jueves, 9 de febrero de 2012

Los amigos árboles


"El árbol pasea con nosotros repitiéndose a largos pasos.

Se repite en una avenida indicándonos el camino;

después todos se juntan a lo lejos y se asoman para vernos;

y a medida que nos acercamos se separan y nos dejan pasar.


Sin embargo, cuando es la noche en el bosque,

los árboles nos asaltan por todas partes;

algunos se inclinan como para dar un paso y echársenos encima;

y todavía nos interrumpen el camino

y nos asustan abriendo y cerrando las ramas."


Felisberto Hernández


"Ya hubiera querido escribir un cuento así..."


Julio Cortázar


miércoles, 25 de enero de 2012

REFLEXIÓN 03

Con cuánta facilidad puede uno quebrar su voluntad, es casi ficticio, pero absolutamente real; de pronto barajas las perfectas excusas par evadirte, en el caso de que aun puedas discernir al respecto, porque en otras circunstancias, la cosa fluye simplemente, hasta el término de todo.




Durante el tiempo de conmoción pura, se torna tan simple, falaz e inútil la vida que da igual comer o no, incluso cuando al rato, se torne voraz esa sensación, hablar o no, cumplir o no, y entonces por el excusado, toda la hirviente y negra consistencia de tu papel en la sociedad, drena imparable, hasta el último residuo.




Sin embargo, transcurren los minutos, las particulas se reúnen, la niebla se desvanece, los pensamientos vuelven a fluir, aunque como siempre tortuosos, habituales, fáciles de sobrellevar, el aire se vuleve menos espeso y los huesos vuelven a su lugar. Todo normal otra vez. Aburrido. Detestable. Insoportable.




Ahora, ¿se trata de retarse y demostrarse a uno mismo actitudes irrelevantes? Parece que sí, pues ni bien el bichito se cuela por la mente, es seguro en un noventainueve por ciento, que todo se concretará, muy a pesar de todo, con todas las implicancias. qué importa si el mundo estallará con todos en unos tres, dos, un segundo. Nada importa.






martes, 24 de enero de 2012

¿El Pintor o su madre se han suicidado?


Sentada en apariencia plácida, tejiendo impetuosa, cruzando uno a uno los palitos lo mismo que ideas sobre eventos pecuniarios connotados puramente doméstico -intrascendentes – como tejer; de rato en rato, lo chequea caleta.

Él pintaba, o mejor dicho dibujaba, pues era claro que otro incluye al uno. Como sea, subido en la banqueta, estirando los brazos como tratando de trepar, haciéndole con el lápiz los detalles de perforaciones en el rostro a otra de sus criaturas.

Meditando en torno a su complexión, sin dejar de tejer, absorta, ¿cuánto había crecido su bebé, realmente el tiempo íbase volando o qué? Pero bueno, otro gorro para protegerte del frío del olvido, no importa cuánto tarde, sabrá llegarte ya sabes, porque te extraño.

Pero la contemplación en apariencia, perfecta y eviterna, tiene que verse interrumpida debido a las gruesas tobilleras color ladrillo, quienes avergonzadas, se entumecían vencidas, y ella para paliar el frío, icsofacto: ¡A resoplar furiosa! Deja de tejer, a un lado el tejido, y abajo los brazos, a persuadir, o al menos intentarlo, a que suelten sus quijadas de sí mismas y compartan su capacidad de fomentar calor, de diseminarlo. Se habla de las tobilleras tumefactas, mas ya están muertas, congeladas. Los tobillos del hijo en cambio, bien parados y sin rasgos de padecer frío, a medio metro. No obstante, jamás se esperaría que en instantes, tal vez unos cuatro pares de segundos, nada sería como tuvo que ser, y es que no pudo ser de otra forma, era inconcebible que un par de tobillos sobre una banqueta dejen de serlos para dar rienda a carne y huesos técnicamente descompuestos e inestables, gelatinosos, evanescentes, victimizados.

Enseguida dejó de mover el pincel, es más, dejó caer el pincel, y también el brazo, y hasta su cuerpo entero, de espaldas, totalmente incapacitado de alguna otra cosa, a un lado de la madre, quien en su manía arácnida de tejer, está ahí abajo, contemplándolo todo en estado de catarsis. Esto no tendría ni la más mínima importancia a no ser por las gigantescas patas peludas chapaleando impasibles sobre el charco de su sangre, de la horrible abominación que convencido cree es, o fue, o nunca será, su madre.

