martes, 12 de julio de 2011

carta 02

Hola
Estoy escribiendo con el corazón tirado a mis pies y hecho una plasta pringosa, de manera que obviaré algunas partes estructurales y quizá me deje ganar por la emoción, si es así, excúsame…
Mira, yo no puedo evitar ser como soy, por eso esto de estar escribiéndote una y otra vez, a veces de manera tan confusa que sí, lo comprendo, me hago tedioso, lo sé, porque me doy cuenta que no produzco en ti el más mínimo estremecimiento o reacción fuera de tus clásicos: cómo, qué. Pero ese no es el punto, podría seguir haciéndolo de por vida, sin el menor desaliento, nada me cuesta, lo que pasa es que me he enterado por palabras tuyas que aún consideras que voy a olvidarte y echarte al desinterés luego de haber conseguido tirarte, como dices, y me preocupa sabes, no por mí, sino por ti, ya que evidencias una amplia trayectoria que recorres y del cual ya sabes el resultado final, el abandono. Tampoco has considerado en nada, ni siquiera un poquito, todo lo que he tratado de decirte de miles de formas poéticas, y hasta esforzándome siendo banal y burdo en la expresión y lenguaje, como dijiste que mejor comprendías, y que si fueron harto difíciles de comprender, sobre todo por ti -sabes a lo que me refiero- de todas maneras fueron de todo corazón. Por eso, el día subsiguiente al único que estuvimos juntos, y del que vuelvo a reiterar, que fue uno de los mejores de mi vida, y sin ser pretensioso, el mejor de todos, estuve desesperado por saber de ti, de cómo te sentías, de saber qué pensabas, en quién, si me conservabas aún en ti, o no sé, y esa situación me puso de muy mal humor, de un humor pésimo, pues habrás notado que soy fatalista y algo obseso en los pensamientos negativos, que en ausencia de quien amo imagino al inicio cosas maravillosas y al cabo de unos minutos de silencio, la nostalgia, el echar de menos y no tener evidencias palpables, además de mi crónica morbosidad, me hacen pensar, y luego imaginar de a poquitos lo peor de lo peor. Y me jode decirlo, pero raras veces me he equivocado, pues aunque a veces me pese, reconozco fácilmente la mentira y el engaño, y bueno, estábamos incomunicados, claro, tenía que ser yo el que te llamara verdad?, o el que acudiera a algún medio para encontrarte, y lo hice, en serio, y cuando ya nada servía, decidí dejar la cama en la que a veces me sumo durante días enteros para reflexionar, o sumergirme en hermosos pantanos de reminiscencias, como por ejemplo cuando mordía suavemente esos labios tuyos, tan deliciosos que me embriagaban como el ron, o cuando oía tus susurros de placer muy cerca de mis gastados oídos, o cuando con mis dedos incursionaba en cada orificio de tu cuerpo mientras con mi saliva dibujaba como un caracol mi rastro de existencia y expedición en tu magnífica coraza, o tus hermosas y pequeñas manos, que si bien no pude sentirlas tan delicadas, conservaban su tersa textura e ideal tamaño para mis expectativas de sostén, me refiero a la utilidad sensual y erótica que podrías darles, o cuando contemplaba en tus ojos que me tuvieron y tienen loco, una chispa, un destello de insania que me entusiasmó -no repares en este detalle, yo me comprendo-, pero cómo soy de psicótico que de pronto noto que todo es una fantasía producto de mi urgente necesidad de compañía femenina, y que si bien, es tan importante –la fantasía- y es más, lo mejor que puedo lograr por mí mismo, no te tenía al lado, ni gozaba de tu presencia, es decir, en mi cama, acurrucada y entrelazadas nuestras extremidades, concentrando en un solo punto todo nuestro calor.
No te tenía, y tal vez eso nunca suceda, porque ya ves, este tipo que se dirige a ti con sus confusas palabras que al final no sé qué buscan sino amarte recalcitrantemente, está zafado, fuera de sí, ¿quizá no?, pero dejando de lado la condescendencia, me es inevitable decirte todo esto porque estoy muy triste sabes, muy resignado, muy...´ta mare, qué más decir....mejor vuelvo a lo que iba narrando, entonces estando en esos afanes fantásticos aquella noche, empiezo a considerar viable largarme a buscar el medio por el cual te hallé y así pude por fin dar contigo, o bueno con tus dedos y ojos, ya que el resto es obvio que se mantenían al margen, y no sabes de qué extraña y caótica manera mi cuerpo y mente vibraron al verte ahí, en ese medio donde solo fluyen palabras, reales e irreales y notar que todo estaba muy bien para ti, que en un ápice se había visto afectada tu vida y tu mente, y claro, no había razón alguna, solo era yo el necio iluso, no tú, además no tenías porqué, fui tan fugaz y extraño para ti que entiendo recién ahora que habría que estar tan destornillado como yo para agobiarse por tan efímera relación.
De todas formas, y a pesar de que ya alguna vez ya hayas leído esto, me parece que sí, quiero agregar que si tú no estás aquí, se me efervesce de nostalgia la mente, devano mis sesos extrañándote, añorándote, deseándote hasta lo insoportable. Llevo tantos días como le es posible a un mortal en su afán de olvidar a una mujer, y créeme, no lo lograré, mas sabes que ya nada sucederá entre nosotros, pues ya no somos eso, nosotros, sino tú en pasado, y yo mucho más aún…Pero a pesar de todo, hasta de mi decisión de pasar esto bajo puerta, de mi seudónimo y de las pocas agallas que tuvimos…te extrañaré por siempre querida Gatita…porque aún quedamos las almas víctimas de aquellas posesiones de antaño que elevaron la condición humana a un amor puro, tan puro que me quedo corto en el alcance…
En el sobre estoy yo, o bueno, yo por ti…por tu memoria…en pedazos de palabras, de papel… de símbolos…de citas, de música… pero sobretodo de alma, te regalo mi alma, a cambio e nada, de nada…tómalo, es tuyo, o déjalo, y seguirá siéndolo…
Solo queda agradecerte por esos momentos, espero puedas recibir y leer esto pronto y sea aún el papel el portador eficaz de mis pensamientos.
Te quiero mucho, hasta la locura… y siempre te extrañaré, con todo el amor que puede un demente estelar - destilar, eternamente tuyo:
Mortimer Jones

