miércoles, 15 de enero de 2014

ROSTROS



Vamos logrando parecernos, si te fijas hasta tengo tus labios y la forma en que caen tus ojos al final de sus comisuras. No me digas que son tonterías, solo toca mi nariz, recórrela con tus largos dedos que ahora también yo tengo. Ves que no son tonterías. Oye y si no lo notaste siento palpitar mi corazón en afinidad con el tuyo; a eso cómo le llamas. Sincronía eso es, sintonía también claro. Estamos perfectamente de acuerdo entonces; adelante, llama a esa puerta, no, mejor a esta otra, la de madera. Nos oirán te lo aseguro, y cuando salgan a ver tú tienes que estar de lado, bajo la sombra del abedul, mientras yo con mi gran sonrisa espero darle las buenas noches a la persona que dignamente nos abra las puertas; entonces cuando diga hola tú sales y listo, le pones.
Su rostro hermano, viste cómo fue mudando de la sorpresa al miedo y luego al pánico en menos de dos segundos. Y yo bajo esas odiosas hojas viéndote paralizar el tuyo, o sea tu rostro, a ver dime por qué, no habíamos quedado en que le darías las buenas noches y nada más cuando te acercaras un poco sería mi turno para desde este lado donde estaba salir raudo y aplicar el factor sorpresa y la llave al cuello o las piernas a mis brazos, tumbarla y en piso lo primero sellar su boca y orejas con estos adhesivos. ¿Eh?, es que no me escuchas o qué, no entendiste nada; te quedas ahí viéndola, sin decir nada, ni hola, con las manos y el resto del cuerpo tan rígidos que hasta parecías de mármol. Y lo peor, volteas y me miras como pidiendo ayuda.
Qué podía hacer, no tenía de otra, pasar como si no supiera de quién te tratabas o lo que pretendías hacer. Buenas noches te dije guiñándote, y tú todo estupefacto, dibujando en tu cara ahogada en el sudor de la confusión, buenas noches… Señora cómo está, ¿todo bien? ¿Ves?, ahora sí preguntas cómo es que se me ocurrió actuar de tal forma; no hubo un cómo, pero sí un por qué, y eso es tan simple como la respuesta al por qué te quedaste mudo y paralizado: improvisar querido amigo. Pasé de largo, doblé la esquina, detuve la marcha, traté de oír lo que seguiría en tu situación, pero nada, solo un: perdone, creo haberme confundido de dirección, disculpe usted señora linda. Y ella: no, espere, de qué se trata todo esto, primero alguien llama a mi puerta a las dos de la madrugada, acudo a su llamado y se queda mirándome sudando y tan quieto que hasta pensé: este sujeto es de piedra o qué; y enseguida sale de entre las hojas de ese odioso árbol que no hay cuándo derriben por ser nido de ratas, incluso humanas, otro sujeto más parecido a usted que a cualquier otro, y saludándome pasa de largo, no olvido el guiño, no señor, cómo dejar de ver hasta el mínimo detalle de todo lo que pasa. Y es que a mí no me van a sorprender con llamaditas a la puerta a estas horas con propósitos desconocidos pero muy sospechosos. ¿No serán ustedes dos ladrones verdad?

A mí no me diga nada señora, ni una sola palabra, quién se ha creído que es usted para mandar detenernos. O sea que ahora nadie puede llamar a la puerta de alguien sin ser otra cosa que ladrones, y aunque la hora fuera esa o cualquier otra no tiene en absoluto ninguna importancia, el hecho es que usted nos está difamando y no se lo vamos a permitir, de ninguna manera me oyó. Qué va ser, no tenemos miedo de nada, si quiere que siga con su denuncia, lo que es nosotros seguimos con nuestra versión.  A este señor no le conozco antes de haberlo visto aquella madrugada llamando a la puerta de la señora ésa, y si mi  error fue saludarlo con ínfulas de ser conocido suyo, pues me retracto, yo no sé nada de estas dos personas ni de ninguna de sus mañas. Quiero llamar a mi abogado.
No me hago, yo no te conozco, por favor, ni sé cómo te llamas. ¿Nuestro parecido?, qué sé yo, coincidencias genéticas o el simple azar, quién sabe. Por ejemplo mi abuela una vez mientras esperaba a mi abuelo en la estación de trenes, vio venir a un hombre bastante parecido a un hermano que ella había perdido unos años antes. Éste al llegar donde ella le dijo: Hola Olga, como si la conociera. ¿Olga? dijo ella, tratando de confundir al señor, pues efectivamente ése era su nombre, pero pues jamás en toda su vida había visto al señor ése. Usted se está confundiendo, fue cuanto le dijo, yo no le conozco a usted. Cómo que no, le respondió aquél, si crecimos juntos en casa de Dadá, el tío que ambos compartían, según él. Dadá en realidad había sido un antepasado que aseguran murió de un infarto mientras castraba a un cerdo; más información no había en su memoria. Quizá habían muchos Dadás en las historias familiares de la gente, lo cierto es que la abuela decidió oír la historia del desconocido acerca de la vinculación que los unía. Te acuerdas de esto y del otro, y conoces a este o al otro, fue diciendo el hombre mientras la abuela cada vez más sorprendida asentía preocupada; quién era este hombre que parecía inclusive saber más de su historia familiar que ella misma. Pero entonces tú eres… Rodolfo, querida Justina, Rodolfo, hijo de Amilcar y nieto de Dadá, abuelo tuyo por parte de madre. Pero vayamos al asunto, la abuela nunca en su vida conoció a ningún  Rodolfo, es más, Dadá era un primo suyo y no su abuelo como afirmaba el desconocido, por lo demás cada detalle en la historia era tal y como lo refirió él. Qué piensa usted de todo esto a ver, ninguna broma señores, ninguna. Son cosas que pasaron y nos la perdimos o perdidos recuerdos que pasaron por toda la experiencia de todos menos por la de uno, en este caso, la mía. No te conozco, no eres mi nada, punto.

