jueves, 17 de marzo de 2016

Vivos y alertas


No sabías cuánto podía atraparte la magistral novela de Stephen Dreamcatcher, hasta que lo leíste. Día sy Días de arrastrarse bajo muebles y camas en pos de silencio y aislamiento. Genialidad absoluta sobre alienígenas en la lucha clásica entre el bien y el mal, cosmovisión de indios americanos, amistades verdaderas, acción bélica, qué más pedir, nada. Después, al finalizarla encendiendo la caja idiota, y encontrándose con una película setentera de esas que añorabas ver desde el clásico "Verano loco", esta vez tratándose de " Rebeldes y confundidos".  Volvimos a ver nuestros sueños y vida de antaño, antes del salto a este infierno de vida, ya saben, los saltos interdimensionales y todo eso. Cerveza y mota, mota y hard rock, mujeres y cadillacs, combinación perfecta. Fin de semana perdurable, es lunes, perdón jueves, da lo mismo, estamos vivos y alertas.

miércoles, 6 de enero de 2016

Un adiós, un renacer


La noticia la recibí con total incredulidad, pero no era falsa, Dennis había partido, la leucemia había retornado con más brutalidad y no hubo manera de salvarlo. José Carlos pensó que podría establecer contacto. Hizo unas llamadas y partió. El cabaret ya no existía, ahora vendían tortas, como antes de la llegada de su amigo. Pide una torta de chocolate y la come afuera, viendo desde el frente el ex local de su amigo, recordando viejas noches gloriosas ahí dentro.
Un cumpleaños sin noción de nacimiento, aquel día era precisamente el suyo, y de Dennis no sabría ni quiera dónde lo habrían enterrado. Un amigo que acudió al funeral de más de la mitad de su vida y trató de establecer lazos con el pedazo que arrastraba desde entonces José Carlos, se había ido, su ausencia sería definitiva, pero quedaban sus relatos y las recetas de varios tragos exquisitos, también la imagen retransmitida de un Valparaíso brumoso y añejo, con casas de madera mohosa y acantilados profundos. También habían botas de soldados y cascos nazis, máquinas de escribir y toda suerte de chucherías coleccionables; pero lo más radiante en toda esa sucesión de imágenes era un cuadro de Tolstoi enorme en el que el ruso lucía como uno de los mendigos del Aqualung de Jetro Tull. Mas, con todo esto, José Carlos era incapaz, a estas profundidades de su vida, de sentir pena, su indolencia era tal que acaso podría reírse o tan solo escupir como si aquella desaparición le importara tanto como la de una mosca en el almuerzo aplastada con la palma de su mano. Entonces sucede lo imposible, y toma forma lo que no existe:
Alguien ingresa a la cuenta de mail de José Carlos desde su ciudad natal (él vive ahora a cientos de kilómetros al sur), y ese alguien emprende rápidamente el vaciado de todo el material literario de José (olvidamos mencionar que ambos eran escritores antes de, ya saben, el holocausto de la mente) y desaparece defintivamente. Ese alguien no es otro que Dennis, y José lo sabe, no puede evitar sentir rabia, todo su trabajo, quince años de escribir y escribir sin tregua, pero le pasa, por lo de su indolencia, y crea otra cuenta, abre su blog y comienza a escribir nuevamente, desde cero.