La noticia

Nace el bebé, es prematuro, llegan tipos extraños al nosocomio, planean, confabulan y ejecutan el plan. Le arrebatan el niño a la madre, ¿quiénes son?, nadie sabe, solo arguyen en la institución el deceso de éste. Poco tiempo después la mujer se entera por noticias de una amiga suya que labora en un albergue al norte del país, que hay un niño que guarda un parecido sumamente parecido con el de ella, conjeturando que es el suyo, el supuesto muerto. Pero que está a punto de ser adoptado por una pareja de italianos.
-¿Qué explicación te dieron en el ministerio?
-La explicación que me dieron en el ministerio fue que el caso se investigará en el lapso de tres meses, de acuerdo a ley, y que sea paciente. El problema es que los trámites de adopción están a punto de acabar y los foráneos parten en un mes, con mi hijo en sus brazos como el suyo.
- ¿Y qué piensas hacer ahora?
- No lo sé, algunos me dicen que acuda a organismos internacionales, pero el tiempo se acaba y estando en provincia es, usted sabe, muy difícil hacer eso…
-Bueno, eso sí. Me informan por interno que tienes otro bebé…
- Sí, es el único que me queda, pero creo que también me lo arrebatarán…
-¿Y eso por qué?
-Cuando pasó lo de mi primer bebé hace cuatro años, unos tipos extraños, enormes y con trajes metálicos irrumpieron el recinto y los vi rondando y hablando con susurros entre ellos, creo que fueron ellos, lo que no sé es cómo llegó mi hijo a dar al norte del país, al albergue ese.
-¿Tienes alguna teoría?
-Bueno sí, pero es un poco descabellada, creo que se trataban de extraterrestres, porque me enteré posteriormente que había un grupo elitista que rendía culto a unos alienígenas y que secuestraban neonatos para pruebas experimentales que quién sabe de qué se traten
-¿No te parece un poco…sacada de Hollywood esa historia?
-Le dije que le parecería descabellada, pero igual, es mi teoría.
-Está bien, entiendo, y por eso recurriste a nosotros, pero, ¿alienígenas?, ¿tanto así?
-Sí, tanto así; y es más, no sé porqué todo el mundo aún persiste en aferrarse al escepticismo, si son tan claras las señales de la presencia de esos seres en nuestro planeta, ¿acaso son ciegos, o peor, estúpidos, para no darse cuenta?
-¿Tal afirmación no te parece un tanto ofensiva?, es decir, hay que ser un poco, digamos, crédulos, fantasiosos, para darle crédito a tus palabras…
- Fantasiosos, ya verán cuando los elimine a todos…
¿Y eso a causa de?

-Eso, a causa de todo este show que usted monta en este set; digo, si usted se empeña en lo suyo, yo igual. ¿De dónde saca el disparate de raptos de infantes por seres alienígenas?, no se da cuenta que lo de la trata de bebés en las instituciones de salud, en complicidad con mafias y albergues es más creíble, más polémico, más ¡BOOM!, eso, más ¡BOOM!, ¿eh?
-Debería decirte: no te pago por sugerir, sino por actuar, pero bueno, no te pago
-Ni un centavo
-Sí, mas creí que quedó claro que no te incumbía la historia; recuerda que eres solo un medio del que me valgo para hacer fluir mis diálogos que creé, entre ella y tú, y de esta forma, hacer que tome cuerpo y consistencia la obra. Concéntrate en tus diálogos, ¿quieres?
-Yo no me hago problemas
-Yo sí me los hago, yo no trabajo así
-Que no trabajas, ya te dije, se trata del destino, está escrito que tienes que interpretar a mi personaje
-Uhmm, estás loco, de todas formas sigo en desacuerdo
-¿sí?
-sí, me desagrada y ya sabes lo que sigue en este punto de la conversación
-Discusión
-Como quieras, ya sabes
-Ok, ya lo tengo
-¿Tienes qué?
-Te largas, sacas tu sucio trasero de mi presencia
-¿Cómo?
-Encima sordo, ¡te largas!, ¿oíste?
-Explícate
-Adiós
-No me moveré mientras no te expliques
-Está bien, ¡Lárgate!, ¡Lárgate!, ¡Lárgate!, ¡Lárgateeeeee!
-¡Oh!, clarísimo señor “directorcillo”, pero que quede claro que no me voy porque me lo pida, ¡yo renuncio!
-¿Sigues acá?
-Sigo acá, ¡no sabes cuánto me exasperas!
-No me interesa
-No puedo más
-¿Y?
-¡Yaaaaaa!, solo quise aportar algo a la obra, sabes que me interesa mucho el papel, lo siento
-Está bien, entonces continúen

-Muy bien, eso está muy bien, ¡bravo!, los felicito.
-Los felicita, porque yo ni hablé.
-No hablaste, pero tu presencia es clave en la historia, te lo expliqué.
-Me lo explicaste, pero…
-Pero… pero nada
-Me siento inútil, ¿debería decir algo no crees?
-¿Decir algo?, ¿y qué me dices del cine mudo?
-Ellos sólo obvian palabras, lo sabes
-En nuestro caso, los motivos son otros, no empecemos
-Quiero dejar esto
-¡Lárgate! entonces
-Acabo de decidirme, yo renuncio
-Como quieras
-¿Es todo?
-Todo
-Oye, no es para tanto, está bien, persistiré…
-Acepto