Una noche de locos te digo, desde que llegó la señora Gálvez con esos dos sujetos, no pararon de contar estupideces, que te conozco que no, que tú eres, eras, lo que hacías no hacías, pensabas o decías, etc. Me limité a garabatear en mi cuaderno círculos concéntricos alrededor de un haz de luz que imaginé color de los cabellos de Irma, la de Homicidios, y es que esa tía me tiene loco con sus tacos y manera de andar de lado a lado… Pero bueno, anoté cuanto pude y al final les dije que todo era producto de una confusión, y que si alguna de las partes estaba dispuesta a seguir con ese caso más confuso que un dibujo de Zurn, pues que lo hiciera pero mañana, puesto que a esas horas ninguna instancia mayor atendería a nadie. Se marchó la Gálvez, jurando y perjurando que hundiría a los supuestos ladrones que no robaron más que nuestro tiempo en conjunto con ella, pues había en el norte de la ciudad una amenaza de bomba que atender, pero que por darles mayor crédito a esos tres, tuvimos que derivar a la comisaría de Norbe, donde curiosamente está mi archienemigo, el general Bolder; ¿cosas que pasan no? Los dejamos libres ni bien se hubo ido la señora, les dijimos que si se conocían o no, nos daba igual, pero que no volvieran a estar llamando a la puerta de nadie de la forma en que lo hicieron. Ellos siguieron insistiendo en no conocerse, aunque claro, los rasgos indiquen lo contrario, y bueno, a mí también me pasó algo así en el carro la otra vez; un niño que veo a través del vidrio manejar su bicicleta y que por alguna razón recaba en mi mirada y la sostiene hasta que lo pierdo de vista. Un niño más que parecido a mi hijo el finado, un niño que me arrancó más lágrimas que el original, pues él sí podía andar, manejar bicicleta y esas cosas que los niños sanos hacen; en cambio el mío que espero goce ahora de la gracia de Dios, confinado a esa horrible silla de donde nunca podría salir por la polio, por la maldición, por nuestros genes atrofiados, quién sabe…
Simultánea coexistencia de distintas dimensiones en una sola realidad, de eso te hablo, qué opinas. Vamos no seas reticente, si somos la viva imagen de nuestra madre, ya sé que tú la conociste, pero te digo que así es, no pretendo ser hermano tuyo, solo que quizá podamos establecer cierta vinculación entre nuestras realidades disímiles. La mía esta todavía viva, si quieres te la presento para que juzgues por ti mismo.
Hola mamá, éste es Mario, ¿qué te parece? Hola, oye pero si es igualito a tu tío Fulgencio. ¿Fulgencio?, quién es él. ¿No te conté acaso?, ¿supongo que no verdad?, un tío que tuvimos cuando era todavía una niñita de diez años, un tío que una vez vimos en casa de tu abuelo, un hijo llegado recién o recién conocido o algo así, que por cierto nunca más vimos. ¿Debes ser hijo suyo no? Señora, usted me está confundiendo, te lo dije amigo, todo esto es una tontería, yo me largo, están todos ustedes locos…




TE QUIERE VIVA




Para Alejandra, con mucho respeto y ternura


¡Te quiere viva, muy viva, tonta! Cómo si no van a dar la hora en los parquecitos olvidados de las ciudades donde estén, o cómo degustarán de los dátiles que arranquen de la casa Ferger; viva querida, con el pelo suelto y tu playera de flores, tus zapatos ligeros y la gorrita de Tenesse Williams, ésa que te regaló Jorge, el editor de la revista a la que le regalas tus poemas que a nadie más quieres vender. Así que ya sabes, te quiere viva, no olvides, pasará por ti el jueves, me dijo que te alentara o de lo contrario le informara de tu reticencia para dar por cancelado su viaje. Ah, otra cosa, me preguntó por La tretta, no sé a qué se refirió, pero de hecho tú sí, que por favor la tengas bien presentable, atada a su mejor rama un listón verde agua, para obnubilar la senectud de su cuerpecito, de su tono opaco por la vejez. Es todo, dejo de molestar, y a ver si la próxima vez me haces pasar y nos tomamos algo, o vemos algo en la tele, o escuchamos algo de música, te cuento así de pasadita no más, que conseguí un disco de blues que está ufffff, pero bueno, será para la próxima. Oye, y ya reponte, mira que llegó el verano y la molicie anda dando tumbos entre departamento y departamento, buscando víctimas para arruinarles la estación con esas sus pegajosas manos ¿recuerdas? Horrible, por eso yo ando en pantalones cortos y bicicleta, es más, te presto una que compré al año pasado, la tengo con las llantas bajas pero igual, la inflamos a la vuelta de acá y nos vamos colina abajo, hasta el puerto y nos sentamos en la arena a ver la puesta del sol, como cuando salías con Gerardo, el único hombre que nos amó a ambas hasta la locura; por cierto, lo he visto, anda peor que tú, pero con la ventaja de estar fuera de toda consideración, todavía luce su habitual pelambrera en la calavera pequeña y sus manos siempre están garabateando algo; cuando me vio no me reconoció pero luego, al ofrecerle las mandarinas que le llevé, reaccionó conmovido y pegando brincos se hincó en el piso a gritarle al cielo lo mucho que ama a dos mujeres y por quienes pierde el juicio, el oro y el morro cada segundo que pierde recluido en ese horroroso lugar donde lo conminaron sus familiares debido a su “enfermedad” Dime, ¿tú crees que esté enfermo? Ya pues, así mismo contigo, ya reponte amiga, hermana, sal al sol, acá estaré dando vueltas alrededor de la pileta hasta vomitar si es necesario, desconectaré los audífonos por si te animas asomar a la ventana y lanzarme un trocito de tu voz o de papel impregnado con tu maravilloso verbo o aunque sea con tus lágrimas o lo que sea, dame una señal por favor, estaré aquicito ya sabes… como siempre.


