sábado, 25 de junio de 2011

Inminente Putrefacción

Por las noches solía envolverme entre mis sábanas empapadas de mierda putrefacta, que días, semanas, meses antes fueron impregnadas en circunstancias que sé, nadie quisiera aceptar posibles que vinieran de un humano corriente. Orgiásticas reuniones con entes dispuestos a incinerar la crisma y cresta de la más pura virgen terrenal y celestial que pudiera existir.
Y yo era eso, lo más inimaginablemente abominable, pues había acabado con médicos, terapeutas, madres y amores de mil maneras, que podría considerase a mi persona como la más vil de las degeneraciones humanas hasta entonces conocidas.
Al respecto puedo asegurar que nunca sentí necesidad alguna de no hacerlo, pues entre el mundo que habitaba y el resto, solo podía establecer yo una demarcación limítrofe, a causa de mi naturaleza degenerativa, mi porquería. Ya que considerando mi ascendencia perruna y ratuna, no era para menos, estando sobretodo en esta hedionda metrópolis machupicchuniana, escupirle al mundo éste. Cagarme en él.
Recordé que allá afuera aún decían que la luz de una estrella próxima emitía rayos capaces de hacer que algunos seres que se me asemejaban, escribiesen poemas llenos de magia por su misterio; porque es necesario informar que en estas épocas los rayos luminiscentes e incandescentes de las estrellas son tan importantes como los grillos extintos de los jardines domésticos. Decían también que todavía habían seres errantes que contaminaban el poco aire que quedaba con sus palabras rellenas de pretensiosa magia y belleza, que algunos decidieron hallarlos para dárselos a los perros guardianes de la degeneración, en pequeños trozos crudos y sin sal.

A pesar de todo, ansiaba entre sollozos, los pequeños fragmentos que conservaba en la memoria, de mi bola fraganciosa de cabellos, ojos y labios… Y carne moldeada a imagen y semejanza de la más impía de las diosas lujuriosas, de mi ente con aspecto femenino que supo cómo someter hasta a la más deteriorada forma de vida, a sus encantos.
Oyendo entre confusos y estridentes silencios de madrugada cutre de voces y conversa…a mágicos acordes de sensual y suicidal blues, en lugar de opiniones y falsas promesas de fidelidad y amor… logré visualizarte…entre lo perdido, como la más preciado que pudiera un demonio añorar…
Mas sabiendo que tal añoranza me era tan nociva como la melodía de Hey Joe en cocoa pateada y ácido aliento de encías sangrantes, decidí arrojar una vez más todo el contenido de mi atestado y descartable recipiente hacia las profundidades de mi cavernoso y cadavérico organismo.

Aún así, sintiendo dura tu ausencia, aún cuando disponiéndome a olvidarte llenaba mis intestinos con arroz embalsamado de grasa animal y carne extraterrestre, aún cuando mis dedos embadurnados de mis desechos estomacales eran relamidos por la que se supone ocuparía tu lugar, aún así, gobernabas mi mente, obligándome a detestar los movimientos que en simultáneo, ambos animales, coordinábamos para liberarnos de nuestra nostalgia y esperanza por algo mejor, aún en esas circunstancias, gobernaba tu imagen en mi memoria, mis perversos deseos de ti, obligándome a coger, con la mano libre de las imperiosas tetas que exigían atención, y de los gruesos vellos venusianos que clamaban estupro y completa y pura atención de quien las estrujaba, mi voluminosa edición de los cuentos de Fitzgerald, para solamente aplastar el cráneo de quién controlaba el organismo entero que se contorsionaba atravesado por el más ardiente de los falos echados al olvido por un corazón decidido a no insistir con un alma atormentada con las letras, con las historias, con la magia demencial de las oraciones…
Y entonces asomó a mi vista el panorama de la habitación en la que me hallaba, un montón de ladrillos despedazados a golpes de puños enfurecidos, de mentes retorcidas que en complot con sus añoranzas rompieron en llanto violento que ni los muros de cemento pudieron resistir. Entre papeles escritos de quién sabe qué obsesos versos retomaban sus posiciones para reconquistar sus valiosas destinatarias. Cubiertos de huesos que alguna vez integraron los esqueletos de figuras concretas de amor, de sentimientos puros… pero que ahora se notaba todo tan demolido que por más que insistía la mente en reintegrar el paisaje, no conseguía sino exhalar lo poco de vida que la mañana fresca todavía concedía a los que, con aspecto de gangrenadas plastas pringosas, reluciendo a la luz matutina de un día como cualquiera en el que se pierde el control de una vida fugitiva…dormíamos la mona.

