sábado, 16 de julio de 2016

Cómo decir sin decir

Cómo decir algunas cosas queriendo decir otras, lo vamos a intentar. Recordemos primero aquellas noches cuando presenciábamos extasiados un show en New Yersey de los ya sabes, todo poderosos Overkill, en aquella pantalla tantas veces requerida, que sonaba tuuuu, antes de encender. Yo sé de algunas cosas que con sabor a pesadilla nos parecían decir, oigan, cuídense, podrían estar solos después. Y después nada, solo yo, y ustedes dos también. Miles de historias sobre desandar los pasos dados en falso, o malamente llamados, errados. Qué más da ahora sino una especie de resignación a todo, como síntoma de una cruel y alucinante enfermedad en la que uno va perdiendo la idea de lo importante de la vida, desde el alimento hasta el amor. Y entonces se preguntaría cualquiera, por qué insistes con lo mismo, por qué haces de tu terquedad tu vicio, ¿acaso la aventura tiene sentido sin un cuerpo sano, y hasta sin un mente? Ya sabes que no, yo recién. 

En un reciente sueño no diré que vi algo relacionado a esto que digo de manera tal que no me entiendas. Vi alienígenas que perseguían a un cervatillo delincuencial que se colaba en planetas minúsculos como el nuestro. Nos dijeron, entréguenlo, o les volamos este quiosco que llaman planeta, vi que no sabíamos de qué hablan y nos lanzaron un rayo desde una formación circular de estrellas que brillaban rojizas. Sentí el viento de la onda expansiva y recordé las tantas veces que nos miramos a la luz de mañanas, tratando de imaginar otra forma de felicidad más intensa que aquella. Mojaba los pantalones porque eyaculaba con ellos puestos, pero ellos hacían el amor como locos, después acariciaban ideas locas de hacerse hombres y mujeres reproducidos, perennizados, trascendidos, y aunque después no pudiera el otro decir más que lo siento, y los otros, muere de una vez, se recuerda bien que todavía nos queremos y añoramos sabernos hallados, reecontrados. Son tantas las veces que trato de decir sin decir y nada, todo es silencio y frustración, yo duermo ustedes comen, yo me desabrigo y ustedes se arropan juntos, presionan los botones del control y embarcan rumbo a mejores pensamientos con forma de sueños. Yo no duermo, agonizo, yo escribo, nadie lee.

sábado, 25 de junio de 2016

RESIGNACIÓN

Básicamente debido a la poca calidad de los trabajos artísticos de Leandro era que no le sucedía en la vida nada fuera de lo habitual: un trabajo de medio tiempo, una esposa y un hijo, normales y fines de semana en los que se dedicaba a beber en una taberna hasta perder la conciencia. Aunque por otra parte rara vez Leandro había tenido serio interés en promover su trabajo, cosa que para su esposa era el principal motivo de dicha “ausencia de sucesos”. Leandro consideraba que efectivamente nunca se había abocado a contactar a la gente ni a las instituciones adecuadas para hacer de su producto artístico algo rentable; y es que a fin de cuentas ése era el meollo del asunto, no generar ni un céntimo con aquello que más le gustaba hacer.

Pero volvamos a la parte sobre la “poca calidad” de sus trabajos; podría decirse que al no ser ni tan buenos ni tan malos, eran maravillosamente mediocres, lo cual era común en el medio en el que vivía, común para todo tipo de actividades que realizaban las personas de su entorno. Esto quizá debido a la pobreza educativa del país, o a la económica, o a la social, es decir, a la creciente ola de jóvenes cada vez más desvinculados de otra cosa que no fuera lo superficial. Y qué era la superficialidad en estos tiempos sino aquello que la tecnología determinaba transcurriendo cada vez más rápido de lo novedoso hacia lo obsoleto, obligando a la población al consumo enfermizo de dichos productos, restándole importancia a otra cosa que no fuera la individualidad y la egolatría, o los medios de comunicación que estaban orientados únicamente a adormecer y pervertir la mente de las personas.


Sin embargo todas eran excusas que se le ocurrían a Leandro con tal espontaneidad que a veces pensaba en construir un producto artístico basado completamente en excusas. Por ejemplo para hacer una escultura necesitaba cierto material y más que eso, cierta idea que le permitiera de algún modo renovar la escultura como arte, y al no tener ni uno ni lo otro, optar por una pintura en la que bajo las mismas excusas, optaría por la literatura, donde las mismas excusas desembocarían en un texto carente de esperanza y orientado íntegramente a un circunloquio y soliloquio como éste. De manera que un día se dedicó a beber y fumar, descubrió que incluso haciéndolo mal, o no tan bien, podría consolar sus aires de artistas y reformar su condición de persona normal.