Felizmente para él, la perforación es absolutamente precisa, con la quimera total de sobrevivencia. Y la alucinación o vil memoria fiel a lo vivido en torno a la imagen viva de su madre, desvaneciéndose entre la niebla de pólvora; sumada a ella, pedazos de cerebro impregnándose en los muros aledaños; vehementes, implacables, como queriendo firmar su impacto o su letal e inusitada exuberancia.

Una y otra vez la misma imagen cada que tejía, cada que enhebraba hilos, o cruzaba lanas de todo tipo, por eso le obsesionaba hacerlo como Helena, terminando y de inmediato deshaciéndolo todo, para volver a empezar. Solo por ver a su amado hijo a través de fotogramas mentales -unas veces nítidas, reales, y otras tan borrosas que eran irreconocibles-, de quien solo conservaba sus dibujos y una que otra porción de seso cubierta con plástico adhesivo transparente sobre la pared o alguna cartulina garabateada insolentemente por el ausente. De lejos, curiosa la representación de esta familia: La madre acariciando con sus dedos siniestramente arácnidos, totalmente envilecida de emociones nostálgicas y hasta canibalescas, los restos de su vástago autoeliminado.

El recuerdo de su padre diciéndole toda una vida que eran de su madre, que aunque se le hiciera dudoso, la verdad radicaba en su sabor, pues para el padre el sabor lo evidenciaba, -nadie fue tan deliciosa como tu madre, solía decirle; además claro de su versión de testigo ocular del hecho antes de la extinción, donde refería que justo luego de subir a alimentar a las palomas en el ático, tuvo el infortunio de presenciar al descender, el suicidio de su mujer a balazo limpio. Y que luego, algunos restos no fueron removidos de las paredes con el propósito de heredar la memoria de la madre a su hijo, o sea al Pintor, quien por entonces ni gateaba.

Inmisericorde, todo el evento sucedió tan rápido que los años siguientes ni siquiera lo notó ninguno. Quizá ya estaba ella fuera de combate antes de lo de su hijo, es decir, antes de tener uno, o tal vez él nunca sabría si aquélla desapareció de esa forma o se fue simplemente o el padre se la comió masticándola gustoso; todo era cuestión de saber quién fue primero, en el caso de dos muertes consecutivas, o solo saber quién fue en realidad la única víctima de sí mismo, pues al fin y al cabo, solo una bala fue disparada. ¡Solo una! Pero si hubieron dos muertes, entonces solo podría ser posible con una que conllevó a la otra; muerta la madre, el hijo de taquito, cráneos contiguos, tácticas de guerra para el ahorro de munición.

Sin embargo, y para decepción del arma homicida, pues sin conocer bien a la víctima queda su hazaña reducida a la de una vil e inmunda bala perdida únicamente. Nadie supo al final de la cabeza de quién, salieron los sesos disparados, nadie, salvo el único cabello que todavía adherido, podría dotar de la información genética pertinente. Por ahora los dibujos animan la escena del autocrimen, pero al rato decolorarán y caerán, enseguida serán basura, después nada, vacío absoluto; y la vida continuará, con sus implicancias, unos viniendo, otros yéndose, y así colorín coloreado, el pintor y/o su madre se han suicidado.

lunes, 16 de enero de 2012

Mutilación de la ficción en el caso “Amityville” a cargo de Dino de Laurentis



Desde el suceso real basado en las informaciones de la prensa, donde en el 112 de Ocean Avenue, en Amityville, Nueva York. La madrugada del 15 de noviembre de 1974 y luego, veintiocho días después, el 28 de diciembre de 1974, se sucedieron dos masacres familiares que conmocionaron al mundo entero. Todo debido, según las informaciones, a posesión demoniaca y presencia de espíritus malignos dentro del predio. Desde entonces se ha generado todo un fenómeno temático - social en torno a Amityville y los crímenes sucedidos en ese lugar, al punto de alcanzar niveles cinematográficos de difusión de serie A.