Me hallaba entonces, solo, lúcido y ansioso de enloquecer cuanto antes, para atenuar mis oscuras visiones sobre un futuro inmediato e inefable de mi estabilidad emocional, cuando de pronto di con tu silueta dibujada en el charco que con el esputo mucoso de quienes me rodeaban, habíase formado.
Eras tú, tal y como nunca te imaginé contemplarte, tú y el tiempo trascurrido entre los dos, tú y tus mofletes llenos de rubor que la noche refulgía sarcásticamente ante mis pupilas, tú y lo mucho que deposité en tu ausencia. Pero cuando mi masa impulsada por los resortes que a veces se adhieren a mis pies, se te acercó y me hizo decirte hola, pude ver en ti, lo que sospeché ver, cuando antaño oí tus argumentos, tus mentiras verdaderas, justificando tu promiscuidad y mi fatal condición de sujeto confinado a las celdas de la adicción por ti.
De modo que solo atiné a decirte de nuevo hola, como si no te conociera, más no como si te reencontrara, y fatalmente obtuve de ti ese impreciso y vago rumor de quien ya dejó que el tiempo carcoma sus reminiscencias, como una rata hambrienta a un mueble abandonado.
Y entonces bailamos una canción, solo una, la de Nazareth, la que tocan en acústico, tú sabes cuál, bueno, aún así no sepas cuál, suponiendo que el tiempo no pasó en vano, bailamos creyendo que éramos otros y no nosotros los que llegamos a no dudar en incrustarnos puñales en cada parte blanda de nuestros cuerpos, hasta dejarnos impávidos, pálidos, llenos de piletas naturales de sangre a borbotones… Contemplándonos como cuando veíamos en nuestros rostros, amorfas figuras de entes imposibles pero tan añorados que solícitos accedieron a nuestros requerimientos, concediéndonos aquello que ahora yo por instantes creía recordar, mi amor, tus besos, tus ojos puestos en mí, tu aliento diseminado entre mis dientes, tus fluidos venenosos inoculándose en mi torrente sanguíneo, dotándome, sin que pudiera juzgar, del carácter más puro y propio de ustedes los mortales… su inminente putrefacción.

martes, 21 de junio de 2011

El Culto



EL CULTO







Por entonces te susurraban al oído que debías cogerme a patadas por irresponsable, que debías exigirme más atención, etc. y sabes que siempre fui un terco para esos afanes de la gente caduca e hipócrita, de reconstruir su moral a través de la generación que los relevará, como si no tuviéramos derecho a cagarla nosotros mismos, y por eso solo venía a verte, contemplarte, calarte en mis ojos adhiriéndome a los tuyos, estrechar tus deditos y unir nuestras manos en un pacto de vida, estirando y flexionando tus piernitas, midiéndote con mis manos extendidas y cargándote, recogiéndote con ambas manos o solo con una, como si fueras lo más preciado que sé que jamás podré hacer daño, y sintiendo a través de mis brazos, cómo aquello que nos une al universo fluye torrentosamente, hacía mi corazón y más adentro. Te amaba en silencio, lo acepto, mas los besos eran mis mensajeros, pero claro, ¿hubieras sobrevivido a base de besos?


