en compañía de Bagg, su perro.
No cumplieron con el acuerdo de volver a tal hora, empiezo a preocuparme, será mejor que salga a buscarlos.

Con esta cantidad bastará, piensa la gran Lotz, mientras extrae del recipiente lo que queda del material. La comunidad le dijo que era preciso hacerlo antes del inicio del solsticio, por eso le fue imposible inventar algo para dejar a Londie por lo menos tranquila, -he simpatizado bastante con esa niña, piensa, pero bueno, tengo un propósito firme y no me dejaré doblegar por sentimentalismos.
Viaja de incógnita, con la cabeza cubierta con un pañuelo verde gitano y gafas enormes para el sol, nadie repara en ella, y eso le tranquiliza, ya que de lo contario sería bochornosa la situación al ser descubierta emprendiendo un inesperado viaje a los andes urales, donde la brujería y el culto a dioses antiguos y oscuros todavía está en ejercicio, imagínense, Lass Barned, sorprendida acudiendo a brujos y hechiceros, no, sería desastroso.

Decepcionada, Londie decidió ser a tiempo completo Lizzy, la hija de Teresa, y solo Lotz llegó a conseguir su cometido, con lo que respecta a Beny, pasa sus días tras el alféizar, mirando pasar la vida en la calle, paranoico, totalmente insano, con aspecto de cucaracha y mimetizado con el polvo que no para en su intento de sepultarlo definitivamente, mientras eventualmente, durante pequeños pulsos de lucidez piensa:
-Todos han muerto, pero siguen vivos en otros, y nadie puede saber quién es quién, ni quién no lo es, todo es un caos.
A veces la mirada de Beny alcanza a la figura de Londie transitando de la mano de Teresa por las calles de sus sueños, y solo entonces le remuerde a través de terribles pesadillas lo de Karol, y comprende que solo sumiéndose en lo más profundo de su insanía logrará redimirse de su don, su maldito don que lo convierte día a día en alimento de arañas, de gigantescas mígalas peludas que saltan sobre él arrancándole pedazos de rostro, de cuerpo, de alma…mientras en su cabeza golpea la idea de que quizá esté él mismo buscándose allá afuera, y no solo él, sino miles de él y que tal vez ya sea hora de ¡dejarse hallar!

─
Bien, acá se termina el escrito, no hay vestigio alguno de más al respecto entre todo el montón de papeles, así que asumo que es todo, la historia me parece un tanto incompleta e imprecisa en algunos aspectos, sobre todo en lo que respecta al padre de la niña, de quien se cuenta cosas que no vienen al caso como sus aficiones a las arañas y cosas así, me gustaría tener al abuelo vivo para preguntarle todas estas cosas.

Se lo he mostrado a varios compañeros y maestros de la Universidad, y todos coinciden en que está incompleta e inexacta, que la historia no cuenta nada en concreto, que divaga en lo que pretende, bueno, son sus opiniones, aún queda en mí la convicción de que es algo grandioso.
Han pasado casi diez meses desde que hallé el manuscrito, y acepto que no he ahondado más desde lo de la Universidad, deposité las hojas en el cajón de objetos vetustos bajo mi cama y ahí lo dejé, esta noche he decidido darle una relectura y tratar de hallar algo.
Anoche volví a leer y la historia y confieso que es buenísima, muy al margen de lo importante que es ser concreto y directo en el arte de narrar, me gusta mucho por el tema y estilo, y claro, porque es del abuelo, un tesoro familiar, al menos eso creo, mañana indagaré si en verdad es suyo o hay alguien más.
Mamá ha evadido mis preguntas diciendo que ella no sabe nada, salvo de los poemitas que el abuelo escribía.
Nadie sabe nada del texto, lo he leído para todos durante el almuerzo, y bueno, a nadie parece interesarle, mi padre dice que se parece a un viejo cuento mexicano que leyó en la Universidad y que no recuerda de quién ni cuál era, mis hermanos consideran que si es del abuelo como presumo que lo es, entienden por qué nunca se atrevió a publicarlo o dárselo a alguien, mamá considera que el abuelo era una buena persona, muy al margen de sus defectos que involucraban al alcohol y escribir tonterías.
Decidí olvidar el asunto.
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Han pasado cincuenta años desde que decidí olvidar el asunto, y hoy lo retomo porque mi nieto el menor de ocho años, me ha mostrado el texto hoy durante el almuerzo, no quiso decir de dónde ni cómo lo obtuvo, me ha preguntado si yo lo escribí y para no crear en él más dudas le dije que sí, ante lo cual no hizo otra cosa que aferrarse a mis piernas diciendo que le había gustado mucho y que pensaba dárselo a sus compañeros y maestra de clase. He aceptado con la condición de atribuir la autoría del trabajo a mi abuelo y no a mí personalmente, preguntó por qué habría de hacer algo así, no pude contestarle en ese instante, pero mañana lo haré sin falta, para no mentirle ni crearle una falsa imagen mía.
Se lo he dicho y se niega a aceptarlo, para él lo escribí yo y punto.
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El abuelo murió ayer, hoy lo enterraremos y como habíamos acordado, publicaré su cuento en una antología para todo el mundo bajo el seudónimo de Mr. Thin. También yo escribo, y todo gracias al cuento maravilloso que hallé entre las cosas viejas de la familia, el cual me instó a descubrir ese talento que heredé del padre mi padre, que en paz descanse.
Se ha impreso un tiraje de mil ejemplares inicialmente, hoy firmé como representante póstumo de mi abuelo para la publicación de la segunda edición que serán esta vez de diez mil ejemplares, el cuento es un éxito en todo el planeta. Por fin el mundo reconoce la genialidad de mi abuelo.
Me han pedido hacer una completa reseña de la vida y obra de Mr. Thin, y bueno, solo cuento como fuentes a mis hermanos, supongo que el resto habrá que inventarlo.
Han quedado satisfechos con el trabajo biográfico, por fin nuestro apellido pasó a formar parte de los anaqueles más ilustres del mundo.
Estoy al borde de la muerte, tengo ochenta y cinco años y me pongo a pensar en los motivos que tuvo el abuelo en negar su autoría del cuento, y recién hoy considero que tal vez no lo escribió él, sino el tatarabuelo, como me lo aseguró cuando tenía ocho años y le pregunté si era suyo, bueno, espero no haber hecho daño a nadie y puesto en desmedro el trabajo de otro.