Nunca más, ¿me oyes?, no volveré, no saliste aun cuando me puse de rodillas para que lo hicieras, llorando a mares, como rogándole a la virgen me conceda semejante milagro; no saliste y eso me basta para convencerme. No quieres verme, ni a mí ni a él que ya se convenció de tu necedad. Hasta me han dicho que moriste, que te vieron partir en un auto negro, dentro de una caja y que te enterraron en el cementerio de la ciudad, en medio de  una pompa funeraria bastante reducida a juzgar por tu abolengo. Pero ambas sabemos que no es verdad, que sigues ahí dentro haciéndote mierda la vida con tu obstinación con el encierro. Por eso he decidido irme, y bueno, acá estoy despidiéndome. Traje todos tus poemas, incluso los que escribiste sobre los míos, y a pesar de ellos. ¿Qué gracioso verdad? Pensar en devolvértelos luego de pactar con sangre que serían míos y tuyos los que te escribí en tu cumpleaños número veinte, devolver lo que inclusive ya no es tuyo, eso sí que me pone triste; pues si me voy a ir, así como tú no vas a salir, qué sentido pueden seguir teniendo los pactos, ninguno, ¿es obvio no? Tomaré el tren de medianoche porque como sabes, es el menos concurrido, y cuando ya no pueda ver ninguna luz en el camino, echaré por la borda el íntegro de las cosas que compramos juntas, hasta esa tacita blanca en la que hacíamos café para dos; la tiraré y seré firme en oír su caída, porque si la oigo me convenceré de la fidelidad de la materia, así como de la infidelidad de la tuya. Me fallaste, no saliste y con eso acabaste con dos vidas, si no es más. Y ahora yo parto y tú… sigues sin salir.


Querida Sofía:

Espero rías y respires limpio donde te encuentres; no te diré si salir o no hacerlo está entre mis planes, solamente quería saludarte y hacerte extensiva mi amistad y nostalgia. Estuve ahí oculta, desde mi rincón viéndote hablar durante todo ese tiempo, y me daba gusto saber que el mundo todavía tiene personas como tú para saberse vivo y con esperanzas. Probablemente sea la menos indicada para hablarte sobre ello, pero lo hago con la certeza de tu nombre y el recuerdo de él en mi corazón. Te quiero tanto Sofi, estarás bien sin todo este rollo del encierro y la persona indudablemente confinada a él por voluntad o letargo o quién sabe qué otro misterio sucedido a la melancolía y el desajuste de la mente respecto de la vida en este nuestro mundo. Sin embargo antes de lacrar la puerta de mi habitación para siempre no solo quiero decirte lo dicho, sino algo mucho más sencillo: quiero le digas a Julito que siempre cuidé de su pequeña joya como lo hizo de mí la literatura. Por eso quiero hacer con ella una corona muy especial que honre nuestra amistad, es decir la de los tres. Y cuando llegue el momento abriré la ventana y le diré al viento: acá estamos los tres en forma de flores rojas y blancas sonriéndole al vacío, dejándonos ser como realmente debimos ser: etéreos, plácidos y ligeros, libres al fin…

Te quiere y añora , tu Alejandra por siempre.