Más o menos por esos días también, hablé por última vez con tu tío Ignacio, quien se hallaba trabajando en la atención de una librería prestigiosa, y justo la noche en la que fui a verte a casa de tu madre, recibí una llamada suya a eso de las dos de la mañana.
Tu tío Ignacio era bastante peculiar, desde pequeño solía hacer cosas terribles ante la mirada obtusa y estrecha de nuestra madre, quien atribuía conductas como pernoctar la noche íntegra en la copa del olivo que teníamos en el jardín, o el de masturbar a perritos de la calle que difícilmente podrían ligar con alguna solícita hembra, o ya, el simple acto de pasarse la noche oyendo música y viendo videos, a la perniciosa influencia mía, cosa que nunca sabré de qué forma, ya que a mi hermano solo podía verlo durante mis vacaciones de la escuela naval, que duraban exactamente cuatro semanas, de las cuales la mayoría me las pasaba de farra con amistades del colegio o la calle, y solo en raras ocasiones sacaba al pequeño Ignacio a pasear.


Recuerdo que cuando muchacho de doce años, hacía miles de preguntas que siempre atinaba a responder yo, recurriendo a mi vasto conocimiento que tenía sobre el tema, que no era otro que el rock pesado, y bueno, le recomendaba discos, revistas, libros, cuadros, esculturas, museos, personajes, películas, etc. y él siempre apuntaba todo en el cuadernillo que le obsequié años antes, y se embriagaba con lo que podía decirle respecto a algo tan pequeño quizá como la púa para tocar guitarra.


Bueno, creció, echó a perder buena parte de su juventud pintando y cantando en las calles, pero siempre teniéndome como su consejero, pañuelo y hermano. Y al tiempo, asegurándonos mejorar estando lejos de su ciudad natal y su familia, permitimos que se marchara al norte, donde vivía hasta entonces.

En la rápida entrevista que tuvimos por teléfono, me comunicó que en la librería algo grande sucedió, y es que desde hacía varios meses el chisme de que el jefe se encerraba durante dos horas o más en el único baño para varones se había diseminado de tal forma que era imposible no dar rienda suelta al pensamiento morboso en cuanto el señor en mención se dirigía al pequeño compartimento, situado en la parte posterior de la tienda. Sin embargo, no era esto lo que preocupaba a tu tío, sino que entre las tantas conjeturas y especulaciones en torno al tema, la suya pareció ser la menos probable y aceptada por el resto de empleados, quienes reían gozosos cuando él exponía su opinión.


Tu tío estaba convencido de que el señor Jefe padecía de unas crónicas hemorroides, por lo cual se comportaba de esa manera, y pues era la única forma de evitar la vergüenza de hacerlo en casa, encerrándose durante tanto tiempo, armado de un espejo y sus pomadas luchaba en solitario con tal cruenta enfermedad. El resto no, creía que el tipo era un maniático y asqueroso enfermo sexual que quién sabe qué haría a solas. También me contó tu tío que por otra parte, creía posible que el señor fuera un actor frustrado, que en la soledad de un baño daba rienda suelta a su talento trunco, opinión que lógicamente solo me la dio a mí por evitar el ridículo con sus compañeros.


Pero la cosa no terminaba ahí; todo se hubiera mantenido a ese nivel, me dijo, a no ser por los indicios de algo mucho más extraño durante el último mes, justo antes de que tu tío renunciara. Pues como dijo, ya no sentía afable y cómoda su estancia en tal recinto; indicios por lo demás, propios de algo más que inusual, siniestro. Los tres últimos viernes del mes mencionado, el Jefe mostró una conducta que difícilmente podrán olvidar quienes lo vieron, pues el primer viernes salió raudo de los servicios higiénicos, con los ojos tan inyectados de sangre que parecieran haber sido pinchados con una daga, sin explicación posterior alguna. El segundo viernes fue algo peor, pues durante su habitual encierro, se oyó un fuerte estrépito de vidrio quebrándose seguido de un tarareo del algún antiguo canto de monasterio, que desde su rincón y con la grave voz del señor, se hizo tan terrorífico que aquel día, todos dejaron el local, huyendo despavoridos. Para esta sí hubo una pobre explicación y todo quedó ahí. Mientras, tu tío Ignacio dijo que para entonces su insomnio se le agudizó, y ni con somníferos químicos logró conciliar el sueño hasta el próximo viernes, día en el que ocurrió lo que le obligó a renunciar a su trabajo.