─
El cable recibido desde La Nasa informa que han sido halladas plaquetas impresas con extraños jeroglíficos a unos 200 km al norte de la base instalada en Marte, en lo que se supone fue el centro de una mega ciudad de hace 500 millones de años. Los científicos lograron descifrar el primer párrafo del texto que contiene aproximadamente 4252 caracteres en total, y han quedado muy sorprendidos, pues se trataría de un texto literario con el cual quedaría demostrado que esta expresión artística no es solo de índole terrestre. El texto traducido dice:
“Todos han muerto, pero siguen vivos en otros…”

jueves, 18 de agosto de 2011

Viajar


He arribado al centro de mis indecisión...ahora tendré que salir al mundo a buscarme realmente...dejo un hijo...una mujer...un trabajo...una carrera...amigos, lugares, banda, amoríos truncos, etc. Los dejo por ser la insuficiencia bidireccional, tanto para ellos como para mí...Y sin tener mejor pretexto que ir en pos de la madre enferma, me sumiré en la ciudad más grande de mi país, para quién sabe, confirmar mi destino...

Durante todo este tiempo que me ha tomado decidirlo, he notado que aunado a la ansiedad extrema por vivir, eso es, vivir! , que iba en aumento alarmante a cada instante, me fui deteriorando físicamente más y más, mi piel es cada vez más débil, se quiebra y rasga con cualquier cosa, mis oídos zumban adoloridos, mis orina apesta a podredumbre, mi cuerpo se seca a diario, enflaquezco a la velocidad del rayo, y entonces, por eso he decidido pensando que tal vez en otro sitio esté mi cura, mi reinvencioón, o en todo caso mi definitivo final....

Arriba ya el bus, dejo de escribir, es todo cuanto tengo que decirme...decirles....adiós vida anterior....

martes, 12 de julio de 2011

carta 02

Hola
Estoy escribiendo con el corazón tirado a mis pies y hecho una plasta pringosa, de manera que obviaré algunas partes estructurales y quizá me deje ganar por la emoción, si es así, excúsame…
Mira, yo no puedo evitar ser como soy, por eso esto de estar escribiéndote una y otra vez, a veces de manera tan confusa que sí, lo comprendo, me hago tedioso, lo sé, porque me doy cuenta que no produzco en ti el más mínimo estremecimiento o reacción fuera de tus clásicos: cómo, qué. Pero ese no es el punto, podría seguir haciéndolo de por vida, sin el menor desaliento, nada me cuesta, lo que pasa es que me he enterado por palabras tuyas que aún consideras que voy a olvidarte y echarte al desinterés luego de haber conseguido tirarte, como dices, y me preocupa sabes, no por mí, sino por ti, ya que evidencias una amplia trayectoria que recorres y del cual ya sabes el resultado final, el abandono. Tampoco has considerado en nada, ni siquiera un poquito, todo lo que he tratado de decirte de miles de formas poéticas, y hasta esforzándome siendo banal y burdo en la expresión y lenguaje, como dijiste que mejor comprendías, y que si fueron harto difíciles de comprender, sobre todo por ti -sabes a lo que me refiero- de todas maneras fueron de todo corazón. Por eso, el día subsiguiente al único que estuvimos juntos, y del que vuelvo a reiterar, que fue uno de los mejores de mi vida, y sin ser pretensioso, el mejor de todos, estuve desesperado por saber de ti, de cómo te sentías, de saber qué pensabas, en quién, si me conservabas aún en ti, o no sé, y esa situación me puso de muy mal humor, de un humor pésimo, pues habrás notado que soy fatalista y algo obseso en los pensamientos negativos, que en ausencia de quien amo imagino al inicio cosas maravillosas y al cabo de unos minutos de silencio, la nostalgia, el echar de menos y no tener evidencias palpables, además de mi crónica morbosidad, me hacen pensar, y luego imaginar de a poquitos lo peor de lo peor. Y me jode decirlo, pero raras veces me he equivocado, pues aunque a veces me pese, reconozco fácilmente la mentira y el engaño, y bueno, estábamos incomunicados, claro, tenía que ser yo el que te llamara verdad?, o el que acudiera a algún medio para encontrarte, y lo hice, en serio, y cuando ya nada servía, decidí dejar la cama en la que a veces me sumo durante días enteros para reflexionar, o sumergirme en hermosos pantanos de reminiscencias, como por ejemplo cuando mordía suavemente esos labios tuyos, tan deliciosos que me embriagaban como el ron, o cuando oía tus susurros de placer muy cerca de mis gastados oídos, o cuando con mis dedos incursionaba en cada orificio de tu cuerpo mientras con mi saliva dibujaba como un caracol mi rastro de existencia y expedición en tu magnífica coraza, o tus hermosas y pequeñas manos, que si bien no pude sentirlas tan delicadas, conservaban su tersa textura e ideal tamaño para mis expectativas de sostén, me refiero a la utilidad sensual y erótica que podrías darles, o cuando contemplaba en tus ojos que me tuvieron y tienen loco, una chispa, un destello de insania que me entusiasmó -no repares en este detalle, yo me comprendo-, pero cómo soy de psicótico que de pronto noto que todo es una fantasía producto de mi urgente necesidad de compañía femenina, y que si bien, es tan importante –la fantasía- y es más, lo mejor que puedo lograr por mí mismo, no te tenía al lado, ni gozaba de tu presencia, es decir, en mi cama, acurrucada y entrelazadas nuestras extremidades, concentrando en un solo punto todo nuestro calor.
No te tenía, y tal vez eso nunca suceda, porque ya ves, este tipo que se dirige a ti con sus confusas palabras que al final no sé qué buscan sino amarte recalcitrantemente, está zafado, fuera de sí, ¿quizá no?, pero dejando de lado la condescendencia, me es inevitable decirte todo esto porque estoy muy triste sabes, muy resignado, muy...´ta mare, qué más decir....mejor vuelvo a lo que iba narrando, entonces estando en esos afanes fantásticos aquella noche, empiezo a considerar viable largarme a buscar el medio por el cual te hallé y así pude por fin dar contigo, o bueno con tus dedos y ojos, ya que el resto es obvio que se mantenían al margen, y no sabes de qué extraña y caótica manera mi cuerpo y mente vibraron al verte ahí, en ese medio donde solo fluyen palabras, reales e irreales y notar que todo estaba muy bien para ti, que en un ápice se había visto afectada tu vida y tu mente, y claro, no había razón alguna, solo era yo el necio iluso, no tú, además no tenías porqué, fui tan fugaz y extraño para ti que entiendo recién ahora que habría que estar tan destornillado como yo para agobiarse por tan efímera relación.
De todas formas, y a pesar de que ya alguna vez ya hayas leído esto, me parece que sí, quiero agregar que si tú no estás aquí, se me efervesce de nostalgia la mente, devano mis sesos extrañándote, añorándote, deseándote hasta lo insoportable. Llevo tantos días como le es posible a un mortal en su afán de olvidar a una mujer, y créeme, no lo lograré, mas sabes que ya nada sucederá entre nosotros, pues ya no somos eso, nosotros, sino tú en pasado, y yo mucho más aún…Pero a pesar de todo, hasta de mi decisión de pasar esto bajo puerta, de mi seudónimo y de las pocas agallas que tuvimos…te extrañaré por siempre querida Gatita…porque aún quedamos las almas víctimas de aquellas posesiones de antaño que elevaron la condición humana a un amor puro, tan puro que me quedo corto en el alcance…
En el sobre estoy yo, o bueno, yo por ti…por tu memoria…en pedazos de palabras, de papel… de símbolos…de citas, de música… pero sobretodo de alma, te regalo mi alma, a cambio e nada, de nada…tómalo, es tuyo, o déjalo, y seguirá siéndolo…
Solo queda agradecerte por esos momentos, espero puedas recibir y leer esto pronto y sea aún el papel el portador eficaz de mis pensamientos.
Te quiero mucho, hasta la locura… y siempre te extrañaré, con todo el amor que puede un demente estelar - destilar, eternamente tuyo:
Mortimer Jones