viernes, 1 de enero de 2016

HOTLINE

Al ingresar nuevamente en la habitación que la empresa les daba a todos sus trabajadores, Graciela desfalleció y al unísono con su petaca se desplomó en la cama. Al rato decidió sentarse y mientras recababa imágenes y recuerdos de sus vacaciones, le fue dificil tomar una que le satisfaciera de manera tal para olvidar aquellas cuatro paredes vacias donde pensaba alguna vez pegar afiches de sus artistas favoritos o quién sabe, de los de él. Él todavía no llegabba, y no nos referimos al hecho de que su ausencia fuera interrumpida en cualquier momento, no, él todavía no sabía nada, estaría en alguna parte de planeta aguardando dar, sin saberlo, con ella. Su mirada recorrió de cabo a cabo la habitación lúgubre y sin hacerse esperar más, la melancolía volvió a apresarla. Era como si una parte de ella se anulara en si misma y dejara a la otra parte con la carga enorme de arrastrar con esa parte muerta. Sin embargo estaba el trabajo, los veinticinco días de despertarse, trabajar, dormir, despertarse... Y las recompensas placenteras de ingerir, consumir, despilfarrar, ahorrar, gastar, invertir, perder, ganar, etc. Con todo se sentía tan sola en aquel momento que el cuerpo se le puso rígido, sintió cómo desde adentro se le petrificaba el alma, aquella sustancia inmaterial que da el ánimo; quizá fuera la voluntad o la fe, quién podría afirmar que incluso la esperanza, lo cierto es que comenzó a oscurecérsele todo, desmayó y no pudo, no quiso mas bien despertar. Pero no se trata de su muerte, para nada, solo de un vahído producto del encierro continuo. Ya le habían dicho: ganas bien pero te aqueja un síndrome caracterizado por vahidos continuos y repentinos a los cuales o te acostumbras o te curas renunciando y viendo otros empleos. Ella no necesita tanto el dinero como sí el resto de su familia: sus padres ancianos, su tío Jorge con retraso mental su hermanita con tumores, su hermano en la cárcel, su hermana y los juicios con la SUNAT, toda esa basura en su mente que le impedía abanonar ese empleo, que al fin y al cabo lo pagaba todo, incluídas sus nuevas esperanzas. 

De todos modos es fin de año, ella se recupera y asiste a su escritorio y su computadora con toda la dedicación y voluntad posible. Se sienta, respira, se acomoda en el sillón y descuelga la bocina del teléfono:

Aló, hola papi, ¿qué quieres hacer hoy? Yo ya estoy mojadita y mis tetas tiemblan de la arrechura....

lunes, 7 de diciembre de 2015

En honor a Phillip K.Dick

Todo empezó a salirse de sus manos....las drogas, la tecnología, los libros que nunca terminaría de leer ni descargar...entonces asomó la opción: ¿Preferirías vivir en alguna de tus fantasías? 

-No en una, en varias
-De acuerdo, en las que quisieras, dímelas
-No soy alguien muy sofisticado, solo quiero vivir en una isla de arenas blancas y sol continuo, y pasarme el tiempo ingiriendo drogas sin deteriorarme y eventualmente follar con mujeres hermosas y voluptuosas..ah, y no olvide la música, siempre unas enormes bocinas retumbando todo el lugar
-¿Me tomaste por genio de la botella? solo te dije que lo dijeras para saber cuán jodida es tu mente, eso nunca sucederá, hazte ver con un siquiatra o algo parecido.
-Sabía que era una broma, pero lo dije, ahora lo sabes, ahora existe no solo en mi mente.
-¿Y?

El miedo es el factor fundamental, creemos que el placer pero no, el miedo. Cualquier asunto humano se justifica en el placer, pero se edifica en el miedo. Solemos creer que no, o engañarnos, solo mírate, óyete, qué piensas cuando te imaginas en un mundo perfecto, no es acaso uno en el que no hay miedo, miedo a morir, a no ser feliz, a no crecer, al fracaso, etc. etc.

Ahora solo tengo que atraer ese modo de conectar mi mente con la información del mundo que me rodea de manera mucho más sistemática y eficiente. Intentaría explicártelo de una manera que pudieras comprenderme, pero sería inútil, no serviría de nada, solo te digo que mientras me oyes (o lees) ya sé de qué va tu asunto. Ahora, si eres un libro, o la fantasía de alguien más entre palabras, mediante ese modo que te menciono, sería factible leerte, conocerte sin leerte, sin verte ni saber de ti.

Es domingo, perdón, lunes, ¿o jueves? No importa, es de noche, afuera está oscuro y acá completamente iluminado, está la tv transmitiendo escenas sexuales no explícitas, no veo genitales, más acá una computadora que reproduce un documental sobre Phillip K. Dick como profeta de la ciencia Ficción, escucho a medias, no veo ninguna imagen, pienso en un programa de radio y de pronto todo se funde y mi mente es esto, oscuridad, luminosidad, pornografía y tecnología de inserción de realidades alternas. 