La tarde de ese día, me contó, el viento era bastante fuerte y los ventarrones habían arrancado algunas de las calaminas del techo del almacén, por lo que rápidamente se le asignó subir a la azotea a solucionar el impase, al hacerlo se dio con el jefe desde hace dos horas no visto, empalado a una barra de metal que lo atravesaba desde su ano y salía por la mitad de su cráneo. No quiso saber ni ver más, solo bajó, dijo que renunciaba, dejó el guardapolvo sobre el estante de los clásicos victorianos, sugirió que subieran y vean por sí mismos, y se marchó a su apartamento situado a veinte minutos en bus. Los días posteriores dijo haberlos vivido como si se tratasen de un sueño, declaraciones a la policía, la prensa, curiosos, etc. Para finalmente el siguiente viernes ir a la reconstrucción del momento en que él halló al occiso, y cuando en conjunto con el cuerpo de la policía se hallaban en la tienda, subiendo las gradas hacia la azotea del almacén, alguien los esperaba sentado en el piso, de piernas cruzadas y con traje de tafetán y corbata moño, fumando de una pipa inglesa, el más fragancioso tabaco, contemplándolos con un suerte de compasión. Se trataba del Jefe en persona, quien se les acercó y luego de saludarlos, corrió desesperado y se arrojó hacia la calle, quedando inerte y muerto sobre el asfalto segundos después. Las informaciones finales concluyeron con que se trató de un loco obsesionado con el caso, quien además de loco, resultó ser suicida, y todo quedó ahí. Pero no para tu tío, quien hasta el día que decidió llamarme, atravesaba la peor de sus recaídas de ánimo, y esto sumado a su crónico insomnio, sentía que lo mataba, que cada día era como si un gran pedazo suyo se quedara en su cama o se pasara por el inodoro. Por este motivo al final de la charla rompió en llanto, mientras yo impotente, trataba de consolarlo, sin lograr nada, solo sacarle más cosas que él sabía, o que había llegado a saber sobre el culto, que las cosas salieron mal, que ya Balmaceda había fracasado pero que el Jefe no quiso entender, que ahora todos estaban condenados. Fue cuando se le agotó el crédito y perdimos la comunicación. Desde entonces hijo mío, no volví a saber de tu tío Ignacio, ni yo ni nadie, desapareció como si la tierra se lo hubiera tragado.












lunes, 23 de mayo de 2011

ENTREVISTA

Bien esta es una entrevista para la revista K-OS ORGANIZADO de Huancayork.

1.- ¿Cuáles fueron tus primeros acercamientos a la literatura?
Bien, para responderte solo me transporto a mi niñez, sí, creo que fue ahí, con lecturas que mi madre me hacía de versiones de Robinson Crusoe, hablo de cuando tenía 7 años más o menos, luego me veo leyendo bajo presión y luego seducido totalmente por El Quijote, cuando bordeaba los 12, esos dos momentos fueron claves para saber que en la literatura tenía algo esperándome…….

2.- ¿Desde hace cuanto vienes haciendo literatura?

Vengo componiendo, juntando palabras para representar historias que se me ocurren desde el año 2005, época en la que me encontraba a flor de piel con el trabajo creativo, tenía la mente tan lúcida que a veces suelo desconocerme cuando evoco mis recuerdos, supongo que aún era un muchachito lleno de esperanzas y expectativas de la vida, pero por otra parte, ya se cuajaba en mí, ese sentimiento de que todo estaba perdido, de que mi carácter sería mi asesino, asesino de mis sueños e ilusiones, y es cuando recuerdo la primera historia que escribí, se trataba de un muchacho que de pronto despierta en un desierto y poco a poco va reconstruyendo su vida, pero a medida que lo hace, va sintiéndose fastidiado y hasta arrepentido de contar con una memoria que rápidamente le muestra lo duro de estar vivo, el sufrimiento que se esconde tras de cada acción humana, etc.