La noticia

Nace el bebé, es prematuro, llegan tipos extraños al nosocomio, planean, confabulan y ejecutan el plan. Le arrebatan el niño a la madre, ¿quiénes son?, nadie sabe, solo arguyen en la institución el deceso de éste. Poco tiempo después la mujer se entera por noticias de una amiga suya que labora en un albergue al norte del país, que hay un niño que guarda un parecido sumamente parecido con el de ella, conjeturando que es el suyo, el supuesto muerto. Pero que está a punto de ser adoptado por una pareja de italianos.
-¿Qué explicación te dieron en el ministerio?
-La explicación que me dieron en el ministerio fue que el caso se investigará en el lapso de tres meses, de acuerdo a ley, y que sea paciente. El problema es que los trámites de adopción están a punto de acabar y los foráneos parten en un mes, con mi hijo en sus brazos como el suyo.
- ¿Y qué piensas hacer ahora?
- No lo sé, algunos me dicen que acuda a organismos internacionales, pero el tiempo se acaba y estando en provincia es, usted sabe, muy difícil hacer eso…
-Bueno, eso sí. Me informan por interno que tienes otro bebé…
- Sí, es el único que me queda, pero creo que también me lo arrebatarán…
-¿Y eso por qué?
-Cuando pasó lo de mi primer bebé hace cuatro años, unos tipos extraños, enormes y con trajes metálicos irrumpieron el recinto y los vi rondando y hablando con susurros entre ellos, creo que fueron ellos, lo que no sé es cómo llegó mi hijo a dar al norte del país, al albergue ese.
-¿Tienes alguna teoría?
-Bueno sí, pero es un poco descabellada, creo que se trataban de extraterrestres, porque me enteré posteriormente que había un grupo elitista que rendía culto a unos alienígenas y que secuestraban neonatos para pruebas experimentales que quién sabe de qué se traten
-¿No te parece un poco…sacada de Hollywood esa historia?
-Le dije que le parecería descabellada, pero igual, es mi teoría.
-Está bien, entiendo, y por eso recurriste a nosotros, pero, ¿alienígenas?, ¿tanto así?
-Sí, tanto así; y es más, no sé porqué todo el mundo aún persiste en aferrarse al escepticismo, si son tan claras las señales de la presencia de esos seres en nuestro planeta, ¿acaso son ciegos, o peor, estúpidos, para no darse cuenta?
-¿Tal afirmación no te parece un tanto ofensiva?, es decir, hay que ser un poco, digamos, crédulos, fantasiosos, para darle crédito a tus palabras…
- Fantasiosos, ya verán cuando los elimine a todos…
¿Y eso a causa de?

-Eso, a causa de todo este show que usted monta en este set; digo, si usted se empeña en lo suyo, yo igual. ¿De dónde saca el disparate de raptos de infantes por seres alienígenas?, no se da cuenta que lo de la trata de bebés en las instituciones de salud, en complicidad con mafias y albergues es más creíble, más polémico, más ¡BOOM!, eso, más ¡BOOM!, ¿eh?
-Debería decirte: no te pago por sugerir, sino por actuar, pero bueno, no te pago
-Ni un centavo
-Sí, mas creí que quedó claro que no te incumbía la historia; recuerda que eres solo un medio del que me valgo para hacer fluir mis diálogos que creé, entre ella y tú, y de esta forma, hacer que tome cuerpo y consistencia la obra. Concéntrate en tus diálogos, ¿quieres?
-Yo no me hago problemas
-Yo sí me los hago, yo no trabajo así
-Que no trabajas, ya te dije, se trata del destino, está escrito que tienes que interpretar a mi personaje
-Uhmm, estás loco, de todas formas sigo en desacuerdo
-¿sí?
-sí, me desagrada y ya sabes lo que sigue en este punto de la conversación
-Discusión
-Como quieras, ya sabes
-Ok, ya lo tengo
-¿Tienes qué?
-Te largas, sacas tu sucio trasero de mi presencia
-¿Cómo?
-Encima sordo, ¡te largas!, ¿oíste?
-Explícate
-Adiós
-No me moveré mientras no te expliques
-Está bien, ¡Lárgate!, ¡Lárgate!, ¡Lárgate!, ¡Lárgateeeeee!
-¡Oh!, clarísimo señor “directorcillo”, pero que quede claro que no me voy porque me lo pida, ¡yo renuncio!
-¿Sigues acá?
-Sigo acá, ¡no sabes cuánto me exasperas!
-No me interesa
-No puedo más
-¿Y?
-¡Yaaaaaa!, solo quise aportar algo a la obra, sabes que me interesa mucho el papel, lo siento
-Está bien, entonces continúen