jueves, 5 de mayo de 2016

Sigo leyendo

I

Cinco cinco del dosmil diesiséis, casi la una de la mañana, casi todo lo que escribo en este blog se hace de madrugada, eso lo hace especial, supongo, por lo menos eso me parece, por lo demás, lo hago sin miramientos, y casi a la velocidad con que pienso lo que escribo. Me gustaría pensar por ejemplo que llego a hacerlo en simultáneo, aunque sea obvio que no, que primero maquino algunas cosas y luego recién estoy dándole a las teclas. 
En fin, estoy a punto de dar una ligera impresión acerca de un relato de Anna Starobinets, escritora rusa envuelta ante mí en un terciopelo de halagos que me urge corroborar o desechar. 
Lo haré en un instante, quizá luego de referirme a eso de que es mejor (solo para uno) pedir disculpas que permiso. Sucede que mañana a esta misma hora estaré intentando, o debería decir, trataré de estar acorde con la serie ininterrumpida de sombras y sonidos luego de la ingesta postapocalíptica de ideas que siendo primero latencias, se hacen de pronto a menazas serias, a esta hora estaré intentándolo contra mí mismo, es decir, eso de recoger mis pedazos que me encargué de explotar antes.
Ultraparanoia supersónica a velocidades translúcidas, y me pareceré tan ajeno que con el simple asomo y desplazamiento de una gigantesca araña macho tras de otra minúscula y de sexo femenino, actuaré y pensaré que todo está jodido, que de inmediato aquellos dos seres pegarán el brinco hacia mis cavidades nasales o auditivas y será el principio de mi final, o el final de un principio que vengo arrastrando con denodada necedad desde hace quince años.
Bueno bueno, leamos...


II

Lo hice, trataba  de un gato vengativo que solo quería comida de verdad y no patrañas de niños jugando a las comidas. Me gusta este tipo de literatura, la que no puede ser de nadie más que de una mujer, de esta mujer, Anna, para el caso. Su detallismo me resulta preciso y exquisito, recuerdo entonces a Samantha Schweblin y por supuesto, a Patricia Highsmth, y cómo no, a Shirley Jackson. La seguiré leyendo...

III

No hay tres porque sigo leyendo.


domingo, 20 de marzo de 2016

NADIE SABE

Quizá no seas demasiado viejo para escribir este tipo de cosas, me refiero a una especie de reflexión sobre todos estos años, década y media aproximadamente de cagarla y tratar de repararla y luego seguirla cagando. No es que sea imbécil del todo, uno se da cuenta de lo que sucede alrededor, quizá ahora necesitemos un poco de alicientes relacionados al etanol o a ciertos alcaloides, pero eso no significa que estemos obtusos del todo. Vemos cómo la gente se aleja de uno en la medida de no corresponder sus  estímulos y especulativas, sabemos de la imbecilidad universal del pueblo pobre, miserable e ignorante, sabemos de los intereses tras las relaciones sentimentales, del boicot del dinero sobre las mentes y corazones de esto que malamente llamamos humanidad; y a pesar de todo ello, uno resiste en un inicio, y luego el mundo se vuelve algo completamente horrible, una especie de llaga que hay que arrancarse y arrojar lejos, desprenderse de él ocultándose lo más posible. Existe al traición, el amor, el odio, y uno se atraganta de todo eso hasta vomitar por todos los orificios, a veces es la frente quien suda los relaves de la mierda de mantenerse tanto tiempo agonizando, y y es cuando las rodillas se doblan hasta hacerte besar el suelo frío en busca de apaciguamiento, aun sabiendo que es inútil, que toda esta batalla fue en vano, fue una mala pasada de tu mente confabulada con algo mayor, la muerte acelerada, el precio por pagar de deudas astrales, de vidas hechas basura antes de ti, quién sabe, nadie.

jueves, 17 de marzo de 2016

Vivos y alertas


No sabías cuánto podía atraparte la magistral novela de Stephen Dreamcatcher, hasta que lo leíste. Día sy Días de arrastrarse bajo muebles y camas en pos de silencio y aislamiento. Genialidad absoluta sobre alienígenas en la lucha clásica entre el bien y el mal, cosmovisión de indios americanos, amistades verdaderas, acción bélica, qué más pedir, nada. Después, al finalizarla encendiendo la caja idiota, y encontrándose con una película setentera de esas que añorabas ver desde el clásico "Verano loco", esta vez tratándose de " Rebeldes y confundidos".  Volvimos a ver nuestros sueños y vida de antaño, antes del salto a este infierno de vida, ya saben, los saltos interdimensionales y todo eso. Cerveza y mota, mota y hard rock, mujeres y cadillacs, combinación perfecta. Fin de semana perdurable, es lunes, perdón jueves, da lo mismo, estamos vivos y alertas.