3.- Los cuentos que haces están perturbadoramente pajas , como “El crimen de Mishasho, ¿Qué te influyó, como así te animaste a realizarlos?

JAJAJA, perturbadoramente pajas, me gustan los adjetivos que usas. Cómo me animé, verás, todo empezó con POE, el maestro de maestros, cuando uno lo lee, siente que corrientes eléctricas recorren tu cuerpo obligándote a hacer algo a cambio de haber tenido el privilegia de haber leído semejante trabajo, sí, así empezó, como pagando con cuotas, es decir, con cuentos, tanta literatura buena que leía. Con respecto del cuento q mencionas, es curioso, pero esa historia se trata de una anécdota con chisporroteos de ficción mórbida, sobretodo en la conducta del oso perezoso, una anécdota que un viejo amigo me refirió en una charla amena que tuvimos en la Universidad.

4.- ¿Qué opinas de la difusión de la literatura local?

Difusión, no existe tal cosa, es decir, no de manera masiva, hay inquietud de algunos escritores por dar a conocer su trabajo a través de revistas o páginas en internet, pero su área de influencia es sino nula, tal limitada que solo llegan a esferas amicales o familiares, y a más, laborales. La situación en nuestro valle es muy lamentable, ya que la ausencia del hábito de lectura, sumado al desinterés por lo nacional, así como la incultura de la envidia y el individualismo hacen de la realidad artística en general, algo tan paupérrimo que mejor hablamos me haces otra pregunta.

5.- Cuéntanos un poco sobre tu participación en eventos relacionados con la literatura.

Hay tan poco que contar que creo quela vergüenza sería lo adecuado sentir, pero no. Hubieron un par de presentaciones de boletines que yo mismo realicé, un concursito de cuentos que pasó sin pena ni gloria, y el resto fueron solo chácharas en antros lúgubres, y bajo influencia de palabras insanas de amigos y dementes que solo la noche acobija.

6.- Coméntanos brevemente sobre la escena literaria en Huancayo.

Huancayo es tierra de grandes personajes como Parra del riego, pero actualmente no tiene gran cosa, un sucio Chavarría por ahí, otro delicado Bossio por allá, un andino Yanasiwar por acullá, un bohemio Calle por otro lado, bueno es lo que hay, quizá haya más, pero desconozco.

7.- ¿Algún proyecto literario que tienes en mente?

Más cuentos en la vena Ribeyriana, Cortazariana, y alguna novelita por ahí.

8.- ¿Cuál fue el mejor libro que leíste?

Ufff, son tantos que mejor giro la ruleta rusa y aprieto el gatillo para decirte que 24 HORAS DE LOUIS BLOOMFIELD, una novela de esas que te quitan el sueño, el apetito,todo.

9.-¿Qué mensaje le das a las pocas mentes que se concentran en la literatura?

Que este vano oficio es un completo desperdicio de tiempo y de sanidad, que mejor dedíquense a la economía o la prensa. Pero que si les atrae finales en callejones, víctimas del delirio de Korsakoff o el Delirium Tremmens, entonces prepárense, que les aguarda la eternidad, la inmortalidad.

10.- ¿Algo que desees agregar, algún blog?

Ron al café, y sigan leyendo a Bukowski y visiten www.dimencial.blogspot.com, ah y gracias por la entrevista, sé que tu zine es tan conocido como las ratas alienígenas, así que será un éxito, hasta pronto.

viernes, 6 de mayo de 2011

ESCRIBO



Pensé tenerlo todo, pero cuando reparé en mis posesiones, me di cuenta de que en realidad tenía nada! un vacío tan profundo como la indiferencia de alguien hacia lo que ignora....así que decidí recuperar lo perdido, mas pensé: y si en realidad nunca tuve algo', entonces sí sería grave ya que sería inminente la inacción, y la voluntad seguiría sumida ahí, en el fondo de mis deseos, cubierta con toda la basura que ingiero....por eso, aluciné: mejor sigo pensando que tengo algo si quiera, para así evitar mortificaciones postreras, y desde entonces....ESCRIBO.

domingo, 17 de abril de 2011

Hello Kitty, and good bye!