-¿No crees que es repetitivo?
-No
-Está clarísimo, lo mismo que al inicio
-No
-Mira, si te propones plantear un suceso constante en diferentes circunstancias para denotar lo cíclico y eterno de la vida, deberías variar justamente “esas” circunstancias para restarle monotonía.
-No lo creo, ¿entonces?
-Olvídalo, de todas formas me gusta, sigue leyendo.
-De acuerdo

- Y así sucesivamente, ¿Qué opinas?
-No opino nada, está muy difícil la nota
-Si quieres te lo vuelvo a explicar
-¡No! Así nomás, un gusto verte
-Bueno, ¡adiós!
-Adiós, aunque pensándolo bien te invito un par, y me lo vuelves a explicar
-Claro, vamos.

-Y así, bebimos un par de jugos y le conté mi historia, creo que le gustó, dijo que conoce a gente de ese mundo, los que hacen las noticias, periodistas
-¿Así?, tu historia es buena, pero no me convence eso de que reconociste al bebé solamente porque una conocida tuya te dijo que se te parecía.
-¿Tú crees?
-Sí, cámbiale, porqué no un presagio o corazonada de madre, o alguna foto, no lo sé. Sólo cambia eso.
-Tienes razón, quizá si Carlitos pudiera volverlo a contar.
-¿Carlitos?
-Sí, ayer, mientras no estabas me miró con fijeza y contó palabra por palabra esa historia, dijo que lo soñó.
-Tiene un año, mientes.
-Creo que no, yo estuve allí.
-Mientes
-Está bien, lo intentaré.
-¿Intentarás?, hazlo.
-Ya basta, lo haré, ¡Qué molestia!
-Necia
-Bruto
-Te amo, eres brillante
-¿Tú crees?
-Sí
-Bueno, entonces yo también te amo.

CABEZAS CLAVAS

No se le notaba cuando nos hablaba, siempre parecía tener un discurso preparado, sin errores de dicción ni inmutaciones en el proceso, siempre con la mirada fija sobre la frente de sus interlocutores, erguido y rígido, pronunciando cada palabra con tal claridad, que hubiera sido estúpido que alguien se atreviera a decirle, perdón, no te entendí…aunque claro, siempre era así, nunca entendíamos o considerábamos sus opiniones respecto a temas tan triviales como por ejemplo las actividades cotidianas durante los días que no se laboraba, como importantes, no es que fueran irrelevantes, nada de eso, solo que…eran raras.

Decía, cuando todavía nos dirigía la palabra, y riéndose a mandíbula batiente, que un viernes o sábado cualquiera se la pasaba él en su casa, entre los ocho muros que componían el claustro, ¡ocho muros! empecinado con el retrete y su contenido postcena, absorto y fascinado con el sonido que producían sus manos, mientras estrujaba y sometía a sus desechos intestinales a un fantástico proceso de reformación, según decía, y del que al final obtenía curiosas esculturas surrealistas que adornaban los ambientes visibles de su hogar, al cual siempre éramos bienvenidos. Lógicamente nadie aceptó dicha invitación, pues a la semana supimos que algo andaba mal con el tipo en mención, no en lo físico, pues era de lo más normal, salvo claro, por el mechón blancuzco que nacía exactamente de la base su cuello y se prolongaba hasta casi por debajo de las costillas. Era su temperamento, cómo decirlo, impredecible, taciturno, brillante, sombrío, hostil, tierno, insidioso, tantos calificativos que no harían sino desdibujar lo que realmente era, y bueno, yo fui una de las que se arriesgó, y tengo que utilizar el término, a tratar de apreciarlo.

Cuando notó mis intenciones más que obvias con él, primero sonrió vagamente, mientras pasaba de una mano a la otra una bolita de papel que de tanto ser manoseada tenía el aspecto de ser un pequeña piedra, y que supe después, cuando la arrojó por la ventana, que efectivamente lo era, una piedra que no sé por qué rayos creí que era un papel, y un monstruo que no sé por qué confundí con un hombre para amar, besar, estar con él. Pues luego una gran risotada seguida de un murmullo a regañadientes del que pude percibir, qué podría hacer contigo putita de mierda…

Claro que no volví a dirigirle la palabra, ni yo, ni el resto de compañeros que laborábamos en los anaqueles del Poder judicial, porque si de algo he de lucirme es de mi capacidad de envenenar a la gente en contra de algo o alguien, y a mí nadie me hacía tal desaire y se quedaba muy tranquilo, y claro que lo conseguí, pero a él bien gracias, le importó un pito que así fuera, parecía sentirse mejor, pues en adelante nunca tuvo que sostener una conversación con nadie, al menos eso creía yo, ni para pasar el rato, solo leía y releía los expedientes, como si se tratase de un gran abogado investigando un gran caso.

Y al silencio le sucedió la invisibilidad, de tanto no hablarle, comenzamos a casi no verlo, aún estando frente a nuestras narices, bueno, al menos frente a la mía, era como si no estuviera, y él, claro, bien gracias, feliz de que así fuera. Escurriéndose por los corredores, o bajo los muebles, como una sucia cucaracha a la que no me faltaban ganas de aplastarla con el taco, sin embargo, si bien mi afrenta se basaba en la indiferencia total, de todas formas no podía evitar de cuando en cuando contemplar su ampulosa espalda o su frondoso cabello, que por lo demás era sumamente maravilloso, ni qué decir de sus atléticas piernas y trasero, las cuales bajo el ceñido jean que solía usar eran la delicia visual de féminas que eventualmente ingresaban a nuestro sótano, y más que nada, eran mi delicia, mi perversión, pero cuando volvía a ver su rostro, retornaban a mí, todos los demonios del despecho y continuaba en la afrenta.