Hasta la actualidad y gracias al medio cinematográfico, es posible verter dilucidaciones desde latitudes bastante alejadas como la mía. Se trata pues de una mirada minuciosa del caso a través de la puesta en escena de un suceso nada ficticio; en este caso, la versión segunda de la primera entrega, y a cargo del italiano Dino de Laurentis, director brillante recordado por filmes como Arroz amargo (1946), La strada (1954) y Las noches de Cabiria (1956), y otras creadas con equipos internacionales que llegaron a ser grandes éxitos, como Guerra y paz (1956), Barbarella (1968), Serpico (1973), Conan el Bárbaro (1982), Terciopelo azul (1986) y varias películas de la saga sobre Hannibal Lecter.

El trabajo de Laurentis consiste en la dirección de la secuela de la primera entrega, del año 1979 y a cargo de Stuart Rosenberg; trabajo un tanto desafiante, teniendo en cuenta que en la primera versión el meollo del asunto ya fui exhibido o narrado, como se quiera, por lo que en la secuela se trata, luego de dar testimonio de la segunda masacre, de no dejar que el éxito comercial termine en una sola entrega. Al margen de eso, y retomando el principal objeto de este texto que es visualizar a través del film, algunos aspectos que me atrevo a decir, han creado el género cinematográfico de películas sobre posesiones demoniacas. Empecemos teniendo en cuenta que la novela de William P. Blatty (El exorcista, 1971) superó en creces cualquier otra propuesta similar, convirtiéndose en el clásico indiscutible del género. Sin embargo, el caso Amityville sostiene su relativo éxito en sus peculiaridades, las cuales tienen el plus extra de ser supuestamente reales.

En síntesis la historia trata del castillo embrujado adaptado a nuestra época a una lujosa mansión que es adquirida por una familia normal (no disfuncional como el caso de El Exorcista –interesante detalle que cabe analizar pues la oposición de tipos de familia, al menos en los componentes, muestra las idiosincrasias familiares desembocadas en comunes estallidos de carácter- (para el caso, el homicidio múltiple). Ésta familia experimenta desde su arribo, situaciones paranormales de índole fantasmagórico, pero el personaje principal, que es el espíritu maligno aludido, escoge solo a uno para mediante la sugestión, hacerle cometer el crimen, el cual es precisamente el gancho de éxito comercial, ya que sucesos como estos, donde alguien mata a más de uno, aparentemente con insuficiente motivación, y muchas veces con ninguna, plantean a la opinión pública renuentemente la visión cristiana acerca del crimen, es decir, la intromisión demoniaca en el cuerpo y mente de ovejas alejadas del pastor cristiano, como castigo por los pecados cometidos por él o su familia, o tan solo por probar su fe, y por otros motivos de esta índole. Hasta ahí todo bien, salvo que resta por descubrir con mirada aguda, los agentes en torno al crimen.

Veamos las relaciones dentro de la familia protagonista. Se trata de un matrimonio maduro con dos pares de hijos separados cronológicamente, los dos primeros de los dos últimos, por una década por lo menos (varón mujer, mujer varón, en ese orden), de posición social alta (no podía ser de otra forma ya que recordemos se trata del castillo embrujado, a donde jamás irían a vivir plebeyos, ni mucho menos ser parte de un hecho extraordinario) Todos juntos mudándose a su nuevo hogar.

El discurso fílmico tiene por eje o principal sustento de atención a la mansión, por lo que es presentada siniestra desde el principio, rodeada de arbustos cadavéricos, sin hojas y entre una atmósfera casi todo el tiempo cubierta de una densa y oscura neblina. Estos detalles son recursos ya clásicos para el género al que se orienta el filme, el terror, ya que en el caso de los arbustos deshojados por ejemplo, nos enteramos primero, de la estación del año, otoño, y luego, el significado simbólico, o sea la muerte o su preludio, la melancolía, la brevedad de la llegada de lo nefasto, etc. (“Quien no tiene casa ahora, podría nunca tener una; el que esté solo, se quedará solo, se sentará, leerá, escribirá cartas largas a través de la noche, y vagará por los boulevares de arriba abajo, inquietamente, mientras las hojas secas vuelan” “Otoño” Elke Putzkammer – Synecdoche New York, 2010).