miércoles, 6 de enero de 2016

Un adiós, un renacer


La noticia la recibí con total incredulidad, pero no era falsa, Dennis había partido, la leucemia había retornado con más brutalidad y no hubo manera de salvarlo. José Carlos pensó que podría establecer contacto. Hizo unas llamadas y partió. El cabaret ya no existía, ahora vendían tortas, como antes de la llegada de su amigo. Pide una torta de chocolate y la come afuera, viendo desde el frente el ex local de su amigo, recordando viejas noches gloriosas ahí dentro.
Un cumpleaños sin noción de nacimiento, aquel día era precisamente el suyo, y de Dennis no sabría ni quiera dónde lo habrían enterrado. Un amigo que acudió al funeral de más de la mitad de su vida y trató de establecer lazos con el pedazo que arrastraba desde entonces José Carlos, se había ido, su ausencia sería definitiva, pero quedaban sus relatos y las recetas de varios tragos exquisitos, también la imagen retransmitida de un Valparaíso brumoso y añejo, con casas de madera mohosa y acantilados profundos. También habían botas de soldados y cascos nazis, máquinas de escribir y toda suerte de chucherías coleccionables; pero lo más radiante en toda esa sucesión de imágenes era un cuadro de Tolstoi enorme en el que el ruso lucía como uno de los mendigos del Aqualung de Jetro Tull. Mas, con todo esto, José Carlos era incapaz, a estas profundidades de su vida, de sentir pena, su indolencia era tal que acaso podría reírse o tan solo escupir como si aquella desaparición le importara tanto como la de una mosca en el almuerzo aplastada con la palma de su mano. Entonces sucede lo imposible, y toma forma lo que no existe:
Alguien ingresa a la cuenta de mail de José Carlos desde su ciudad natal (él vive ahora a cientos de kilómetros al sur), y ese alguien emprende rápidamente el vaciado de todo el material literario de José (olvidamos mencionar que ambos eran escritores antes de, ya saben, el holocausto de la mente) y desaparece defintivamente. Ese alguien no es otro que Dennis, y José lo sabe, no puede evitar sentir rabia, todo su trabajo, quince años de escribir y escribir sin tregua, pero le pasa, por lo de su indolencia, y crea otra cuenta, abre su blog y comienza a escribir nuevamente, desde cero.

viernes, 1 de enero de 2016

HOTLINE

Al ingresar nuevamente en la habitación que la empresa les daba a todos sus trabajadores, Graciela desfalleció y al unísono con su petaca se desplomó en la cama. Al rato decidió sentarse y mientras recababa imágenes y recuerdos de sus vacaciones, le fue dificil tomar una que le satisfaciera de manera tal para olvidar aquellas cuatro paredes vacias donde pensaba alguna vez pegar afiches de sus artistas favoritos o quién sabe, de los de él. Él todavía no llegabba, y no nos referimos al hecho de que su ausencia fuera interrumpida en cualquier momento, no, él todavía no sabía nada, estaría en alguna parte de planeta aguardando dar, sin saberlo, con ella. Su mirada recorrió de cabo a cabo la habitación lúgubre y sin hacerse esperar más, la melancolía volvió a apresarla. Era como si una parte de ella se anulara en si misma y dejara a la otra parte con la carga enorme de arrastrar con esa parte muerta. Sin embargo estaba el trabajo, los veinticinco días de despertarse, trabajar, dormir, despertarse... Y las recompensas placenteras de ingerir, consumir, despilfarrar, ahorrar, gastar, invertir, perder, ganar, etc. Con todo se sentía tan sola en aquel momento que el cuerpo se le puso rígido, sintió cómo desde adentro se le petrificaba el alma, aquella sustancia inmaterial que da el ánimo; quizá fuera la voluntad o la fe, quién podría afirmar que incluso la esperanza, lo cierto es que comenzó a oscurecérsele todo, desmayó y no pudo, no quiso mas bien despertar. Pero no se trata de su muerte, para nada, solo de un vahído producto del encierro continuo. Ya le habían dicho: ganas bien pero te aqueja un síndrome caracterizado por vahidos continuos y repentinos a los cuales o te acostumbras o te curas renunciando y viendo otros empleos. Ella no necesita tanto el dinero como sí el resto de su familia: sus padres ancianos, su tío Jorge con retraso mental su hermanita con tumores, su hermano en la cárcel, su hermana y los juicios con la SUNAT, toda esa basura en su mente que le impedía abanonar ese empleo, que al fin y al cabo lo pagaba todo, incluídas sus nuevas esperanzas. 

De todos modos es fin de año, ella se recupera y asiste a su escritorio y su computadora con toda la dedicación y voluntad posible. Se sienta, respira, se acomoda en el sillón y descuelga la bocina del teléfono:

Aló, hola papi, ¿qué quieres hacer hoy? Yo ya estoy mojadita y mis tetas tiemblan de la arrechura....