LA MISMA LLUVIA, LOS MISMOS Y DELICIOSOS MADGERS



Para el maravilloso Ray


Detuvimos la marcha justo cuando iba a decir ya basta con esta horrorosa lluvia. Al buen Bradbury la empresa le fue peor pues aquella vez los módulos de descanso estaban casi en abandono, en cambio ahora que el gobierno ha oído nuestras peticiones, el problema ya no está en hallar dichos módulos, sino en lo único que puede seguir siendo un problema en este planeta: la lluvia. La eterna y tortuosa lluvia. Con hoy se cumplen setenta y cinco años de lluvia constante e imperturbable, y nosotros, nietos y bisnietos de quienes estuvieron durante la época del gran Ray, seguimos bajo ella como las ruedas bajo el coche, inseparables y fieles a su metralla de gotas tormentosas que no solo mojar saben, sino ahogar. Pero bueno, no todo podía seguir siendo tan malo después de tanto tiempo, sobre todo si tenemos en cuenta el avance de la ciencia. Ahora no tenemos que soportar así nada más tanta lluvia, pues contamos con paraguas especiales que nos aíslan por completo de las fulminantes gotas, algunas de las cuales hasta rebasan los tres litros cúbicos por centésima de segundo cada una.
Siendo esta la actual situación se podrían preguntar entonces qué seguimos haciendo en este clima hostil. Pues bien, para empezar, la extracción de mineral y combustible ha cesado hace tanto tiempo que solo escombros de las minas es todo cuanto queda; los que hoy por hoy venimos a este remoto y acuoso lugar lo hacemos con un solo propósito: comer Magders.
Antaño me preguntaba mi hijita si alguna vez iríamos juntos a comer Madgers y le dije que tal vez cuando fuera grande y tuviera con qué, es decir, el dinero suficiente, pues es preciso hacer constar que la ingesta de estos animalitos es el lujo más caro que alguien pueda darse; no tanto por lo lejano del lugar donde habitan, sino por lo difícil que resulta encontrarlos entre tanta lluvia y tan lejos de casa. Pues bien, el día ha llegado, ella se hizo de mucho dinero, muchísimo como para comprar pasajes de ida y vuelta, estadía y el pase necesario para buscar los manjares con los equipos precisos en esta selva de agua.
¿Qué pasa cariño? Le digo ni bien oigo su señal. Papá no te muevas, solo mira junto a tu pie derecho, con cuidado, no vayas a despertarlo, ¿lo ves? En efecto, el primer agujero de un Madger emanaba el característico vapor enverdecido que delataba su presencia bajo las hojas anchas de esas plantas difíciles de catalogar y clasificar por su efímera existencia de dos horas, luego de las cuales se pudren y hacen una plasta verdosa que mezclándose con el agua de la lluvia incesante, desaparece hasta reaparecer metros más allá convertida esta vez en una especie de helecho que difícilmente mantendría esa forma hasta rayar el día.
Para los que desconocen a los Madgers hago de su conocimiento que son una transición entre un vegetal y un animal. Nosotros preferimos asociarlos a nuestra dieta como animal en lugar de planta porque una vez que se los coge con ambas manos de los agujeros de treinta o cuarenta centímetros de diámetro por medio metro de profundidad, donde se hunden bajo su propio peso, éstos lloran por así decirlo, emitiendo agua pulverizada por unos agujeros que no podemos concebir otra cosa que no sean ojos, aunque claro no sea frecuente ver ojos que coman y excreten al mismo tiempo. Las plantas no lloran, o en todo caso nuestros oídos humanos no están preparados para poder oír su llanto; los animales emiten sonidos, y bueno, bajo esa premisa los Madgers son animales plantocomestibles.
Estos seres surgieron como producto del trabajo de la minera en materia de destrucción del ecosistema natural en este planeta. Nadie sabe cómo así, todavía no hay estudios pertinentes, solo que una vez recogidos de su lecho, agujero o nido, hay que comérselos o antes de poder hacerlo se harán agua escurriéndose entre los dedos que a la larga, dos o tres días máximo, corroerán la mano, incluido huesos y uñas; ni siquiera los guantes o las mallas con que podamos contar para recogerlos servirán para tal inminente evento. Por eso, los recogemos con sumo cuidado por los lados, introduciendo ambas manos bien estiradas, los elevamos lentamente hasta nuestras bocas, momento en el cual cerramos los ojos y pronunciamos casi en silencio: ¡Gracias ------/////uuuukkkkkhhhh666999------°°°°°! dios de los parajes desconocidos y las criaturas nunca descubiertas e imposibles, y empezamos primero con un gran mordisco que una vez dentro de nuestras bocas se convierte en un sorbo de delicioso sabor que incita a dar otro bocado aun mayor y así hasta hallar el centro, corazón, o pepa, como algunos escépticos de su naturaleza animal lo llaman, momento en el cual se ha de volver a introducir la esfera verde oscura en el centro del agujero para esperar un retoño en un eventual retorno. Es necesario además acotar que los Madgers son ovalados, de consistencia gelatinosa y piel lisa como la de un pez; devolverlos a su lugar no es precisamente reforestarlos, es más bien reiniciar su incubación, pues se ha descubierto que si uno quiebra el material que recubre dicho huevo o pepa, halla dentro la larva viva del animal, que para ser más representativos diremos se parece a un camarón con ojos de rana.

Como decía, mi hija vio el primero junto a mis pies, yo el segundo, el tercero y así descubrimos todo un jardín o enjambre atestado de agujeros de Madgers por todas partes. El festín culminó cuando nuestros estómagos no dieron para un bocado más, fue cuando ella dijo:
-         Saben a pepino
-         A papaya, respondí
-         También, agregó

-         ¿Alguna vez amainará esta lluvia papá?
-         No creo que sea pronto, ¿por qué?
-         Es que planeo volver con unas amigas a plantar pepinos y claro, también papayas
-         ¿Así, y para qué?
-         No lo sé, ¿compañía o quizá alimento para ellos?
-         ¿Y eso?
-         No es nada, solo que mientras comía y asociaba el sabor con las frutas de la Tierra, pensé que a mamá le hubiera gustado la idea de plantar nuestras frutas favoritas en un lugar donde probablemente alguien más pudiera tener la dicha de cultivarlas y disfrutarlas como allá lo hacíamos nosotros.
-         ¿La extrañas mucho verdad?
-         ¿Tú no?
-         Demasiado diría yo; sabes, solíamos venir a comer Madgers antes de que nacieras
-         ¿Verdad? ¿Y cómo es que nunca me lo dijeron?
-         Todo pasó tan rápido, vinimos dos o tres veces, para cuando venías en camino comenzó a sentir los primeros síntomas de su fatal enfermedad
-         Maldito cáncer
-         Quién sabe hija mía, quién sabe, claro los médicos sugirieron cáncer, pero siempre tuve mis dudas
-         Si no fue cáncer, entonces qué pudo haber sido
-         No importa, solo pienso que tal vez no haya sido cáncer nada más.