Por otra parte, la arquitectura de la casa se presenta de modo que pueda sugerir la imagen de un rostro maligno, con los ojos oblicuos y centelleantes, todo encarnizado y con fuego a borbotones. Adentro, la fuente del mal radica en el sótano (el infierno, la maldad, etc. para los cristianos siempre está abajo) donde en un estado de putrefacción pareciera latir el corazón de la casa, compuesto básicamente por heces, lodo y moscas, hartas moscas (nótese lo importante de este último detalle, las moscas comúnmente están asociadas a la carroña, la degeneración postmortem y a lo repugnante, por lo tanto al Mal). Al respecto, lo interesante de la historia radica en oponer precisamente las obviedades religiosas (cielo arriba, infierno abajo) de manera ingeniosa y provocativa. -tal es el caso del ático, donde realmente se da la posesión, o sea el agente posesor surge de abajo, sube y ejecuta en la parte más alta su cometido; curiosa representación del mito sobre el demonio suelto en la tierra hasta que Dios llegue para salvar a sus fieles y bla, bla…-. También cabe referirse al mobiliario clásico de corte gótico en la escenografía: los ampulosos ambientes, imponentes espejos, escaleras viejas, ventanas y puertas que se abren y cierran solas
Ahora bien, vayamos a la tipificación de los personajes; la familia está bien conformada, de condición social más que cómoda y en apariencia la familia modelo, pero con un defecto, la intensa violencia familiar entre sus miembros. El padre ateo, opresor y sumamente violento para con el resto de su familia, sobre todo con su mujer, quien siendo una persona sumisa y resignada, resulta muy fervorosa y creyente de dios. Los hijos mayores en edad de activación sexual, propensos a la tentación de la carne, aun siendo la misma sangre, los más pequeños idos en su mundo infantil, al margen y al mismo tiempo partícipes y víctimas de la violencia. Lo que se relata es una parábola sobre las consecuencias a partir del alejamiento de una familia, de la religión cristiana y todo lo que implica.

La historia parece decirnos literalmente que los demonios actúan en realidad como agentes castigadores en nombre del dios cristiano, para recalcarle al hombre que eso y más les podría suceder a él y a quienes ame (si se diera el caso), si trata de alejarse de tal religión y vivir al margen del código moral y sus mandatos. También están las manifestaciones del supuesto espíritu maligno, quien infringe explícitamente las normas morales cristianas, por ejemplo con el incesto (donde es importante resaltar el proceso de perversión de la hermana mayor, quien a pesar de no estar poseída, y consciente de lo que hace, -porque la cópula se da sin violencia-, va adaptando su actividad incestuosa a su propia idiosincrasia, aceptando las relaciones entre hermanos como algo normal), también con la iconoclastia, blasfemias, aberraciones y todo lo que se atribuye al demonio, diablo, satanás, como sea.


Podrá parecer precipitada la hipótesis, no obstante, es clarísima la intención, el trasfondo, se trata de dominación psicológica de masas a través del manejo mediático de la información, aun pretendiendo desvincular el evento de cuestiones estrictamente religiosas, se torna insuficiente explicar que fuera de otro modo, ¿curioso verdad? Con esto no menoscabo la existencia de actividad paranormal, solo propongo alternativas, dudo. Y aunque pareciera que desvirtúo incluso a genios como Poe en su trabajo sobre la familia Usher u material afín respecto a las mansiones embrujadas y malignos espíritus, no es así. Sospecho que la mayoría de los hechos paranormales que acaparan la atención pública, son producto de algún grupo de élite dedicado a este oficio, es decir, la manipulación.

Para finalizar, debo resaltar que el trabajo de Laurentis incide sobre todo en la metamorfosis del poseído, más que en lo concerniente a su progresiva mutación mental; es decir, hubiera sido genial apreciar de modo fehaciente el cambio de visión y óptica del mundo, de un humano corriente al de un demonio perverso. Por eso, cuando se muestra al típico monstruo americano, con los ojos enormes, dientes grotescos y la piel corrugada y sesgada, capaz de matar ya sea valiéndose de su infernal fuerza o de algún arma, o tan solo infundiendo miedo con sus rugidos, el asunto se torna predecible, y hasta ridículo. Quizá sea este el motivo que me hacer pensar en el relativo fracaso artístico y hasta cinematográfico del trabajo de Laurentis; el filme no pasó de ser una secuela no lograda sobre una gran historia que continúa remeciendo al mundo y lo seguirá haciendo por muchas generaciones más.



lunes, 2 de enero de 2012

CUMPLE

Nunca, hasta ahora, me atreví a escribir en el día que cumplo años, pero éste es especial, son veinticuatro, como los que tuvo Andy Caicedo cuando tomó su loable decisión, no sé si en adelante sea tanto o menos de lo que fui, pero en mi cabeza retumbará lo innecesario quizá de seguir obstinado con vivir, como el resto del mundo.