Ahora estoy caminando en busca de ella, he de hallarla como no me lo imaginaría jamás: follando como un conejo con el actor de la película que creí ver. O estoy acostándome creyendo poder dormir y estándolo antes de darme cuenta y hablando con un señor que luego de decirme algo tan ingenioso que podría escribirlo pero que al tratar de evocarlo ya no está, es más nunca sucedió, ni siquiera en sueños. 

Ahora subes las escaleras y abres la habitación donde crees estar, no estás, no hay nadie. Quién es ella, quién es él, es acaso un espejo lo que ves, acércate, qué ves, ¿nada? Entonces date vuelta, ahora sí puedo verte yo que estoy frente a la computadora en la que en el documental sobre el escritor norteamericano hablan sobre universos múltiples. Y él lo sabía, dice el narrador. Tú también, sabías que no había un espejo invertido ni nadie a quien no encontrar al volver, porque sabías también que no tenías que salir porque todo era parte de la masa fundida de información a partir de Phillip. 

Más real que la realidad....y la irrealidad...mucho más.

miércoles, 19 de agosto de 2015

SON AMBOS

Sueños postergados de noches insomnes
Un niño entre brazos tratando de expresarse al vacío
Hard rock April wine sonando con destreza
No termines de decirlo
dilo de mil formas
renuncia a la banalidad y la agonía
la inmensidad del cielo estrellado
el movimiento de objetos alienígenas
que no te obliguen a temer
ni a renunciar a tu clase especie
aunque lo detestes por sus egos del tamaño de tus heces
no digas ya basta porque te sientas insatisfecho 
ni por lo contrario
Eres, son ambos, los dos, tú hijo y tú.

domingo, 16 de agosto de 2015

HACIENDO AMIGOS

La joven pareja Landeo se iría a vivir a la montaña, habían oportunidades de inversión en agricultura y el comercio de frutas, pero justo cuando se dirigían a la terminal de buses sonó el aparto celular de ella, Carla. José Landeo no pudo oír nada de la conversación que sostenía con el misterioso interlocutor su futura mujer. Siempre le pasaba cuando se daban situaciones similares que imaginaba a un posible amante de ella rogándole que no se fuera, que volviera con él, etc. Ante lo cual José Carlos siempre afinaba el oído o acercaba la cabeza al aparato celular para oír algo, no obstante éste no era el caso, pues por más que afinó y acercó el oído no oyó más ruidos ininteligibles. Peor para ella, pensó, aunque la charla se estaba extendiendo más de lo soportable, y ni los gestos que le hacía a su mujer, ni los codazos que le daba parecían perturbarla o comunicarle su desazón y molestia.
José Carlos dijo: Basta, detente, nos quedamos, tiró las maletas al piso y se detuvo con las manos en la cadera en actitud desafiante. Carla no pareció oírlo ni notar sus gestos y siguió andando; solo cuando unos metros más adelante notó que iba sola, volvió la mirada y vio que José Carlos hervía de rabia. Le ofreció una sonrisa de inocencia e indicó con la mano que le siguiera, parecía decirle: Ven tontito, no sabes lo que nos espera, cambio total de planes. Él pareció perder los estribos y se disponía a ir sí, pero a arrebatarle el aparato y decirle un par de cosas al misterioso interlocutor. Entonces, antes de que hiciera todo eso, ella bloqueó el aparato con la mano y le dijo: ¿Te vas a quedar ahí como un niño caprichudo mientras perdemos el bus?

José Carlos llegó al límite de la paciencia, pero entonces ella siguió hablando totalmente despreocupada por él pero sumamente atenta a su propia charla, como si tratara asuntos más que importantes. Por fin alcanzó oír: ¿cerca al mar me dice?, ¿y qué tenemos que hacer finalmente?, ah bueno, en ese caso, déjeme consultarlo con mi pareja, llámeme en cinco minutos por favor, sí, sí estamos interesados, concédame ese tiempo por favor, está bien. Colgó, volvió nuevamente la mirada hacia José Carlos, éste parecía no entender la situación pero se mantenía de pie y su actitud había cambiado del desafío a la completa confusión

Resulta que alguien llamado Garcés había contactado con Carla. Un tío lejano, había dicho ella. Le decía que la invitaba a habitar un terreno cerca del mar en un lugar a una docena de horas de donde se encontraban. Los cinco minutos transcurrieron mientras ella le decía a José Carlos estas cosas, entonces volvió a sonar el aparato y ella inquirió una pronta respuesta a su pareja. Está bien, dile que sí, concluyó él. Hola tío, sí ya lo hablamos, aceptamos, pero solo una cosa más, mientras nos adaptemos al lugar necesitamos un respaldo económico, ya sabe, para comer, vestir y los servicios básicos; que no hay problema, bueno, si es así no hay ningún problema tampoco para nosotros; nos recogen pero ¿Cuándo?, ¿ahora? Ya pues.