Callamos, como si los Madgers ni nada del universo pudiera suplir tal ausencia, tal necesidad, y luego de retornar a nuestros pies anclados oí que mi hija continuaba hablando:
-         …la necesito tanto, cuánto daría porque estuviera aquí con nosotros
-         Entiendo cariño, yo también.
De pronto vio algo y señalando a unos cien metros dijo:
-         ¡Mira papá, un Madger mudando de agujero!
-         ¿Dónde? ¿Mudando?, si ellos son inmóviles
-         Míralo, por allá
Vi un ejemplar enorme salir afanosamente de su agujero y reptar hacia la tupida selva. Sentí lástima por su condición: sin extremidades ni rostro ni pelambre, solo esos agujeros de los que hablé drenando incesante líquido.
-         ¿Quieres que lo traiga para el postre? Le dije
-         No gracias, pero hay algo que podrías hacer por mí
-         Dime
-         Tal vez te parezca una locura pero me gustaría que te acerques y le digas lo mucho que la extrañamos y amamos, que se cuide y sea buena, que no se preocupe por nosotros pues estamos tristes pero bien dentro de lo tolerable
-         ¿Cómo? Acaso crees que el Madger y tu madre…
-         No, para nada papá, solo me gustaría que se lo digas y ya.
Recientes investigaciones descubrieron cierta aptitud de estos seres para desarrollar la capacidad de comprensión de algunos códigos lingüísticos. Quizá por ello mi hija salía con semejante ocurrencia.
-         Está bien, lo haré, ve alistando las cosas que a mi regreso nos vamos
-         Gracias papá, te quiero
-         Y yo a ti princesa
Dándole un beso en la frente caminé lentamente, bajo el infierno de agua cayendo sobre mi paraguas, hacia el ejemplar que trataba de perderse entre el denso follaje; tuve que apurar el paso para darle alcance. Cuando así lo hice me acerqué tanto como pude y le dije lo que mi hija me pidió, extendí enseguida una mano e hice una suerte de caricia, asumiendo la imposible posibilidad de que en efecto sí tuviera que ver algo con René, mi esposa.

*
-         Entonces si el abuelo y la abuela son animales y no frutas, ¿por qué no los traemos a casa y los tenemos junto a los peces o el canario?
-         Pues porque a ninguno de ellos les hubiera gustado ser mascotas de su nieto; y ya no te hagas Fabián, acaba tus verduras o no iremos a verlos el fin de semana
-         Está bien mamá, pero solo porque quiero conocerlos


-         No les hables, ellos comprenden, solo da un mordisco tras otro cerrando los ojos y pensando en pepinos o papayas

-         ¡Delicioso, tanto jugo, tan dulce! ¿Pero y si es el abuelo o la abuela?

-         Mejor aún, pues comiéndotelos les das la oportunidad de regenerarse otra vez desde el huevo o pepa que hay en el centro de su cuerpo y que tendrás que depositar con mucho cariño y esperanza de donde cogiste al animalito

-         No quiero comerme al abuelo mamá

-         No lo hagas si no quieres, lo que te pierdes, mira.

*


Y así mi madre se comía a mis abuelos mientras yo asqueado de la raza humana deseaba con todas mis fuerzas ser un Madger y no un ser que diciendo tonterías para justificar su criminal acto, hacía lo que hacía aunque fuera lo más delicioso que hubiera en todo el universo.




(De) Hombre Medicina propia (Su)



Raúl se disponía a beber su infusión de sabor sumamente amargo, para mitigar las emociones corrosivas que experimentaba, como consecuencia de haberse dado como se dieron, los acontecimientos de su vida, hasta ese preciso instante donde por fin había logrado trascender todo tipo de valla u obstáculo a su alrededor; de la clase de obstáculos que te dan ganas de escupir en sus tumbas. Y si así tuviera que ser, habría que considerar seriamente la consigna de elevar a más no poder las fantasías y locuras en la reconstrucción de las partes que el agujero próximo, agujero de nulidad, se tragó durante el fin de semana, justo cuando subieron a la azotea a apostar por las estrellas, por la capacidad de contarlas lo más posible o cosas así. Por esto luchaba apretando el bolígrafo con mayor furor, como tallando la roca más dura. Dejando a las palabras fluir filudas y caóticas hacia las profundidades del averno o de una botella verde de cerveza. Dándole importancia cero a todo que nada tenga que ver con ver – de. Pero temblaba, se envenenaba con el sudor de sus manos o la saliva cuya caída anegaba el escritorio, viendo el papel a través de miasmas acuosas y ver –des.

Sus motivos y argumentos se caían a pedazos. Y entonces la puta y violenta solución autoeliminatoria también clavaba diente; y la garra fascinaba con la experiencia de la condenación y extinción. Es cuando no debería dar cabida al asunto de su vida: el miedo a la parca, y su obsesión por ella. En seguida y casi al fin de la última palabra que escribe, Raúl  sufre un ligero estremecimiento: verse haciendo y diciendo lo que hizo y dijo durante el lastre de su vida, como si fuera simplemente a juzgarla por cómo había sido, notando que al fondo del pasillo estaba él y nadie más. Uno y lo otro, o todos, no había posibilidad de seguir manteniendo la situación sin la certera apertura a la total entrega.
Pero optar por la parca de algún modo también era seguir con el hedonismo.

Placer por morir. Mortuoria complacencia. Y así, no considerar por ejemplo, una mañana límpida de cielo, libre uno, de objetos, y solo con lo necesario para salir de paseo, caminando hacia el centro de la quebrada; y dos, ni contento ni triste, más bien algo convencido, apasionado sin agotamiento; llegando a unir la sangre al río, el fascinante río de sangre; andando de sitio sin mudar el cauce, es el mismo río, pensando al verlo siempre, aunque con intervalos de tiempo y distancia, o con los pies sumergidos en sus orillas, disfrutando de sus caricias suaves y breves, y hasta frías, cualidad inherente a la parca, luego paciente, recostándose sobre una señora piedra y cerrando los ojos y a ciegas mirando el brinco que pegará en segundos y cómo caerá, oh sí, cómo caerá. Dibujando en su frente símbolos siniestros sin significación más que de impacto visual.