Luego pasaban semanas sin que lo viera. Llegaba antes que todos y salía una vez que el vigilante le obligaba hacerlo.
Ya casi al mes, me extrañó que una mañana se acercara todo empolvado y lleno de telas de araña a mi escritorio y me dijera, quiero que veas esto, a lo que me negué rotundamente, pues el tipo hedía a rancio, como si hubiese salido de un frasco de aceite podrido, respuesta que produjo en él un acceso violento, dando un manotazo que casi quiebra el vidrio de mi escritorio. Y antes de que pudiera ponerlo en su lugar con el vigilante, desapareció entre los complicados circuitos de documentos, dejando la huella de su manaza frente a mí.

Los siguientes días traté de limpiar la huella, sin conseguirlo, parecía haber sido hecha con aerosol, según dijo Pepe, el de limpieza, y bueno, no era molesto para trabajar, pero cada que reparaba en la mano, comencé a sentir un malestar, como si me recordara algo desagradable, como una araña por ejemplo.

Y después se agravó… desarrollé una tremenda fobia y repulsión hacia su persona, al punto de no querer saber ni oír de él… y él bien gracias, feliz de la vida, hasta ascendiendo en el cargo, llegó a jefe de sección, y ocupó la que supuse sería algún día mi oficina…Entonces sí lo odié, por todo el halo de misterio en torno a su persona, por toda la fascinación que inspiraba en los grandes jefes, quienes lo consideraban alguien brillante entre el resto que éramos nosotros, y sobre todo por el excesivo desapego hacia mí. Me hizo sentir incluso que la cucaracha era yo y no él, que contrario a mis expectativas e ideas, trabajaba él, ávidamente en relacionarse con gente de peso, con realizar trabajos de suma urgencia, mientras yo lo creía oculto del mundo, de nosotros, llorando su desdicha en el silencio del aislamiento y el rechazo. Pero nada de eso era real, solo mis ideas, y me equivoqué, pues cuando lo ascendieron, la sorpresa fue solo mía, de nadie más, incluso de quienes creí mantenían la misma repulsión por él, de cuando conversábamos y no entendíamos ni jota delo que decía y lo creíamos raro, inclusive ellos le aplaudieron, le saludaron gozosos, hipócritas pensé, viles y perversos gusanos parásitos que esperaban supongo favoritismos del nuevo jefe.

Y a todo esto la situación empeoró para mí, enfermé, pedí permiso por espacio de casi tres meses, en los que tuve oportunidad de reponer mis fuerzas y energías, y luego volví… y ya no lo encontré, pues lo habían ascendido a jefe máximo y ahora tenía su oficina en la capital, de modo que dije, qué tanto, al menos así su presencia no será otra vez mi calvario, pero cuán equivocada estaba…

Por golpes del destino, o desatinos míos, fui asignada a la sección de archivos perdidos, y al igual que dichos documentos, a los que llegaban a trabajar en tal sección, se les consideraba eso, casos perdidos, o sea, existíamos, pero al margen, como si de lombrices de tierra nos tratásemos, y pues ni modo, las pocas personas que integrábamos el equipo, qué digo equipo, la cripta, porque de eso se trataba, éramos como la grasa en la sartén oxidada que ya nadie utiliza en un gran restaurant.

Decidí sobrellevar mi suerte con buena cara, porque al fin y al cabo, trabajo tenía, y nunca faltaría pan en mi mesa mientras así fuera, pero cada mañana, al descender los cuatro pisos desde la superficie, con rumbo a los viejos anaqueles de mi nueva sección, sentí que era a mi tumba a donde descendía, que la vida para mí se había terminado, y que no había otra que descender voluntariamente hacia las profundidades de mi última morada, y cuando salía, sentía que el mundo allá arriba me era ya ajeno, que los que transitaban allá afuera no eran de mi especie, que yo era una subespecie que caída la noche emergía de mi madriguera para sentirme humana, pero tal sentimiento fue cambiando, cambiando, al punto de que cierto día determiné prudente no salir esa noche, ni la otra, ni nunca, que mi verdadero hábitat era ahí dentro, entre los papeles roídos por las polillas y el húmedo polvo que formaba musgo en los ángulos de las paredes y que sospechaba pendían ya de mis axilas y fosas nasales. Y fue fácil quedarse, incluso vivir ahí dentro, a nadie le importaba, era otro el pequeño mundo en el que decidí vivir, un mundo al que los vigilantes no se atrevían a entrar, por miedo, por ego, etc. y que la entidad misma que era el Poder Judicial consideraba inexistente, se nos asignaba un monto general para todo el personal, un monto de por sí insignificante, pero suficiente para nuestras pocas necesidades de gusanos…

Entonces descubrí que no había un nosotros, que siempre estuvo ausente tal pronombre, solo era yo, única y exclusivamente yo, y que en toda la supuesta sección a la que me asignaron no había otra que yo.
Pensé entonces en él, y creí que solo él sabría responder a la duda que asaltaba mi mente, ¿qué demonios había pasado conmigo?

Nunca pude dar con el gran señor que ahora era, pero recordé algo, la huella, y traté de ubicarla, registré cada escritorio de la institución, sin dar con el imborrable símbolo de su despecho. Ya decepcionada y resignada a continuar con mi lapidícola vida, descendí una vez más a mi sección, donde yo era la única jefa y empleada, y sentándome perezosamente en mi destartalado sillón, apoyé mi mentón en ambas manos, las cuales hicieron lo mismo sobre los codos, y éstos sobre el vidrio del escritorio, y entonces vi un asomo de la huella, bajo un sticker de la institución, ahí estaba, tal y como al dejó su autor. La contemplé, y recordé que en aquél entonces hubo una invitación del sujeto para ver no sé qué y no sé dónde, y que rehusé, haciendo que él dejase semejante símbolo de ira para siempre sobre ese vetusto escritorio que seguía ahí, frente a mí, como mi compañero en el infortunio.