-Muy bien, eso está muy bien, ¡bravo!, los felicito.
-Los felicita, porque yo ni hablé.
-No hablaste, pero tu presencia es clave en la historia, te lo expliqué.
-Me lo explicaste, pero…
-Pero… pero nada
-Me siento inútil, ¿debería decir algo no crees?
-¿Decir algo?, ¿y qué me dices del cine mudo?
-Ellos sólo obvian palabras, lo sabes
-En nuestro caso, los motivos son otros, no empecemos
-Quiero dejar esto
-¡Lárgate! entonces
-Acabo de decidirme, yo renuncio
-Como quieras
-¿Es todo?
-Todo
-Oye, no es para tanto, está bien, persistiré…
-Acepto


-¿No crees que es repetitivo?
-No
-Está clarísimo, lo mismo que al inicio
-No
-Mira, si te propones plantear un suceso constante en diferentes circunstancias para denotar lo cíclico y eterno de la vida, deberías variar justamente “esas” circunstancias para restarle monotonía.
-No lo creo, ¿entonces?
-Olvídalo, de todas formas me gusta, sigue leyendo.
-De acuerdo

- Y así sucesivamente, ¿Qué opinas?
-No opino nada, está muy difícil la nota
-Si quieres te lo vuelvo a explicar
-¡No! Así nomás, un gusto verte
-Bueno, ¡adiós!
-Adiós, aunque pensándolo bien te invito un par, y me lo vuelves a explicar
-Claro, vamos.

-Y así, bebimos un par de jugos y le conté mi historia, creo que le gustó, dijo que conoce a gente de ese mundo, los que hacen las noticias, periodistas
-¿Así?, tu historia es buena, pero no me convence eso de que reconociste al bebé solamente porque una conocida tuya te dijo que se te parecía.
-¿Tú crees?
-Sí, cámbiale, porqué no un presagio o corazonada de madre, o alguna foto, no lo sé. Sólo cambia eso.
-Tienes razón, quizá si Carlitos pudiera volverlo a contar.
-¿Carlitos?
-Sí, ayer, mientras no estabas me miró con fijeza y contó palabra por palabra esa historia, dijo que lo soñó.
-Tiene un año, mientes.
-Creo que no, yo estuve allí.
-Mientes
-Está bien, lo intentaré.
-¿Intentarás?, hazlo.
-Ya basta, lo haré, ¡Qué molestia!
-Necia
-Bruto
-Te amo, eres brillante
-¿Tú crees?
-Sí
-Bueno, entonces yo también te amo.

CABEZAS CLAVAS

No se le notaba cuando nos hablaba, siempre parecía tener un discurso preparado, sin errores de dicción ni inmutaciones en el proceso, siempre con la mirada fija sobre la frente de sus interlocutores, erguido y rígido, pronunciando cada palabra con tal claridad, que hubiera sido estúpido que alguien se atreviera a decirle, perdón, no te entendí…aunque claro, siempre era así, nunca entendíamos o considerábamos sus opiniones respecto a temas tan triviales como por ejemplo las actividades cotidianas durante los días que no se laboraba, como importantes, no es que fueran irrelevantes, nada de eso, solo que…eran raras.

Decía, cuando todavía nos dirigía la palabra, y riéndose a mandíbula batiente, que un viernes o sábado cualquiera se la pasaba él en su casa, entre los ocho muros que componían el claustro, ¡ocho muros! empecinado con el retrete y su contenido postcena, absorto y fascinado con el sonido que producían sus manos, mientras estrujaba y sometía a sus desechos intestinales a un fantástico proceso de reformación, según decía, y del que al final obtenía curiosas esculturas surrealistas que adornaban los ambientes visibles de su hogar, al cual siempre éramos bienvenidos. Lógicamente nadie aceptó dicha invitación, pues a la semana supimos que algo andaba mal con el tipo en mención, no en lo físico, pues era de lo más normal, salvo claro, por el mechón blancuzco que nacía exactamente de la base su cuello y se prolongaba hasta casi por debajo de las costillas. Era su temperamento, cómo decirlo, impredecible, taciturno, brillante, sombrío, hostil, tierno, insidioso, tantos calificativos que no harían sino desdibujar lo que realmente era, y bueno, yo fui una de las que se arriesgó, y tengo que utilizar el término, a tratar de apreciarlo.

Cuando notó mis intenciones más que obvias con él, primero sonrió vagamente, mientras pasaba de una mano a la otra una bolita de papel que de tanto ser manoseada tenía el aspecto de ser un pequeña piedra, y que supe después, cuando la arrojó por la ventana, que efectivamente lo era, una piedra que no sé por qué rayos creí que era un papel, y un monstruo que no sé por qué confundí con un hombre para amar, besar, estar con él. Pues luego una gran risotada seguida de un murmullo a regañadientes del que pude percibir, qué podría hacer contigo putita de mierda…

Claro que no volví a dirigirle la palabra, ni yo, ni el resto de compañeros que laborábamos en los anaqueles del Poder judicial, porque si de algo he de lucirme es de mi capacidad de envenenar a la gente en contra de algo o alguien, y a mí nadie me hacía tal desaire y se quedaba muy tranquilo, y claro que lo conseguí, pero a él bien gracias, le importó un pito que así fuera, parecía sentirse mejor, pues en adelante nunca tuvo que sostener una conversación con nadie, al menos eso creía yo, ni para pasar el rato, solo leía y releía los expedientes, como si se tratase de un gran abogado investigando un gran caso.