¿Por qué tenía que ser así? La única respuesta para él es que el modo de elección le exime, para cuando quiera reconsiderarlo, de los albores finales del proceso de su vida hacia la implosión de toda variación en torno a los reactivos de disolución y degollación. Y es que perdería la cabeza necrosada y luego cercenada. Pero si pudiera ver que sus pedazos vienen cayendo desde hace rato, decepción o emancipación, es decir, del cuerpo, descarnado a sí mismo. Es segura la estampida, indudable la fuga.
El estallido de un pensamiento, una acción, un pensamiento, y otra acción, y así hasta siempre; todo sin más pensa – miento que los rezagos del primero; y sobretodo el descontrol y extravío hacia adentro. Entre la suma de errores y desaciertos del proceso estaba para Raúl ahora mismo, haberse restado toda confianza en sí. Entre otras cosas, le infundió ideas de ser enfermo, insano, vacuo, imbécil, etc. Sin embargo para él lo más jodido era de pronto revisarse los bolsillos y comprobar sobre el lugar donde se encuentra algo de cobre, que era un desierto sin forma; sin medio alguno para darle cuerda a la comedia de su vida, cuya esencia y eje filosófico podría verse como fábrica de dolor. Y a estas alturas cueste lo que cueste: ARTIFICIAL, ARTEFICCIAL. El hecho es que si bien las implicancias destructivas de su obra podrían fácilmente convencer de casi nada a un artista mediocre, ni bueno ni malo, menos a quien no lo sea. Retirarse, reestablecerse, superarse, desdibujarse… Felizmente contaba nuestro Raúl con sus gafas púrpura halladas debajo de sus correrías rituales a través de los meandros devenidos del río único, inalterable, ¡oh qué frustración!, meandros no ríos. Por sobre y debajo, un planeta con pulpa de agua, algo aquejado por llagas pétreas. Por ese consuelo seguir adelante, aunque fabricándose dolor y saboreándolo a vista e impaciencia de gusanos incapaces de verse de otro modo; lo peor de nuestra especie, los hombres gusano.

Y aún si así no fuera, y todo cuanto de su vida podría referirse, no encontraría alternativa a otra cosa que un conjunto típico de conductas y modos de ser de un tipo afectado severamente por la irradiación de cierto tipo(otro individuo o material) de placer, o de música o estímulo especialmente seleccionado desde las barracas del diablo. De manera que o aplaudías, renegabas o ignorabas; era todo cuanto podrías hacer tú.

La idea no moriría, a lo sumo tornaríase ridícula, pero en muchas noches como esta, cuando Raúl o la gente como él, embebido de reflexiones sistemáticas (aliviado, alentado y condenado) no podría ser mejor, mucho menos peor, si la concentración no menguara o desviara. Y eso es un lujo, algo que jamás tendrías o serías, o que incluso si miles como él que desde siempre está yéndose como hoja seca, resecada ella (él) sola, con o sin sol; serán sus ideas, son sus ideas… Imagina Raúl, juega, apuesta, pierde… ¿Estás Raúl?

Así la noche íntegra, bebiendo la infusión a sorbo lento y espaciado, llega a notar el claro gris de un nuevo mañana, agotado el dolor fabricado durante la víspera. Recordando tonterías exquisitas como la de las gitanas haciendo estúpidos a la gente, la venganza de una amiga con el clásico modo de una mujer. Traición o lealtad, justicia o resistencia. Resoluto o endeble. Por otra parte, la opción alternativa y un tanto divertida de desvestirse y echarse a dormir sin sueño.

A su alrededor la hojalata de su deshecho industrial, que valgan verdades se tornan infalibles e imprescindibles. Dormir algo y despertar y seguir con el sueño/pesadilla diario. Solo unas horas y estaría listo y de pie para la contienda con la resistencia orgánica y mental, y el mundo con o fuera de él, cayéndose a pedazos, a todo juicio de valor, lejano y cada vez más alejado, imposibilitado de saber más.


martes, 14 de enero de 2014

EL FRUTO PROHIBIDO


Observas con detenimiento y algo de fascinación el fruto aquel, recuerdas las palabras del padre: De todos los árboles menos de éste; y resuma en tu mente la decisión ya tomada, ya ejecutada; y de pronto consideras el haberlo hecho como un acto tan sencillo que da pena pensar en las implicancias universales. Una vez que probaste del maravilloso fruto de la sabiduría no hay marcha atrás, como con toda decisión importante. Entonces pasas el resto de tu vida, de la vida de quienes de ti vienen, tratando de hallar otra vez el fruto, y no consigues, sabes incluso de la quimera que significa tal hallazgo; porque estás fuera, fuiste echado para siempre, pero algo en ti y en tus hijos sigue impulsándolos a lo mismo, a pesar de las murallas infranqueables, de la limitaciones orgánicas y espirituales, a pesar de todo. Para qué más, te dices al oído, y repites a cada paso que transitas por este mundo, tú y ellos, pero sigues.