Cansado de gritar su nombre en silencio, cansado de pensar en primera persona, se detiene a reflexionar sobre las actividades que hasta entonces consideraba sensatas y útiles, nada era relevante, todo un camino desperdiciado, un rastro tan fugaz como la estela gaseosa del aliento...

Muy a pesar de aquello aún brillaba en sus recuerdos la cálidez de sus besos y la hermosura de sus manos, pero ya no podía insistir en volver a soñarla, pues le había advertido, si deseas amarme, me dejarás ir, así tiene que ser, que porqué?, por nada, solo que así soy, es mi naturaleza, aceptas?, está bien había dicho.


A dos días del quiebre, emergían de él los sentimientos clásicos de nostalgia y extrema necesidad de volver a verla, y hasta fue capaz de acercarse a su guarida, para quién sabe verla y alimentarse con un poco de ella para así, sobrevivir un poco más...Pero como nada sucedió, ni en el transcurso, ni después, reparó en los trescientos metros del Golen Gate y sintió cómo algunos dejaban poseerse por ese extraño hechizo de que todo está perdido y a punto de estallar.


Alucinando sobre cómo sería si volviera a tenerla cerca, camianba hacia casa, lentamente, disfrutando el aire negro de la noche, a través de rostros y figuras difusas que raramente podrían a él interesarle, aletagándose más y más entre las espesas aguas ed ese torbellino que era dejar de improviso a alguien amado....


Sin embargo a ella le importaba tanto como a los jesuitas los ritos de iniciación Junkie, y meditaba cada vez más seria sobre sí a este tipo no le interesaba más, no porque así quisiera, sino solamente porque comprometía a su ego, y ella, razón de jactancia, nadie la dejaba así nomás....


Pero él la dejaría, y ella consideraría que algunos si podían dejarla tan rápido que no podría pensar si quiera en los motivos o razones....y así sería siempre, ya que nunca lograron conocerse...........

domingo, 10 de abril de 2011

El Foso

El Foso



Casualmente había tenido la oportunidad de leer un cuento de Valdelomar que llevaba por título algo en latín, un par de días antes, el cual era peculiarmente similar a lo que ahora contemplaba extasiado, y no es que fuera muy fanático de leer cuentos o poesías y esas cosas harto fichadas de, ¿qué sí, te gusta eso?, pero de vez en cuando cogía alguno de los ejemplares que la mamá dejaba sobre la mesa de noche. Ah, y es que ella sí parecía disfrutar de introducirse en una historia, sumergirse en ella, delirar y soñar intensamente con cada elaborado nudo que pudiera presentársele en cada obra a la que se dedicaba, claro que haciéndolo durante casi cuarenta años, era de suponer que, la desde hace un lustro, abuela, era una completa profesional en el capture y mastique de la prosa y a veces del verso.


En el cuento eran los personajes calavera y huesos, en este caso en cambio aún exhibían trozos pequeños de carne reseca, pero en zonas como las de los ojos, era notable la ausencia de músculos y piel, dando una impresión tanta a quien lo observase, que de hecho pensaría: miren qué cavidades, le comieron los ojos o qué. También el desconcierto que experimenta uno de los personajes al asimilar su actual condición, es decir, de muerto, es claramente opuesta al de este caso, pues en ellos se percibía claramente la plena consciencia de que estaban acabados y que se podrían mientras sus organismos de alguna manera se resistían a caer putrefactos de inmediato, y notó para su sorpresa mayor que algunos reptaban entre dolorosos sollozos las zonas de penumbra del claustro, que más oscuras y siniestras lucían, pero le fue difícil determinar si en verdad se trataba de seres humanos, o si por otra, los restos de alguno, como por ejemplo, un tórax con una cabeza enorme, en movimiento lento y pausado, teniendo como eje a las vísceras y lo que resta de la columna vertebral de uno normal, u otro que guarecido en el triple ángulo del rincón más inaccesible en alguna de las habitaciones que parecían integrar un número exorbitante, chapaleara entre lo expelido por un agujero entre la boca y la laringe, mezclado con lo que el ano se le resistía contundentemente a seguir tolerando en el organismo, no teniendo aspecto humano, sino más bien de una bola de carne muerta, hinchada y amoratada, llena de larvas de moscas y hediendo fecalmente.