Limpié el área y me dediqué el resto de la jornada a contemplar la huella, las figuras que podía ver desde distintos ángulos, entretuve mi gris ánimo por buen rato hasta que me pareció ver que desde la posición del que lo hizo, es decir, de él, no era una simple huella, sino una indicación, como una flecha que señalaba hacia un rincón del claustro, hacia el fondo, donde se apilaban en un gran recipiente de metal, toda la basura que había de tirar cada fin de semana. Me dirigí pues hacia el lugar, me asomé con curiosidad, pensando en qué es lo que habría querido mostrarme el sujeto aquella vez, y así, reflexionando y calculando casa paso que daba en ese sector oscuro, no pude evitar caer de bruces en el contenedor que escrutaba como una estúpida, buscando no sé qué.

Debí haberme desmayado, pues cuando desperté me fijé en el reloj que antes de caer tenía en la muñeca y descubrí que ya no estaba, a lo mejor se habría hecho pedazos durante la caída, y bueno, traté de incorporarme sin lograr mover un hueso, fue cuando descubrí que me hallaba empotrada, si cabe la palabra, a un infinito muro tanto hacia arriba como abajo. Me hallaba sumergida al gran muro hasta el cuello, ahora mi cabeza era todo mi cuerpo, y desesperada grité, lloré, imploré, hasta agotar mis fuerzas, y ya afónica, muda, y con los ojos secos, oteé en mi alrededor, para que en instantes y ante la impavidez de mi rostro, diera con él, es decir, con su cabeza.

No tenía expresión ni brillo en los ojos, pero no estaba muerto, pues respiraba, y por fin reconocí al que conocí en ese entonces, y creí comprender muchas cosas, pero las dudas fueron mayores, pues entonces quién era ese que ahora triunfaba en la superficie. Tantas preguntas que surgieron en ese instante que decidí aletargarme como él para pensar en todo aquello.
Pero de qué valían las respuestas si nada se podía hacer al respecto. Entonces, volví a mirarlo y comprendí que también él había comprendido eso, que todas las cabezas que ahí estábamos prisioneras, porque cada medio metro había una, y otra y otra, y así hasta el infinito, ya lo habían comprendido, éste era nuestro destino inefable y final, sin porqués ni cómos, solo éramos de pronto eso y ya, punto.

Al cabo de unos meses nuestros impostores se casaron y formaron una millonaria empresa que ahora triunfa y domina el mundo, a expensas nuestras, o sea, los verdaderos, no obstante cabe la posibilidad de que no sea así, pero posibilidades hay muchas, y pensar en ellas ya no nos reconforta el alma, ni siquiera la migraña de tener la cabeza hecha una roca.

sábado, 25 de junio de 2011

Inminente Putrefacción

Por las noches solía envolverme entre mis sábanas empapadas de mierda putrefacta, que días, semanas, meses antes fueron impregnadas en circunstancias que sé, nadie quisiera aceptar posibles que vinieran de un humano corriente. Orgiásticas reuniones con entes dispuestos a incinerar la crisma y cresta de la más pura virgen terrenal y celestial que pudiera existir.
Y yo era eso, lo más inimaginablemente abominable, pues había acabado con médicos, terapeutas, madres y amores de mil maneras, que podría considerase a mi persona como la más vil de las degeneraciones humanas hasta entonces conocidas.
Al respecto puedo asegurar que nunca sentí necesidad alguna de no hacerlo, pues entre el mundo que habitaba y el resto, solo podía establecer yo una demarcación limítrofe, a causa de mi naturaleza degenerativa, mi porquería. Ya que considerando mi ascendencia perruna y ratuna, no era para menos, estando sobretodo en esta hedionda metrópolis machupicchuniana, escupirle al mundo éste. Cagarme en él.
Recordé que allá afuera aún decían que la luz de una estrella próxima emitía rayos capaces de hacer que algunos seres que se me asemejaban, escribiesen poemas llenos de magia por su misterio; porque es necesario informar que en estas épocas los rayos luminiscentes e incandescentes de las estrellas son tan importantes como los grillos extintos de los jardines domésticos. Decían también que todavía habían seres errantes que contaminaban el poco aire que quedaba con sus palabras rellenas de pretensiosa magia y belleza, que algunos decidieron hallarlos para dárselos a los perros guardianes de la degeneración, en pequeños trozos crudos y sin sal.

A pesar de todo, ansiaba entre sollozos, los pequeños fragmentos que conservaba en la memoria, de mi bola fraganciosa de cabellos, ojos y labios… Y carne moldeada a imagen y semejanza de la más impía de las diosas lujuriosas, de mi ente con aspecto femenino que supo cómo someter hasta a la más deteriorada forma de vida, a sus encantos.
Oyendo entre confusos y estridentes silencios de madrugada cutre de voces y conversa…a mágicos acordes de sensual y suicidal blues, en lugar de opiniones y falsas promesas de fidelidad y amor… logré visualizarte…entre lo perdido, como la más preciado que pudiera un demonio añorar…
Mas sabiendo que tal añoranza me era tan nociva como la melodía de Hey Joe en cocoa pateada y ácido aliento de encías sangrantes, decidí arrojar una vez más todo el contenido de mi atestado y descartable recipiente hacia las profundidades de mi cavernoso y cadavérico organismo.