Un vehículo que no se le venía venir apareció un momento después delante de ellos, se abrieron las puertas y un hombre de tez negra se asomó por una de las ventanas invitándolos a subir. Subieron, solo habían dos asientos, los tomaron, además habían varias revistas de veterinaria, los cogieron para hojearlos. El vehículo en marcha anduvo durante doce horas exactamente hasta que se detuvo, ambos bajaron, el lugar era peculiar, al fondo podía divisarse el mar y la diestra extensos terrenos llenos de vid; a la izquierda se apreciaba solo follaje denso e impenetrable. Se les acercó otro hombre negro de avanzada edad, al parecer el tío, quien los saludó afectuosamente y los condujo de inmediato a un terreno baldío, a unos quinientos metros del mar. Las conversaciones y paisajes eran triviales hasta entonces, que el señor corría el riesgo de perder el terreno si no lo ocupaba de inmediato y como él y su familia vivían a media hora de ahí les era difícil ir cada rato a estar pendientes. Por otra parte, nadie en su familia estaba dispuesto a vivir en dicho lugar debido a la cercanía del mar (la brisa les resultaba nociva para su salud pulmonar, adujo), sin mencionar que tras el denso follaje habitaban alrededor de un pantanal unos camellos salvajes con los cuales no se llevaban bien.

Camellos salvajes en un pantano y antipáticos a los habitantes negros del lugar, el asunto comenzó a parecerle disparatado a José Carlos, no obstante no dijo nada. Al cabo de una hora llegaron en una camioneta un grupo de quince jóvenes negros que rápidamente se pusieron a edificar una casa de madera en el terreno mencionado. Mientras tanto Carla inició una aburrida charla sobre parentescos con su tío. José Carlos se disculpó y dijo que daría un paseo por los alrededores. No tardes que almorzaremos en breve, le dijo el tío.

El suelo estaba atestado de arena blanca y piedras amarillas, las vides lucían gordas uvas azuladas y rojizas, el mar era verde y el cielo blanco. ¿Blanco?, cómo podía ser posible aquello, se dijo el hombre, pero mientras seguía observando pasmado el cielo aquel oyó que alguien venía a su encuentro. Se trataba de un joven de unos dos metros de estatura, algo encorvado y con unos dientes enormes y cuadrados como los de un caballo, sobresaliendo de su bocaza, no tenía cabello y llevaba una camiseta blanca y pantalones marrones, sus pies eran peludos y andaba descalzo, lo cual era un decir pues la densa vellosidad de sus piernas se prolongaba hasta la punta de los dedos de sus pies.

Hola, le dijo a José Carlos, así que ustedes son los que habitarán ese lugar, le dijo. José Carlos, bastante sorprendido respondió que sí. No es mal lugar y además con la vista que tendrán y las deliciosas uvas aquellas, qué más pedir, le dijo el misterioso sujeto. Supongo que sí, dijo por decir algo José Carlos. Justo cuando sucedía esto salió por entre el denso follaje un gigantesco camello seguido de un dromedario y un alce, todos de color pardo y mucho más grandes de lo normal. Ahí van mi padre y sus amigotes, dijo el sujeto. ¿Tu padre?, preguntó José Carlos, con bastante sorpresa y confusión en la voz. Sí, mira, te lo diré de una vez, el hombre que los convocó teme por sus vides y vio en nosotros la principal y más grande amenaza y en ustedes la mejor barrera natural. No es que nosotros les tengamos miedo, solo que a mi familia les repugna los de tu especie, simplemente no soportamos verlos, de ahí que montamos esta pared de hierba para evitarlos. Ahora, necesitamos las uvas como ustedes al agua, así de simple. De manera que tienen dos opciones, o nos dejan comer las uvas que queramos o los asesinamos y echamos al pantano antes de que el sol se ponga.
José Carlos no era de los que se asustaban así nomás, pero era fácil de sorprender, el asunto de los camellos y sus amigotes le resultó sumamente interesante y por ello decidió seguirle el juego al sujeto aquél. Le dijo que no siendo de su propiedad aquellas vides, le daba lo mismo que se lo comieran los bichos como la familia de él. Y que a cambio le gustaría conocer su comunidad. Eso es imposible le dijo el sujeto.  Por cierto, me llamo Trevor, añadió. La charla se encaminó entonces por terrenos de la lingüística como de la evolución, Trevor le contó que su generación era la primera con rasgos humanos y que eso le molestaba mucho ya que aparte de ser motivo de burla, lo era también de tristeza, pues ya no contaban con sus hermosas jorobas ni sus pezuñas fuertes en las patas que ahora solo eran dos.