Los días entonces se van reduciendo en tiempo y espacio, no entiendes cómo es que sucede esto: despiertas, parpadeas y ya anocheció, tomas una uva de las manos de alguien, comes, sientes el dulce invadir tu paladar, quizá vivir se trate solo de saborear lo que el mundo te ofrece aunque siempre añores el dulce del fruto preciado e imposible; y vuelve a amanecer. Tratas de ya no pensar en todo esto, apelas al sueño, grave error, es peor pues ya comprendes que los sueños parten de los vacíos dejados por los deseos postergados o no conseguidos despierto; entonces tratas de mantenerte despierto hasta el agotamiento absoluto, luego del cual venirte a pique vencido por el cansancio del cuerpo y la mente, puedas reposar en blanco silencio y vacío de sueños, o de recuerdos al menos. Y otro día aparece por la ventana, otro día que no es sino el mismo de cuando cogiste el fruto y abrazándolo con tus dedos suaves y pulcros llevaste a tus rojos y húmedos labios y comiste sin pensar en el peso de los años, de la condena que esto implicaría…


No lo sabes, probablemente nunca lo sepas, ni tú ni ellos, que así ha de ser hasta hallar a quien plantó el árbol y te dejó a merced de tus impulsos. Y luego, cuando lo tengas frente a ti, desvaneciéndose lentamente a tu comprensión, no puedas hacer más que dar un suspiro, odiando, amando, quién sabe, ya no importa. A tu alrededor todos habrán partido, te dirás estás acabado, sin embargo otro día que cae, otra mañana que viene. Ya no puedes soportarlo, ahora tus años duran minutos y tu aliento petrifica lo vivo. No estás muerto o vivo pues ya no caben consideraciones al respecto. Si fueras él por ejemplo notarías que tras su género te ocultas tú misma, o él mismo, dando igual para ambos porque se trata de existencia en vaivén eterno de monotonía. Detenidos, eso es, piensas en la inmensidad del mar, del universo, en tu insignificancia, y observas otra vez tus dedos, la sombra que proyectan cuando se dirigen hacia el fruto prohibido, ¿no sería mejor que lo pensaras un poco? No, lo sabes, pues no existe tal cosa, el pensamiento, todo es un vil invento de unos cuantos para solapar el circo, que viene de círculo, es decir, lo que habitas y eres. Solo ordenas, y es más, tratas de hacerlo lo más y mejor que puedas. 

Afuera todo es caos, todo vaga incierto, hay algo o alguien que tira de los hilos, se te ocurre pero y detrás o más arriba qué, alguien más haciendo lo mismo, oh no qué tortura, son fractales de desesperación, nunca verás nada, ni el final, menos le principio, solamente giras y giras viendo la vida, la muerte, la gente y sus dedos, sus labios y voces ahogándose entre el ruido sordo que opaca la figura del fruto, del árbol y todo eso. Calma, espera, ya viene otro día, ¿es la noche la que inquieta no es cierto? No es cierto, lo sabes, nada lo es, las verdades pugnan por ser tales, y las mentiras consuelan los fracasos; quién eres, a qué has venido, ¿ya hiciste lo que debiste?, y ahora qué sigue, no vas a soportar oírme, oírte desde adentro: nada, nunca hubo un por qué ni el resto de preguntas sin respuesta otra que no sea a partir del fruto comido y digerido. Maldita sea, bendito sea, da igual, la ilusión de la dualidad, la conciencia de totalidad, ambas te subyacen al acto primitivo de tus dedos y la sombra de su movimiento en el aire rumbo al árbol y lo prohibido. Vas a ver o ya lo hiciste y lo seguirás haciendo, no hay sentido, es una tundra inmensa llena de árboles invisibles y sin fruto; el cielo está por su parte plagado de frutos podridos que caen conforme deseas comer de ellos. Padre! Dónde te has marchado, no estás ni estuviste, por qué estos ojos y boca, por qué este castillo invertido, por qué mis pies hundidos en las mazmorras de mi camino, por qué… y no hay nadie, ni siquiera el eco de tu voz o de tus pensamientos no pensados. Pero tus dedos siguen su camino, y el fruto pendiendo sumamente atractivo, rojizo hasta el estallido de tus sentidos. Come, mastica, digiere, expulsa, es todo, el resto nada, nada, nada…

sábado, 11 de enero de 2014

TU FOTO

Te ves tan hermoso pequeño de mi sangre... te veo desde mi escondrijo extasiado, y pienso en los dedos de alguien, dedos, veo los míos, recuperando su flexibilidad y consistencia; dedos que deberías acariciar con tus manos, dedos que deberían educar a los tuyos, y nada, estoy siendo condescendiente, abrumador y completamente feliz para con mis esperanzas, no sé qué decir para decirte esto, a ustedes, pero bueno, siempre estás en mi mente, siempre están, aún cuando pierdo el sostén de mis piernas y las fuerzas me abandonan. Naricitas?, abracito! Anoche y todas las noches te sueño, te pienso, te añoro; cómo hago para estar menos lejos cuando alejarme se hace imposible por lo mucho que ya me alejé. Dime algo, tu silencio no basta comprendes? Espero que no sea todo esto, que haya más de todo y para todos y en aras del bienestar, de lo mejor para la mejoría... aunque claro, estoy yo y él, la otra mitad de mí que reclama dominio y absoluto caos, pero no... oh qué dolor, qué dádivas doy al dios de la noche para permitirme saciar de una vez todo este vacío, y sanar todas estas heridas...

miércoles, 8 de enero de 2014

SIGAMOS ESCRIBIENDO... (para ti)

Esta noche el tiempo se ralentiza conforme pongo los ojos sobre los numeritos que lo simbolizan, y eso de alguna forma me sosiega ya que puedo escribir sin preocuparme por casi nada. Puedo por ejemplo reparar en la KPF, o PKF, da igual, que hay grabado en el sticker en la parte inferior de la ventana que debí correr a un lado y luego devolverlo para ventear la habitación. Y es que el calor yo sé, pero también las ganas de infringir un poco de aire bueno, si es que cabe el término en una ciudad como ésta, a mis pulmones, para desechar de una vez por todas la errónea premisa de pensar que me hace bien o tan solo me infunde bienestar por más pequeñito que sea, el hecho de fumar, ya sea de esto o de aquello, lo detesto. Desde el tabaco hasta el crack, es asqueroso, no me gusta, y si por ahí durante el lapso que me tomó considerar la gama de destrucción y malos momentos que me tomé la libertad de vivir, no había considerado esta sentencia, fue por un solo motivo: la sed de aventura, de correr el riesgo, de no contentarme con mi reducido pecho y someterlo y exponerlo a los peores gases autoingestados. Pero bueno, ya pasó, ahora me gusta pensar en escribir desnudo, quizá con el bóxer puesto y el cabello sujetado y bebiendo agua de manantial o de hiervas diversas, más nada.