Aún así, sintiendo dura tu ausencia, aún cuando disponiéndome a olvidarte llenaba mis intestinos con arroz embalsamado de grasa animal y carne extraterrestre, aún cuando mis dedos embadurnados de mis desechos estomacales eran relamidos por la que se supone ocuparía tu lugar, aún así, gobernabas mi mente, obligándome a detestar los movimientos que en simultáneo, ambos animales, coordinábamos para liberarnos de nuestra nostalgia y esperanza por algo mejor, aún en esas circunstancias, gobernaba tu imagen en mi memoria, mis perversos deseos de ti, obligándome a coger, con la mano libre de las imperiosas tetas que exigían atención, y de los gruesos vellos venusianos que clamaban estupro y completa y pura atención de quien las estrujaba, mi voluminosa edición de los cuentos de Fitzgerald, para solamente aplastar el cráneo de quién controlaba el organismo entero que se contorsionaba atravesado por el más ardiente de los falos echados al olvido por un corazón decidido a no insistir con un alma atormentada con las letras, con las historias, con la magia demencial de las oraciones…
Y entonces asomó a mi vista el panorama de la habitación en la que me hallaba, un montón de ladrillos despedazados a golpes de puños enfurecidos, de mentes retorcidas que en complot con sus añoranzas rompieron en llanto violento que ni los muros de cemento pudieron resistir. Entre papeles escritos de quién sabe qué obsesos versos retomaban sus posiciones para reconquistar sus valiosas destinatarias. Cubiertos de huesos que alguna vez integraron los esqueletos de figuras concretas de amor, de sentimientos puros… pero que ahora se notaba todo tan demolido que por más que insistía la mente en reintegrar el paisaje, no conseguía sino exhalar lo poco de vida que la mañana fresca todavía concedía a los que, con aspecto de gangrenadas plastas pringosas, reluciendo a la luz matutina de un día como cualquiera en el que se pierde el control de una vida fugitiva…dormíamos la mona.

Me hallaba entonces, solo, lúcido y ansioso de enloquecer cuanto antes, para atenuar mis oscuras visiones sobre un futuro inmediato e inefable de mi estabilidad emocional, cuando de pronto di con tu silueta dibujada en el charco que con el esputo mucoso de quienes me rodeaban, habíase formado.
Eras tú, tal y como nunca te imaginé contemplarte, tú y el tiempo trascurrido entre los dos, tú y tus mofletes llenos de rubor que la noche refulgía sarcásticamente ante mis pupilas, tú y lo mucho que deposité en tu ausencia. Pero cuando mi masa impulsada por los resortes que a veces se adhieren a mis pies, se te acercó y me hizo decirte hola, pude ver en ti, lo que sospeché ver, cuando antaño oí tus argumentos, tus mentiras verdaderas, justificando tu promiscuidad y mi fatal condición de sujeto confinado a las celdas de la adicción por ti.
De modo que solo atiné a decirte de nuevo hola, como si no te conociera, más no como si te reencontrara, y fatalmente obtuve de ti ese impreciso y vago rumor de quien ya dejó que el tiempo carcoma sus reminiscencias, como una rata hambrienta a un mueble abandonado.
Y entonces bailamos una canción, solo una, la de Nazareth, la que tocan en acústico, tú sabes cuál, bueno, aún así no sepas cuál, suponiendo que el tiempo no pasó en vano, bailamos creyendo que éramos otros y no nosotros los que llegamos a no dudar en incrustarnos puñales en cada parte blanda de nuestros cuerpos, hasta dejarnos impávidos, pálidos, llenos de piletas naturales de sangre a borbotones… Contemplándonos como cuando veíamos en nuestros rostros, amorfas figuras de entes imposibles pero tan añorados que solícitos accedieron a nuestros requerimientos, concediéndonos aquello que ahora yo por instantes creía recordar, mi amor, tus besos, tus ojos puestos en mí, tu aliento diseminado entre mis dientes, tus fluidos venenosos inoculándose en mi torrente sanguíneo, dotándome, sin que pudiera juzgar, del carácter más puro y propio de ustedes los mortales… su inminente putrefacción.

martes, 21 de junio de 2011

El Culto



EL CULTO







Por entonces te susurraban al oído que debías cogerme a patadas por irresponsable, que debías exigirme más atención, etc. y sabes que siempre fui un terco para esos afanes de la gente caduca e hipócrita, de reconstruir su moral a través de la generación que los relevará, como si no tuviéramos derecho a cagarla nosotros mismos, y por eso solo venía a verte, contemplarte, calarte en mis ojos adhiriéndome a los tuyos, estrechar tus deditos y unir nuestras manos en un pacto de vida, estirando y flexionando tus piernitas, midiéndote con mis manos extendidas y cargándote, recogiéndote con ambas manos o solo con una, como si fueras lo más preciado que sé que jamás podré hacer daño, y sintiendo a través de mis brazos, cómo aquello que nos une al universo fluye torrentosamente, hacía mi corazón y más adentro. Te amaba en silencio, lo acepto, mas los besos eran mis mensajeros, pero claro, ¿hubieras sobrevivido a base de besos?


Más o menos por esos días también, hablé por última vez con tu tío Ignacio, quien se hallaba trabajando en la atención de una librería prestigiosa, y justo la noche en la que fui a verte a casa de tu madre, recibí una llamada suya a eso de las dos de la mañana.
Tu tío Ignacio era bastante peculiar, desde pequeño solía hacer cosas terribles ante la mirada obtusa y estrecha de nuestra madre, quien atribuía conductas como pernoctar la noche íntegra en la copa del olivo que teníamos en el jardín, o el de masturbar a perritos de la calle que difícilmente podrían ligar con alguna solícita hembra, o ya, el simple acto de pasarse la noche oyendo música y viendo videos, a la perniciosa influencia mía, cosa que nunca sabré de qué forma, ya que a mi hermano solo podía verlo durante mis vacaciones de la escuela naval, que duraban exactamente cuatro semanas, de las cuales la mayoría me las pasaba de farra con amistades del colegio o la calle, y solo en raras ocasiones sacaba al pequeño Ignacio a pasear.