Y al silencio le sucedió la invisibilidad, de tanto no hablarle, comenzamos a casi no verlo, aún estando frente a nuestras narices, bueno, al menos frente a la mía, era como si no estuviera, y él, claro, bien gracias, feliz de que así fuera. Escurriéndose por los corredores, o bajo los muebles, como una sucia cucaracha a la que no me faltaban ganas de aplastarla con el taco, sin embargo, si bien mi afrenta se basaba en la indiferencia total, de todas formas no podía evitar de cuando en cuando contemplar su ampulosa espalda o su frondoso cabello, que por lo demás era sumamente maravilloso, ni qué decir de sus atléticas piernas y trasero, las cuales bajo el ceñido jean que solía usar eran la delicia visual de féminas que eventualmente ingresaban a nuestro sótano, y más que nada, eran mi delicia, mi perversión, pero cuando volvía a ver su rostro, retornaban a mí, todos los demonios del despecho y continuaba en la afrenta.

Luego pasaban semanas sin que lo viera. Llegaba antes que todos y salía una vez que el vigilante le obligaba hacerlo.
Ya casi al mes, me extrañó que una mañana se acercara todo empolvado y lleno de telas de araña a mi escritorio y me dijera, quiero que veas esto, a lo que me negué rotundamente, pues el tipo hedía a rancio, como si hubiese salido de un frasco de aceite podrido, respuesta que produjo en él un acceso violento, dando un manotazo que casi quiebra el vidrio de mi escritorio. Y antes de que pudiera ponerlo en su lugar con el vigilante, desapareció entre los complicados circuitos de documentos, dejando la huella de su manaza frente a mí.

Los siguientes días traté de limpiar la huella, sin conseguirlo, parecía haber sido hecha con aerosol, según dijo Pepe, el de limpieza, y bueno, no era molesto para trabajar, pero cada que reparaba en la mano, comencé a sentir un malestar, como si me recordara algo desagradable, como una araña por ejemplo.

Y después se agravó… desarrollé una tremenda fobia y repulsión hacia su persona, al punto de no querer saber ni oír de él… y él bien gracias, feliz de la vida, hasta ascendiendo en el cargo, llegó a jefe de sección, y ocupó la que supuse sería algún día mi oficina…Entonces sí lo odié, por todo el halo de misterio en torno a su persona, por toda la fascinación que inspiraba en los grandes jefes, quienes lo consideraban alguien brillante entre el resto que éramos nosotros, y sobre todo por el excesivo desapego hacia mí. Me hizo sentir incluso que la cucaracha era yo y no él, que contrario a mis expectativas e ideas, trabajaba él, ávidamente en relacionarse con gente de peso, con realizar trabajos de suma urgencia, mientras yo lo creía oculto del mundo, de nosotros, llorando su desdicha en el silencio del aislamiento y el rechazo. Pero nada de eso era real, solo mis ideas, y me equivoqué, pues cuando lo ascendieron, la sorpresa fue solo mía, de nadie más, incluso de quienes creí mantenían la misma repulsión por él, de cuando conversábamos y no entendíamos ni jota delo que decía y lo creíamos raro, inclusive ellos le aplaudieron, le saludaron gozosos, hipócritas pensé, viles y perversos gusanos parásitos que esperaban supongo favoritismos del nuevo jefe.

Y a todo esto la situación empeoró para mí, enfermé, pedí permiso por espacio de casi tres meses, en los que tuve oportunidad de reponer mis fuerzas y energías, y luego volví… y ya no lo encontré, pues lo habían ascendido a jefe máximo y ahora tenía su oficina en la capital, de modo que dije, qué tanto, al menos así su presencia no será otra vez mi calvario, pero cuán equivocada estaba…

Por golpes del destino, o desatinos míos, fui asignada a la sección de archivos perdidos, y al igual que dichos documentos, a los que llegaban a trabajar en tal sección, se les consideraba eso, casos perdidos, o sea, existíamos, pero al margen, como si de lombrices de tierra nos tratásemos, y pues ni modo, las pocas personas que integrábamos el equipo, qué digo equipo, la cripta, porque de eso se trataba, éramos como la grasa en la sartén oxidada que ya nadie utiliza en un gran restaurant.

Decidí sobrellevar mi suerte con buena cara, porque al fin y al cabo, trabajo tenía, y nunca faltaría pan en mi mesa mientras así fuera, pero cada mañana, al descender los cuatro pisos desde la superficie, con rumbo a los viejos anaqueles de mi nueva sección, sentí que era a mi tumba a donde descendía, que la vida para mí se había terminado, y que no había otra que descender voluntariamente hacia las profundidades de mi última morada, y cuando salía, sentía que el mundo allá arriba me era ya ajeno, que los que transitaban allá afuera no eran de mi especie, que yo era una subespecie que caída la noche emergía de mi madriguera para sentirme humana, pero tal sentimiento fue cambiando, cambiando, al punto de que cierto día determiné prudente no salir esa noche, ni la otra, ni nunca, que mi verdadero hábitat era ahí dentro, entre los papeles roídos por las polillas y el húmedo polvo que formaba musgo en los ángulos de las paredes y que sospechaba pendían ya de mis axilas y fosas nasales. Y fue fácil quedarse, incluso vivir ahí dentro, a nadie le importaba, era otro el pequeño mundo en el que decidí vivir, un mundo al que los vigilantes no se atrevían a entrar, por miedo, por ego, etc. y que la entidad misma que era el Poder Judicial consideraba inexistente, se nos asignaba un monto general para todo el personal, un monto de por sí insignificante, pero suficiente para nuestras pocas necesidades de gusanos…

Entonces descubrí que no había un nosotros, que siempre estuvo ausente tal pronombre, solo era yo, única y exclusivamente yo, y que en toda la supuesta sección a la que me asignaron no había otra que yo.
Pensé entonces en él, y creí que solo él sabría responder a la duda que asaltaba mi mente, ¿qué demonios había pasado conmigo?