Ambas composiciones, a pesar de su curiosa similitud en el motivo, se diferenciaban notablemente. En el texto se hablaba a quemarropa acerca del destino del hombre y su vigencia irrelevante en la vida, cíclica; básicamente sobre el conflicto existencial de siempre, y en cambio para Ellos los temas de charla oscilaban entre el lugar de procedencia de cada uno, sus reminiscencias más probables y hasta las inconcebibles, o en algunos casos, imposibles, por ejemplo que durante algunos años un suceso extraño vaticinaba su actual miseria, se trataba de una misma rata que cada día asomaba por una de las grietas de la tubería en la cocina, a la que ninguno logró más que ahuyentarla hasta su religiosa asistencia y husmeo la tarde siguiente. También sobre sus familias, lo muy buenas que estaban, una mejor que la otra, según tuvieran la oportunidad de intervenir, o lo más dramático, el tema de la madre perdida o la que aún en vida sufría por causa de ellos, y lloraban, gemían, empinaban el codo, resoplaban, echaban un vistazo a su alrededor, siempre con la misma resignación de siempre, de quedarse hasta la pérdida completa de la percepción de la realidad, de la luz o de la sombra, del frío o el calor, del hambre o la satisfacción de estar lleno, del odio o el amor, y hasta habían oportunidades en las que de pronto a alguno se le llenaba la sangre de ira y rabia que destilaba por la boca, con palabras navaja, o en casos un tanto menos recurrentes, agresiones físicas, o al menos intentos de agresiones con las minúsculas fuerzas que les quedaban, que no eran suficientes para siquiera ponerse de pie y mantenerse erguido unos minutos.


Así, luego de haberse detenido unos instantes en el umbral de aquél lugar decidió ingresar, tomar asiento en algún rincón para seguir meditando y presenciando aquello; de inmediato se le acercaron como mendigos un puñado de ellos, logró echarlos y evadirlos con solo acelerar el paso, dirigiéndose hacia el tendero, quien tras una mole de objetos vetustos, obstinado fregaba sus calcetines agujereados y hechos jirones, con el propósito quizá de cuanto antes dejar ese lugar para salir a respirar un poco, hola le dijo, qué tienes para ofrecerme, estoy de paso y bueno, di con el bar.


No obtuvo respuesta, solo la revelación tras una delgada capa de pelusa gris en el rostro, de una mirada calcinada y refulgente de un carmesí intenso, como si un gran chorro de sangre golpeara detrás del cráneo, insistiendo en estallar con todo y globo ocular. Para de inmediato arrojarle el envase púrpura de un licor viscoso y turbulento en la cara, y exigiéndole raudo a cambio una moneda de poca importancia.


Y se disponía a beber, pero nada más de asomar las fosas al borde para sentir el ácido corrosivo que emanaba por aquél lugar para darse cuenta primero, que de atreverse a beber estarían tan sentenciado como el resto de seres que estaban ahí, y segundo, que el lugar entero iniciaba una mutante transformación, las paredes adquirían vida y de entre su superficie extremidades y rostros grotescos luchaban por liberarse, y los espectros que momentos antes pululaban a la luz de la luna que se colaba por ciertas rendijas, ahora no estaban, se habían marchado todos. Le pareció sumamente extraño ya que al verlos le pareció que estuvieron allí desde siempre, como los insectos bajo un dolmen, sin la consciencia de que hubiera vida más allá de su reino entre lo pétreo y la húmeda tierra. Pero ya no estaban, ni uno solo, y tras de sí solo quedaban sus fluidos estomacales, esputo y restos de uñas y cabellos impregnados en los muros, de cuando se ensañaban furiosamente contra la imposibilidad de derribar tal infraestructura. Lo dejaron solo, abandonado, pensó.