He arribado a esta edad, con familia, es decir, la que generé yo, perdí a la que me generó, y así sigue el mundo, como si no le importara gran cosa los que lo pueblan.

Este año me propongo, aun así tenga que fallarme, realizar varias cosas, desde el disco oficial de la banda, hasta mi primer volúmen de cuentos maduros, si es que cabe el término, lo haré aunque sea en el plano onírico.
A beber pues, till death!!!

sábado, 31 de diciembre de 2011

Convivencia

Solía delirar mientras dormía, emitía unos débiles sonidos como de alguien que gime delicadamente a causa de placer o de un dolor apacible, ligero; suponía que era eso, pues los muros y compartimentos que nos dividían debían de ser muy gruesos como para reducir el ruido de gritos - en caso de que lo fueran- a eso que percibía como gemidos.


Ni modo, recababa de esta forma en su presencia; en cambio me enteraba que llevaba días ausente cuando conteniendo la respiración, trataba de hallarlo entre el barullo de mis pensamientos, que por lo general engullían mi atención desmesuradamente hasta el punto de no saber dónde estaba, ni desde cuándo.


Llevábamos algo de ocho años en esta convivencia, y desde finales del primero, cortamos palitos, dejamos de relacionarnos como hasta entonces lo fuimos haciendo, es decir, desde la época en que la señora Olga entró a nuestras vidas hasta que dejó de respirar.


No puedo precisar qué fue exactamente lo que pasó para que la situación mude de una afectuosa y cálida relación de colegas que comparten los mismos espacios, la misma mujer, los mismos platos, vicios y a veces hasta la misma ropa, a esto que ahora vivimos: somos como dos extrañas ratas de distinta especie conviviendo en la misma alcantarilla, uno a la expectativa del

otro, sintiéndose amenazado, imposibilitados de verse, pues ambos somos ciegos, y desde aquel entonces, de hablarse, ya que a partir del quiebre, toda la ilusa confraternidad que fuimos construyendo se vino abajo, como muro demolido por un feroz martillo gigantesco. Pareciera que lo único que nos unía fue la viva Olga, pero ella muerta y sus pedazos regados por cada rincón de la casa, ya no era lo mismo, digamos que ella era la lengua y cerebro que ambos compartíamos para relacionarnos verbal y psíquicamente; pero claro, tuvo que suceder además aquello.


Jamás hubiera imaginado que desde pequeño, aun cuando mis pasos los daba en cuatro patas, pudiera ser él quien caminando en dos, se jactase de su condición, reduciendo la mía a la categoría de mascota u especie ornamental, lo cierto es que en su arrebato de rabia contra mí, lo dijo tal y como lo escribo, "cuando caminabas solía pisar tus manos y embadurnarte la cara con los mangos que comíamos en la cama junto a Olga", obviamente no le creí, pero luego, al no poder hallar en mis archivos algo que confronte tal versión, empecé a creer en la posibilidad de que así fuera, y entonces me sentí humillado, no tanto por sus acciones, sino porque estando Olga presente pudiera haberse dado eso que dijo, y siendo así, no podía haber otra cosa que un complot de esos dos contra uno, quizá habían hallado en mí, un medio de supervivencia al margen de mi integridad, dignidad o qué se yo, lo cierto es que cuando ya algo crecido, realizaba mis labores en los mercados, reciclando vísceras y pellejos de puercos para el material artístico de ella, nunca hubiera imaginado que no empecé así, sino peor, succionando jugos orgánicos de cualquiera de ellos, y eso sí me repugnó al punto de hacer que desaparezca para mí, todo vestigio de sus existencia, lo digo por él básicamente, ya que Olga, para bien o mal, más para mal, ya no estaba, su mente no soportó tanta confusión e inacción en torno a su misión como artista, terminando colgada en el patio hace casi una década, con la lengua fuera y los pantis mojados en ámbar orina putrefacta de cinco días que llevaba balanceándose al compás de la brisa marina que llegaba hasta el recinto.