Hace un momento me detuve a pensar mientras oía a varios científicos considerar el hecho de que probablemente en un futuro no muy remoto, seamos cosa de números, de dígitos mal o bien puestos, según sea la intención, o el monto invertido en nosotros, o en quien se quiera influir. Pienso en mis hijos, los que voy a tener y que serán más de ocho lo juro, y estoy seguro que no será así, aún cuando a a ellos les toque vivir de acá a un milenio o inclusive varios. Doy por sentado esto que digo por una sola razón: serán mis hijos, mis descendientes, no de cualquier hijo del vecino que se llena la cabeza con porquerías como la no lectura o la mala lectura o cosas peores como la chatarra telecomunicativa y tecnológica; los míos no somos así, lo sabes verdad Morgan?, estoy seguro que sí, y por ello me siento bastante aliviado. Nosotros comeremos carne que pescaremos o cazaremos, y hortalizas que sembraremos incluso bajo nuestras camas, y a todo esto harto agua, ¿o harta?, en fin. Y por esto mismo quiero hacer extensivo mi mensaje para quienes de mí vengan: hay que resistir hijos míos, hasta más allá de nuestra resistencia orgánica y psíquica, después habrá calma y buenos ratos como estos, donde podrán escribirme, escribirse, escribirle al mundo que yace silencioso al fondo de su monótona existencia. No es que estemos hechos solamente -y sé que ustedes menos que yo- para este vano oficio que de tanto recabar en él se hace burdo, trivial, y hasta humano, mundano, ¿comprenden cierto? Pero alguien tiene que hacerlo, y créanme, no será otro, nadie que baje del cielo o de Nueva York en forma de una invitación o promesa de paraísos, para que lo hagan, hay que hacerlo y punto seguido, o si prefieren, coma, o es más, nada, sigamos escribiendo...

Todavía llevo la cuenta de los años, aunque ya no me interesen las horas ni los meses, y van dos años querida Betty desde tu partida, ¿o es que solo uno? Ves cuánto me interesan lo años; estoy tan deshecho como ayer, quizá algo recompuesto, con los ojos no tan húmedos como para llover sobre mis rodillas, pero tan triste como cuando nos encontramos aquella vez y te arrojaste a mis brazos sollozando cual niñita golpeada por un malhechor a la vuelta de la escuela. Y no olvido, ni tú lo hagas madre mía, la rabia, el odio contra este mundo que daña, agrede y vulnera la armonía que ciertas personas mantienen con él y a pesar de lo ligero y sutil, casi invisibles, de nuestros pasos sobre esta tierra a la que finalmente volvemos. Si el día aquél llega donde sosiegue esta ansiedad extrema de saldar cuentas con todo lo que te hizo daño, entonces y solo entonces hallaré la paz, mientras tanto he de escribir en madrugadas buenas unas veces y no tanto otras, con tinta, sangre, sudor, lágrimas, todo aquello que pueda depositar sobre este suelo, sobre este mundo. Porque yo te extraño señora batalla, beldad inconfundible, tanto que no sé cómo más expresarlo; pero al corroborar mi estado impecable respecto de aquellos funestos días, qué más digo, ¿llévame?, ¿ayúdame?, ¿ayudala a ella quien más te necesita? qué hago... Cómo saberlo, no hay forma. En el fondo siento tu presencia cada que cometo serios errores en aras de liberar esto que me aprisiona y al cual llamo injustamente, reivindicación en tu nombre. No quiero seguir siendo majadero, pero acá estoy, siendo el mismo, el niño que llevabas de la mano, o querías hacerlo, aún cuando él se resistía movido por quién sabe qué primitivos sentimientos negativos heredados, adquiridos, da igual. ¿Sin embargo ya no lloraré sabes? Mejor recostaré el cuerpo sobre las sábanas en pos del calor onírico; pero eso sí, hay algo que quiero pedirte de manera muy, muy especial: ven hoy y dame un abrazo y un beso y si puedes una bofetada por mis desaciertos... y después mañana estaré feliz de saber que en la dimensión donde te encuentres sigues siendo mi madre, mi querida madre.

Te dejo entonces hacer lo tuyo, rogando siempre a quien esté sobre todo esto que nos rodea, te proteja y guarde para cuando nos volvamos a ver -porque así será sin duda- yo dormiré ahora mismo... hasta mañana...

Post: No puedo evitar ser este último párrafo una vez que empiezo con el tema, y bueno, a quién le importa, de todos modos soy el único que escribe y lee, relee o no, todas estas tonterías; y por supuesto tú, pero claro, eso no cuenta apra mí no? sigo siendo un monstruo incapaz de sentir lo que escapa a los sentidos, lo que no puedo alcanzar con mis recuerdos y anhelos, y sigo soñando despierto, cruzado y atado de manos por mí mismo, esperando el barco, el tren, la bala, el cáncer, todo eso y nada... Hasta mañana.