Recuerdo que cuando muchacho de doce años, hacía miles de preguntas que siempre atinaba a responder yo, recurriendo a mi vasto conocimiento que tenía sobre el tema, que no era otro que el rock pesado, y bueno, le recomendaba discos, revistas, libros, cuadros, esculturas, museos, personajes, películas, etc. y él siempre apuntaba todo en el cuadernillo que le obsequié años antes, y se embriagaba con lo que podía decirle respecto a algo tan pequeño quizá como la púa para tocar guitarra.


Bueno, creció, echó a perder buena parte de su juventud pintando y cantando en las calles, pero siempre teniéndome como su consejero, pañuelo y hermano. Y al tiempo, asegurándonos mejorar estando lejos de su ciudad natal y su familia, permitimos que se marchara al norte, donde vivía hasta entonces.

En la rápida entrevista que tuvimos por teléfono, me comunicó que en la librería algo grande sucedió, y es que desde hacía varios meses el chisme de que el jefe se encerraba durante dos horas o más en el único baño para varones se había diseminado de tal forma que era imposible no dar rienda suelta al pensamiento morboso en cuanto el señor en mención se dirigía al pequeño compartimento, situado en la parte posterior de la tienda. Sin embargo, no era esto lo que preocupaba a tu tío, sino que entre las tantas conjeturas y especulaciones en torno al tema, la suya pareció ser la menos probable y aceptada por el resto de empleados, quienes reían gozosos cuando él exponía su opinión.


Tu tío estaba convencido de que el señor Jefe padecía de unas crónicas hemorroides, por lo cual se comportaba de esa manera, y pues era la única forma de evitar la vergüenza de hacerlo en casa, encerrándose durante tanto tiempo, armado de un espejo y sus pomadas luchaba en solitario con tal cruenta enfermedad. El resto no, creía que el tipo era un maniático y asqueroso enfermo sexual que quién sabe qué haría a solas. También me contó tu tío que por otra parte, creía posible que el señor fuera un actor frustrado, que en la soledad de un baño daba rienda suelta a su talento trunco, opinión que lógicamente solo me la dio a mí por evitar el ridículo con sus compañeros.


Pero la cosa no terminaba ahí; todo se hubiera mantenido a ese nivel, me dijo, a no ser por los indicios de algo mucho más extraño durante el último mes, justo antes de que tu tío renunciara. Pues como dijo, ya no sentía afable y cómoda su estancia en tal recinto; indicios por lo demás, propios de algo más que inusual, siniestro. Los tres últimos viernes del mes mencionado, el Jefe mostró una conducta que difícilmente podrán olvidar quienes lo vieron, pues el primer viernes salió raudo de los servicios higiénicos, con los ojos tan inyectados de sangre que parecieran haber sido pinchados con una daga, sin explicación posterior alguna. El segundo viernes fue algo peor, pues durante su habitual encierro, se oyó un fuerte estrépito de vidrio quebrándose seguido de un tarareo del algún antiguo canto de monasterio, que desde su rincón y con la grave voz del señor, se hizo tan terrorífico que aquel día, todos dejaron el local, huyendo despavoridos. Para esta sí hubo una pobre explicación y todo quedó ahí. Mientras, tu tío Ignacio dijo que para entonces su insomnio se le agudizó, y ni con somníferos químicos logró conciliar el sueño hasta el próximo viernes, día en el que ocurrió lo que le obligó a renunciar a su trabajo.

La tarde de ese día, me contó, el viento era bastante fuerte y los ventarrones habían arrancado algunas de las calaminas del techo del almacén, por lo que rápidamente se le asignó subir a la azotea a solucionar el impase, al hacerlo se dio con el jefe desde hace dos horas no visto, empalado a una barra de metal que lo atravesaba desde su ano y salía por la mitad de su cráneo. No quiso saber ni ver más, solo bajó, dijo que renunciaba, dejó el guardapolvo sobre el estante de los clásicos victorianos, sugirió que subieran y vean por sí mismos, y se marchó a su apartamento situado a veinte minutos en bus. Los días posteriores dijo haberlos vivido como si se tratasen de un sueño, declaraciones a la policía, la prensa, curiosos, etc. Para finalmente el siguiente viernes ir a la reconstrucción del momento en que él halló al occiso, y cuando en conjunto con el cuerpo de la policía se hallaban en la tienda, subiendo las gradas hacia la azotea del almacén, alguien los esperaba sentado en el piso, de piernas cruzadas y con traje de tafetán y corbata moño, fumando de una pipa inglesa, el más fragancioso tabaco, contemplándolos con un suerte de compasión. Se trataba del Jefe en persona, quien se les acercó y luego de saludarlos, corrió desesperado y se arrojó hacia la calle, quedando inerte y muerto sobre el asfalto segundos después. Las informaciones finales concluyeron con que se trató de un loco obsesionado con el caso, quien además de loco, resultó ser suicida, y todo quedó ahí. Pero no para tu tío, quien hasta el día que decidió llamarme, atravesaba la peor de sus recaídas de ánimo, y esto sumado a su crónico insomnio, sentía que lo mataba, que cada día era como si un gran pedazo suyo se quedara en su cama o se pasara por el inodoro. Por este motivo al final de la charla rompió en llanto, mientras yo impotente, trataba de consolarlo, sin lograr nada, solo sacarle más cosas que él sabía, o que había llegado a saber sobre el culto, que las cosas salieron mal, que ya Balmaceda había fracasado pero que el Jefe no quiso entender, que ahora todos estaban condenados. Fue cuando se le agotó el crédito y perdimos la comunicación. Desde entonces hijo mío, no volví a saber de tu tío Ignacio, ni yo ni nadie, desapareció como si la tierra se lo hubiera tragado.












lunes, 23 de mayo de 2011

ENTREVISTA

Bien esta es una entrevista para la revista K-OS ORGANIZADO de Huancayork.