Yo se lo dije, vil haragán y despreciable inútil, qué hizo con Olga todos esos años que se la pasaban comiendo mangos y embadurnándome la cara, disfrutando de mis alaridos por los pisotones de mano, acaso produjeron algo?, nada, y él lo sabía, y algo compungido bajaba la cabeza, no sé si para aseverar mi acusación o para detestar que se lo diga, pero notaba que tampoco le importaba gran cosa, porque según me contestó, él sí afirmaba su arte de esa forma, había nacido para enjugar lam cara de seres como yo con mango, y pisarles la mano, lo mejor que pudiera y hasta cuando fuera necesario, y mírate, me dijo, gracias a mí puedes por lo menos expresarte, crees que de no haber afinado tu garganta a base de pisotones, hubiera podido siquiera decir hola? No sé qué tan cierto sea aquello, pero nunca creí que gracias a él pudiera ser de alguna forma, quien soy; pero lo dijo, y he ahí su agravio, porque no pude contenerme y lo reduje a golpes de mandíbula hasta dejarlo sumido entre los trapos que componían su rincón en la casa. Desde entonces morimos uno para el otro.


Ocupamos la casa de manera que jamás podamos toparnos, ni siquiera por coincidencia, y no es que ocupemos una mansión, solo que sistematizamos nuestro repudio, realizamos nuestras actividades al margen de lo que otro pueda pensar o sentir, por cierto, odio que se pase días sin estar, y es que aprendí a sentirme acompañado, no importa por quién, solo sentir que hay otra alma junto a uno, y sé que él detesta mi mórbido silencio en el que me gusta sumirme pasada la medianoche, pero yo me pregunto, a quién en su sano juicio podría incomodarle el silencio absoluto.


Bueno, acaba de llegar, se oyen sus sordos pasos arrastrándose por el descansillo que conduce a su habitación, mejor me largo a pegar los ojos para mañana buscar algo de comida.


Demonios, creo que viene, no puede ser él, pero qué rayos, es él, qué se propone, hostigarme, lo mataré si es preciso, con este puñal no se pasará de lo permitido. Ey, detente, qué pretendes?, deja de acercarte, que traes sujeta a la panza, deja de hacerte el gracioso, sabes que tú y yo nada tenemos que hablar, aléjate, te lo advierto, oye , es en serio, pero...


Al ver si rostro a la luz de mis velas, comprobé que vino por ayuda, al parecer lo hirieron en alguna gresca, y bueno, terminé rematándolo, ni modo, quizá solo así di por finalizada mi verdadera venganza, aunque me es imposible sacar su cuerpo del lugar donde cayó, lo es porque odio la soledad total, y saben, no es tan malo tener un cadáver cerca, porque al menos de cuando en nunca, creo oír que respira afanosamente y hasta gime estertóreamente, y eso me da paz, tranquilidad de saber que no estoy tan solo.


domingo, 4 de diciembre de 2011

REFLEXIÓN 01


Sucede que la existencia se reduce en ciertoS momentos de la vida, a pequeños atisbos de vitalidad en los cuales algunos reiteran su vocacìón de jodidas pestes, perdiendo lo que queda de dignidad. Tengo que detenerme acá para reflexionar sobre lo último, dignidad; me pregunto incluso ahora mismo si aquello existe, o si por el contrario es una más de las vanas ideas que tratan de someterme a un sistema de organización que me muestra a cada instante lo ajena que me es.

Automáticamente redacto esta proliferación de palabritas, porque ya perdí la vieja herencia de nuestros ancestros de recurrir al papel; acaso la luz artificial de este aparato llegó a reeemplazar para siempre a las clásicas velas o fulgor característo del papel blanco?

Bien, volviendo al asunto, perdida la dignidad, los valores de autonomía, el autocontrol, las espectativas -casi todas-, los prejuicios, sentimientos, adficiones y hasta en gran medida la inteligencia, o en todo caso, la actitud inteligente hacia las cosas de la vida; se está ya muerto?

Llevarlo todo al extremo, al borde del precipicio, y dejarlo ahí, a su suerte, dejarlo todo, a todos, se me antoja  sumamente atractivo, de modo que siempre lo hago. Y es por eso que concibo el plan maestro de seguir haciéndolo, ya no de manera aficionada, sino hasta la extinción, suicidio?, espero que no, no conseguiría realizarme del todo en el plano degenerativo de optar por ello, sino que sera como la prueba de resistencia de un humano corriente al flagelo dulce y tierno de la satisfacción de sus más oscuros deseos, heredados, forjados, superados, quién sabe....