Nunca pude dar con el gran señor que ahora era, pero recordé algo, la huella, y traté de ubicarla, registré cada escritorio de la institución, sin dar con el imborrable símbolo de su despecho. Ya decepcionada y resignada a continuar con mi lapidícola vida, descendí una vez más a mi sección, donde yo era la única jefa y empleada, y sentándome perezosamente en mi destartalado sillón, apoyé mi mentón en ambas manos, las cuales hicieron lo mismo sobre los codos, y éstos sobre el vidrio del escritorio, y entonces vi un asomo de la huella, bajo un sticker de la institución, ahí estaba, tal y como al dejó su autor. La contemplé, y recordé que en aquél entonces hubo una invitación del sujeto para ver no sé qué y no sé dónde, y que rehusé, haciendo que él dejase semejante símbolo de ira para siempre sobre ese vetusto escritorio que seguía ahí, frente a mí, como mi compañero en el infortunio.

Limpié el área y me dediqué el resto de la jornada a contemplar la huella, las figuras que podía ver desde distintos ángulos, entretuve mi gris ánimo por buen rato hasta que me pareció ver que desde la posición del que lo hizo, es decir, de él, no era una simple huella, sino una indicación, como una flecha que señalaba hacia un rincón del claustro, hacia el fondo, donde se apilaban en un gran recipiente de metal, toda la basura que había de tirar cada fin de semana. Me dirigí pues hacia el lugar, me asomé con curiosidad, pensando en qué es lo que habría querido mostrarme el sujeto aquella vez, y así, reflexionando y calculando casa paso que daba en ese sector oscuro, no pude evitar caer de bruces en el contenedor que escrutaba como una estúpida, buscando no sé qué.

Debí haberme desmayado, pues cuando desperté me fijé en el reloj que antes de caer tenía en la muñeca y descubrí que ya no estaba, a lo mejor se habría hecho pedazos durante la caída, y bueno, traté de incorporarme sin lograr mover un hueso, fue cuando descubrí que me hallaba empotrada, si cabe la palabra, a un infinito muro tanto hacia arriba como abajo. Me hallaba sumergida al gran muro hasta el cuello, ahora mi cabeza era todo mi cuerpo, y desesperada grité, lloré, imploré, hasta agotar mis fuerzas, y ya afónica, muda, y con los ojos secos, oteé en mi alrededor, para que en instantes y ante la impavidez de mi rostro, diera con él, es decir, con su cabeza.

No tenía expresión ni brillo en los ojos, pero no estaba muerto, pues respiraba, y por fin reconocí al que conocí en ese entonces, y creí comprender muchas cosas, pero las dudas fueron mayores, pues entonces quién era ese que ahora triunfaba en la superficie. Tantas preguntas que surgieron en ese instante que decidí aletargarme como él para pensar en todo aquello.
Pero de qué valían las respuestas si nada se podía hacer al respecto. Entonces, volví a mirarlo y comprendí que también él había comprendido eso, que todas las cabezas que ahí estábamos prisioneras, porque cada medio metro había una, y otra y otra, y así hasta el infinito, ya lo habían comprendido, éste era nuestro destino inefable y final, sin porqués ni cómos, solo éramos de pronto eso y ya, punto.

Al cabo de unos meses nuestros impostores se casaron y formaron una millonaria empresa que ahora triunfa y domina el mundo, a expensas nuestras, o sea, los verdaderos, no obstante cabe la posibilidad de que no sea así, pero posibilidades hay muchas, y pensar en ellas ya no nos reconforta el alma, ni siquiera la migraña de tener la cabeza hecha una roca.

sábado, 25 de junio de 2011

Inminente Putrefacción

Por las noches solía envolverme entre mis sábanas empapadas de mierda putrefacta, que días, semanas, meses antes fueron impregnadas en circunstancias que sé, nadie quisiera aceptar posibles que vinieran de un humano corriente. Orgiásticas reuniones con entes dispuestos a incinerar la crisma y cresta de la más pura virgen terrenal y celestial que pudiera existir.
Y yo era eso, lo más inimaginablemente abominable, pues había acabado con médicos, terapeutas, madres y amores de mil maneras, que podría considerase a mi persona como la más vil de las degeneraciones humanas hasta entonces conocidas.
Al respecto puedo asegurar que nunca sentí necesidad alguna de no hacerlo, pues entre el mundo que habitaba y el resto, solo podía establecer yo una demarcación limítrofe, a causa de mi naturaleza degenerativa, mi porquería. Ya que considerando mi ascendencia perruna y ratuna, no era para menos, estando sobretodo en esta hedionda metrópolis machupicchuniana, escupirle al mundo éste. Cagarme en él.
Recordé que allá afuera aún decían que la luz de una estrella próxima emitía rayos capaces de hacer que algunos seres que se me asemejaban, escribiesen poemas llenos de magia por su misterio; porque es necesario informar que en estas épocas los rayos luminiscentes e incandescentes de las estrellas son tan importantes como los grillos extintos de los jardines domésticos. Decían también que todavía habían seres errantes que contaminaban el poco aire que quedaba con sus palabras rellenas de pretensiosa magia y belleza, que algunos decidieron hallarlos para dárselos a los perros guardianes de la degeneración, en pequeños trozos crudos y sin sal.

A pesar de todo, ansiaba entre sollozos, los pequeños fragmentos que conservaba en la memoria, de mi bola fraganciosa de cabellos, ojos y labios… Y carne moldeada a imagen y semejanza de la más impía de las diosas lujuriosas, de mi ente con aspecto femenino que supo cómo someter hasta a la más deteriorada forma de vida, a sus encantos.
Oyendo entre confusos y estridentes silencios de madrugada cutre de voces y conversa…a mágicos acordes de sensual y suicidal blues, en lugar de opiniones y falsas promesas de fidelidad y amor… logré visualizarte…entre lo perdido, como la más preciado que pudiera un demonio añorar…
Mas sabiendo que tal añoranza me era tan nociva como la melodía de Hey Joe en cocoa pateada y ácido aliento de encías sangrantes, decidí arrojar una vez más todo el contenido de mi atestado y descartable recipiente hacia las profundidades de mi cavernoso y cadavérico organismo.