1.- ¿Cuáles fueron tus primeros acercamientos a la literatura?
Bien, para responderte solo me transporto a mi niñez, sí, creo que fue ahí, con lecturas que mi madre me hacía de versiones de Robinson Crusoe, hablo de cuando tenía 7 años más o menos, luego me veo leyendo bajo presión y luego seducido totalmente por El Quijote, cuando bordeaba los 12, esos dos momentos fueron claves para saber que en la literatura tenía algo esperándome…….

2.- ¿Desde hace cuanto vienes haciendo literatura?

Vengo componiendo, juntando palabras para representar historias que se me ocurren desde el año 2005, época en la que me encontraba a flor de piel con el trabajo creativo, tenía la mente tan lúcida que a veces suelo desconocerme cuando evoco mis recuerdos, supongo que aún era un muchachito lleno de esperanzas y expectativas de la vida, pero por otra parte, ya se cuajaba en mí, ese sentimiento de que todo estaba perdido, de que mi carácter sería mi asesino, asesino de mis sueños e ilusiones, y es cuando recuerdo la primera historia que escribí, se trataba de un muchacho que de pronto despierta en un desierto y poco a poco va reconstruyendo su vida, pero a medida que lo hace, va sintiéndose fastidiado y hasta arrepentido de contar con una memoria que rápidamente le muestra lo duro de estar vivo, el sufrimiento que se esconde tras de cada acción humana, etc.

3.- Los cuentos que haces están perturbadoramente pajas , como “El crimen de Mishasho, ¿Qué te influyó, como así te animaste a realizarlos?

JAJAJA, perturbadoramente pajas, me gustan los adjetivos que usas. Cómo me animé, verás, todo empezó con POE, el maestro de maestros, cuando uno lo lee, siente que corrientes eléctricas recorren tu cuerpo obligándote a hacer algo a cambio de haber tenido el privilegia de haber leído semejante trabajo, sí, así empezó, como pagando con cuotas, es decir, con cuentos, tanta literatura buena que leía. Con respecto del cuento q mencionas, es curioso, pero esa historia se trata de una anécdota con chisporroteos de ficción mórbida, sobretodo en la conducta del oso perezoso, una anécdota que un viejo amigo me refirió en una charla amena que tuvimos en la Universidad.

4.- ¿Qué opinas de la difusión de la literatura local?

Difusión, no existe tal cosa, es decir, no de manera masiva, hay inquietud de algunos escritores por dar a conocer su trabajo a través de revistas o páginas en internet, pero su área de influencia es sino nula, tal limitada que solo llegan a esferas amicales o familiares, y a más, laborales. La situación en nuestro valle es muy lamentable, ya que la ausencia del hábito de lectura, sumado al desinterés por lo nacional, así como la incultura de la envidia y el individualismo hacen de la realidad artística en general, algo tan paupérrimo que mejor hablamos me haces otra pregunta.

5.- Cuéntanos un poco sobre tu participación en eventos relacionados con la literatura.

Hay tan poco que contar que creo quela vergüenza sería lo adecuado sentir, pero no. Hubieron un par de presentaciones de boletines que yo mismo realicé, un concursito de cuentos que pasó sin pena ni gloria, y el resto fueron solo chácharas en antros lúgubres, y bajo influencia de palabras insanas de amigos y dementes que solo la noche acobija.

6.- Coméntanos brevemente sobre la escena literaria en Huancayo.

Huancayo es tierra de grandes personajes como Parra del riego, pero actualmente no tiene gran cosa, un sucio Chavarría por ahí, otro delicado Bossio por allá, un andino Yanasiwar por acullá, un bohemio Calle por otro lado, bueno es lo que hay, quizá haya más, pero desconozco.

7.- ¿Algún proyecto literario que tienes en mente?

Más cuentos en la vena Ribeyriana, Cortazariana, y alguna novelita por ahí.

8.- ¿Cuál fue el mejor libro que leíste?

Ufff, son tantos que mejor giro la ruleta rusa y aprieto el gatillo para decirte que 24 HORAS DE LOUIS BLOOMFIELD, una novela de esas que te quitan el sueño, el apetito,todo.

9.-¿Qué mensaje le das a las pocas mentes que se concentran en la literatura?

Que este vano oficio es un completo desperdicio de tiempo y de sanidad, que mejor dedíquense a la economía o la prensa. Pero que si les atrae finales en callejones, víctimas del delirio de Korsakoff o el Delirium Tremmens, entonces prepárense, que les aguarda la eternidad, la inmortalidad.

10.- ¿Algo que desees agregar, algún blog?

Ron al café, y sigan leyendo a Bukowski y visiten www.dimencial.blogspot.com, ah y gracias por la entrevista, sé que tu zine es tan conocido como las ratas alienígenas, así que será un éxito, hasta pronto.

viernes, 6 de mayo de 2011

ESCRIBO



Pensé tenerlo todo, pero cuando reparé en mis posesiones, me di cuenta de que en realidad tenía nada! un vacío tan profundo como la indiferencia de alguien hacia lo que ignora....así que decidí recuperar lo perdido, mas pensé: y si en realidad nunca tuve algo', entonces sí sería grave ya que sería inminente la inacción, y la voluntad seguiría sumida ahí, en el fondo de mis deseos, cubierta con toda la basura que ingiero....por eso, aluciné: mejor sigo pensando que tengo algo si quiera, para así evitar mortificaciones postreras, y desde entonces....ESCRIBO.