Supo entonces que jamás habían estado aquellos, o que si estuvieron fue hace tanto que solo entre el polvo estaban los vestigios de sus pasos, y sintiendo que todo se reintegraba en su memoria como los pedazos de un espejo hecho trizas y que ahora se recomponía dejando a la vista el verdadero rostro suyo, y como en el Extraño lovecraftiano, descubrió que la abominación se trataba única y exclusivamente de él, y contrario a la lógica, no sintió congoja o desazón alguna por este descubrimiento, sino que solamente suspiró larga y profundamente hasta quedar vacío por dentro y desvanecerse aletargándose en simultáneo hacia desconocidos y oscuros mundos en los que dejaba por instantes su real condición para ser por ejemplo un curioso entrando a la boca del Foso, donde las almas atormentadas gruñían dolorosamente, pronunciando su nombre una y otra vez, diciendo, ven, vuelve, estamos solos sin ti.

viernes, 24 de septiembre de 2010

Vórtices Oníricos


Por: Krandog Grenhas

La noción de los sueños como simple estado de reposo uniforme de un organismo y nada más, se torna insuficiente desde que se descuida el aspecto psíquico del mismo; quiero decir, y esto que quede grabado en fuego, que no porque en apariencia un cuerpo repose durante un periodo considerable de tiempo, significa que realmente esté ahí, al menos no mentalmente, claro está. Asumiendo el sentido de realidad como entorno físico perceptible y supeditado a la capacidad limitada de los sentidos, considero innegable la posibilidad de existencia de realidades más allá de la percepción, realidades simultáneas y distribuidas en un tiempo y espacio tan extenso como el universo mismo. 
Pues bien, preparado el terreno podemos edificar. Se trata del entorno perceptible durante el sueño, de los elementos físicos que componen los escenarios en los que se desarrollan, de las posibilidades, de los personajes, situaciones y circunstancias; de asumir que todo aquél acuoso y olvidadizo mundo, existe, independientemente de la que formamos parte durante los estados insomnes. Ahora bien, mi postura queda justificada debido a los estrechos límites en que están encerradas las facultades intelectuales del hombre; aún cuando se desarrollan a pasos agigantados, y porque creo en la existencia de realidades que a pesar de estar ahí muy presentes, -como el caso del sueño- se escapan a nuestra voluntad de aceptarlas como tal, tan reales, y es que es como cerrar los ojos para ocultarse de alguien, o hacer vista gorda y tratar de explicar lo incomprensible, como si la aplicación de la razón funcionara más allá de nuestras limitaciones como especie. 
Entonces, una vez levantados los muros y columnas, nos toca hacer la techumbre. El ingreso al mundo de los sueños puede parecer la actividad más simple de mundo, ya que se realiza casi involuntariamente, pero cabe preguntar, ¿uno siente con precisión el momento exacto de transferencia de realidades?, ¿verdad que no? Cuando menos se espera ya se está dormido y actuando e interrelacionando con aquél mundo. Sin embargo, si agudizamos enormemente la atención, podremos –no todos obviamente- ser testigos del momento exacto en el que atravesamos el umbral o demarcación limítrofe entre una y otra realidad. Me refiero a los Vórtices Oníricos. Éstos son una versión de los patentados agujeros negros de Hawking, es decir, son pasajes o portales en forma de remolinos vertiginosos que absorben la percepción total del sujeto para transportarlo a la realidad onírica. A veces se presenta en forma de una puerta con la cerradura girando a velocidades imposibles, y es cuando asoma la desesperación de tratar de introducir la llave que la abrirá, otras en cambio son como abismos magnéticos que irrevocablemente tiran de uno hasta sumergirlo en el sueño, en fin, variaciones de forma.
Durante la existencia del sujeto en esta realidad, alterna con la otra gracias al sueño, pero una vez muerto el organismo, se transfiere la capacidad de percepción y existencia de los seres a otras formas de realidades, manteniéndose la alternancia con otras. En una sucesión quiméricamente eterna.