Aún así, sintiendo dura tu ausencia, aún cuando disponiéndome a olvidarte llenaba mis intestinos con arroz embalsamado de grasa animal y carne extraterrestre, aún cuando mis dedos embadurnados de mis desechos estomacales eran relamidos por la que se supone ocuparía tu lugar, aún así, gobernabas mi mente, obligándome a detestar los movimientos que en simultáneo, ambos animales, coordinábamos para liberarnos de nuestra nostalgia y esperanza por algo mejor, aún en esas circunstancias, gobernaba tu imagen en mi memoria, mis perversos deseos de ti, obligándome a coger, con la mano libre de las imperiosas tetas que exigían atención, y de los gruesos vellos venusianos que clamaban estupro y completa y pura atención de quien las estrujaba, mi voluminosa edición de los cuentos de Fitzgerald, para solamente aplastar el cráneo de quién controlaba el organismo entero que se contorsionaba atravesado por el más ardiente de los falos echados al olvido por un corazón decidido a no insistir con un alma atormentada con las letras, con las historias, con la magia demencial de las oraciones…
Y entonces asomó a mi vista el panorama de la habitación en la que me hallaba, un montón de ladrillos despedazados a golpes de puños enfurecidos, de mentes retorcidas que en complot con sus añoranzas rompieron en llanto violento que ni los muros de cemento pudieron resistir. Entre papeles escritos de quién sabe qué obsesos versos retomaban sus posiciones para reconquistar sus valiosas destinatarias. Cubiertos de huesos que alguna vez integraron los esqueletos de figuras concretas de amor, de sentimientos puros… pero que ahora se notaba todo tan demolido que por más que insistía la mente en reintegrar el paisaje, no conseguía sino exhalar lo poco de vida que la mañana fresca todavía concedía a los que, con aspecto de gangrenadas plastas pringosas, reluciendo a la luz matutina de un día como cualquiera en el que se pierde el control de una vida fugitiva…dormíamos la mona.

Me hallaba entonces, solo, lúcido y ansioso de enloquecer cuanto antes, para atenuar mis oscuras visiones sobre un futuro inmediato e inefable de mi estabilidad emocional, cuando de pronto di con tu silueta dibujada en el charco que con el esputo mucoso de quienes me rodeaban, habíase formado.
Eras tú, tal y como nunca te imaginé contemplarte, tú y el tiempo trascurrido entre los dos, tú y tus mofletes llenos de rubor que la noche refulgía sarcásticamente ante mis pupilas, tú y lo mucho que deposité en tu ausencia. Pero cuando mi masa impulsada por los resortes que a veces se adhieren a mis pies, se te acercó y me hizo decirte hola, pude ver en ti, lo que sospeché ver, cuando antaño oí tus argumentos, tus mentiras verdaderas, justificando tu promiscuidad y mi fatal condición de sujeto confinado a las celdas de la adicción por ti.
De modo que solo atiné a decirte de nuevo hola, como si no te conociera, más no como si te reencontrara, y fatalmente obtuve de ti ese impreciso y vago rumor de quien ya dejó que el tiempo carcoma sus reminiscencias, como una rata hambrienta a un mueble abandonado.
Y entonces bailamos una canción, solo una, la de Nazareth, la que tocan en acústico, tú sabes cuál, bueno, aún así no sepas cuál, suponiendo que el tiempo no pasó en vano, bailamos creyendo que éramos otros y no nosotros los que llegamos a no dudar en incrustarnos puñales en cada parte blanda de nuestros cuerpos, hasta dejarnos impávidos, pálidos, llenos de piletas naturales de sangre a borbotones… Contemplándonos como cuando veíamos en nuestros rostros, amorfas figuras de entes imposibles pero tan añorados que solícitos accedieron a nuestros requerimientos, concediéndonos aquello que ahora yo por instantes creía recordar, mi amor, tus besos, tus ojos puestos en mí, tu aliento diseminado entre mis dientes, tus fluidos venenosos inoculándose en mi torrente sanguíneo, dotándome, sin que pudiera juzgar, del carácter más puro y propio de ustedes los mortales… su inminente putrefacción.

martes, 21 de junio de 2011

El Culto



EL CULTO







Por entonces te susurraban al oído que debías cogerme a patadas por irresponsable, que debías exigirme más atención, etc. y sabes que siempre fui un terco para esos afanes de la gente caduca e hipócrita, de reconstruir su moral a través de la generación que los relevará, como si no tuviéramos derecho a cagarla nosotros mismos, y por eso solo venía a verte, contemplarte, calarte en mis ojos adhiriéndome a los tuyos, estrechar tus deditos y unir nuestras manos en un pacto de vida, estirando y flexionando tus piernitas, midiéndote con mis manos extendidas y cargándote, recogiéndote con ambas manos o solo con una, como si fueras lo más preciado que sé que jamás podré hacer daño, y sintiendo a través de mis brazos, cómo aquello que nos une al universo fluye torrentosamente, hacía mi corazón y más adentro. Te amaba en silencio, lo acepto, mas los besos eran mis mensajeros, pero claro, ¿hubieras sobrevivido a base de besos?


Más o menos por esos días también, hablé por última vez con tu tío Ignacio, quien se hallaba trabajando en la atención de una librería prestigiosa, y justo la noche en la que fui a verte a casa de tu madre, recibí una llamada suya a eso de las dos de la mañana.
Tu tío Ignacio era bastante peculiar, desde pequeño solía hacer cosas terribles ante la mirada obtusa y estrecha de nuestra madre, quien atribuía conductas como pernoctar la noche íntegra en la copa del olivo que teníamos en el jardín, o el de masturbar a perritos de la calle que difícilmente podrían ligar con alguna solícita hembra, o ya, el simple acto de pasarse la noche oyendo música y viendo videos, a la perniciosa influencia mía, cosa que nunca sabré de qué forma, ya que a mi hermano solo podía verlo durante mis vacaciones de la escuela naval, que duraban exactamente cuatro semanas, de las cuales la mayoría me las pasaba de farra con amistades del colegio o la calle, y solo en raras ocasiones sacaba al pequeño Ignacio a pasear.