Así transcurrieron varias horas hasta que José Carlos se despidió de su nuevo amigo y decidió volver al lugar del terreno en cuestión. En el lugar había una preciosa cabaña de madera rodeada de hamacas y para su sopresa ya no había nadie. Se acercó rápidamente y llamó a Carla varias veces, pero ésta no contestó. Entró pues por una de las ventanas y descubrió que la casa estaba vacía. Luego de llamar varias veces más salió nuevamente y vio que afuera una manada inmensa de renos, alces, camellos y dromedarios se encontraban mirándolo, rodeando la casa. El miedo entonces sí se apoderó de él y paralizado se quedó viendo a la multitud, uno de aquellos animales se levantó sobre sus dos patas traseras y señaló con su pata delantera el pantanal, José Carlos alcanzó a ver cómo un delgado brazo, al parecer de mujer, se hundía lentamente hasta desaparecer. Comprendió de inmediato de qué se trataba aquello y decidió esperar lo peor. Sentado en el borde del entablado suspiró y bajó la mirada esperando el fin. La manada hizo un ruido extraño y en menos de lo que se pueda imaginar de ellos se perdieron entre el follaje. No quedó nadie alrededor.

A lo lejos José Carlos oyó el sonido de un motor que se acercaba, se trataba de un vehículo, no había duda, era una camioneta que al aparecer por donde Carla y él llegaron, vio que traía consigo a un montón de personas. Se detuvo frente a la casa y descendieron todos, jóvenes negros que le pareció haber visto horas antes. Quiso contarles lo que había sucedido pero entonces vio a Carla bajar del asiento de copiloto y dirigirse a él escopeta en mano.

¿Dónde estuviste? Te buscamos y llamamos mucho rato, al final nos fuimos a almorzar al pueblo que déjame decirte, está precioso y muy cerca de acá, le dijo ella. Estuve… haciendo amigos, le dijo él, haciendo amigos, eso estuve haciendo. Claro, debes estar muerto de hambre, vamos, traje todo lo necesario para la casa, vamos, no te quedes parado; por cierto, dicen que podemos cazar uno que otro animal que ronde las vides si nos apetece, pues al parecer les gusta las uvas y tienen una carne muy deliciosa. ¿Así?, qué tipo de animales, espera, no me digas déjame adivinar, ¿alces?, ¿camellos?, ¿renos? Sí, algo así, ¿por qué lo dices, ya lo sabías? Exacto, ya lo supe.

jueves, 4 de junio de 2015

LES DIGO

Me conceden tres minutos. Bastan para decir esto: me imaginan muerto, desaparecido, lo comprendo yo ya no los imagino. Mi ser habita en una pequeña porción de carne que me encargo de incinerar, la soledad del destierro es la música que más oigo, aunque los recuerdos tienen su propia melodía. A ratos me exijo salir de esta condición, pero enseguida vuelvo a comprender para qué vine al mundo. Mal todo. A todo mal empeorarlo. Todavía te acuerdas de ti mismo en el proceso que te llevó a vivir hasta hoy, pero la idea fija es olvidarlo, sepultarlo todo, por el bien común, la extinción. Qué podemos decir de más, nada, solo mierda, putas y odio, el bagaje vocabular que puebla mi espíritu. ¡Yo les digo, estamos jodidos!