Recuerdo que cuando muchacho de doce años, hacía miles de preguntas que siempre atinaba a responder yo, recurriendo a mi vasto conocimiento que tenía sobre el tema, que no era otro que el rock pesado, y bueno, le recomendaba discos, revistas, libros, cuadros, esculturas, museos, personajes, películas, etc. y él siempre apuntaba todo en el cuadernillo que le obsequié años antes, y se embriagaba con lo que podía decirle respecto a algo tan pequeño quizá como la púa para tocar guitarra.


Bueno, creció, echó a perder buena parte de su juventud pintando y cantando en las calles, pero siempre teniéndome como su consejero, pañuelo y hermano. Y al tiempo, asegurándonos mejorar estando lejos de su ciudad natal y su familia, permitimos que se marchara al norte, donde vivía hasta entonces.

En la rápida entrevista que tuvimos por teléfono, me comunicó que en la librería algo grande sucedió, y es que desde hacía varios meses el chisme de que el jefe se encerraba durante dos horas o más en el único baño para varones se había diseminado de tal forma que era imposible no dar rienda suelta al pensamiento morboso en cuanto el señor en mención se dirigía al pequeño compartimento, situado en la parte posterior de la tienda. Sin embargo, no era esto lo que preocupaba a tu tío, sino que entre las tantas conjeturas y especulaciones en torno al tema, la suya pareció ser la menos probable y aceptada por el resto de empleados, quienes reían gozosos cuando él exponía su opinión.


Tu tío estaba convencido de que el señor Jefe padecía de unas crónicas hemorroides, por lo cual se comportaba de esa manera, y pues era la única forma de evitar la vergüenza de hacerlo en casa, encerrándose durante tanto tiempo, armado de un espejo y sus pomadas luchaba en solitario con tal cruenta enfermedad. El resto no, creía que el tipo era un maniático y asqueroso enfermo sexual que quién sabe qué haría a solas. También me contó tu tío que por otra parte, creía posible que el señor fuera un actor frustrado, que en la soledad de un baño daba rienda suelta a su talento trunco, opinión que lógicamente solo me la dio a mí por evitar el ridículo con sus compañeros.


Pero la cosa no terminaba ahí; todo se hubiera mantenido a ese nivel, me dijo, a no ser por los indicios de algo mucho más extraño durante el último mes, justo antes de que tu tío renunciara. Pues como dijo, ya no sentía afable y cómoda su estancia en tal recinto; indicios por lo demás, propios de algo más que inusual, siniestro. Los tres últimos viernes del mes mencionado, el Jefe mostró una conducta que difícilmente podrán olvidar quienes lo vieron, pues el primer viernes salió raudo de los servicios higiénicos, con los ojos tan inyectados de sangre que parecieran haber sido pinchados con una daga, sin explicación posterior alguna. El segundo viernes fue algo peor, pues durante su habitual encierro, se oyó un fuerte estrépito de vidrio quebrándose seguido de un tarareo del algún antiguo canto de monasterio, que desde su rincón y con la grave voz del señor, se hizo tan terrorífico que aquel día, todos dejaron el local, huyendo despavoridos. Para esta sí hubo una pobre explicación y todo quedó ahí. Mientras, tu tío Ignacio dijo que para entonces su insomnio se le agudizó, y ni con somníferos químicos logró conciliar el sueño hasta el próximo viernes, día en el que ocurrió lo que le obligó a renunciar a su trabajo.

La tarde de ese día, me contó, el viento era bastante fuerte y los ventarrones habían arrancado algunas de las calaminas del techo del almacén, por lo que rápidamente se le asignó subir a la azotea a solucionar el impase, al hacerlo se dio con el jefe desde hace dos horas no visto, empalado a una barra de metal que lo atravesaba desde su ano y salía por la mitad de su cráneo. No quiso saber ni ver más, solo bajó, dijo que renunciaba, dejó el guardapolvo sobre el estante de los clásicos victorianos, sugirió que subieran y vean por sí mismos, y se marchó a su apartamento situado a veinte minutos en bus. Los días posteriores dijo haberlos vivido como si se tratasen de un sueño, declaraciones a la policía, la prensa, curiosos, etc. Para finalmente el siguiente viernes ir a la reconstrucción del momento en que él halló al occiso, y cuando en conjunto con el cuerpo de la policía se hallaban en la tienda, subiendo las gradas hacia la azotea del almacén, alguien los esperaba sentado en el piso, de piernas cruzadas y con traje de tafetán y corbata moño, fumando de una pipa inglesa, el más fragancioso tabaco, contemplándolos con un suerte de compasión. Se trataba del Jefe en persona, quien se les acercó y luego de saludarlos, corrió desesperado y se arrojó hacia la calle, quedando inerte y muerto sobre el asfalto segundos después. Las informaciones finales concluyeron con que se trató de un loco obsesionado con el caso, quien además de loco, resultó ser suicida, y todo quedó ahí. Pero no para tu tío, quien hasta el día que decidió llamarme, atravesaba la peor de sus recaídas de ánimo, y esto sumado a su crónico insomnio, sentía que lo mataba, que cada día era como si un gran pedazo suyo se quedara en su cama o se pasara por el inodoro. Por este motivo al final de la charla rompió en llanto, mientras yo impotente, trataba de consolarlo, sin lograr nada, solo sacarle más cosas que él sabía, o que había llegado a saber sobre el culto, que las cosas salieron mal, que ya Balmaceda había fracasado pero que el Jefe no quiso entender, que ahora todos estaban condenados. Fue cuando se le agotó el crédito y perdimos la comunicación. Desde entonces hijo mío, no volví a saber de tu tío Ignacio, ni yo ni nadie, desapareció como si la tierra se lo hubiera tragado.