viernes, 11 de junio de 2010

ES PARA TI, PERO YA NO


Mentiría si digo que la cordialidad, la simpatía, lo cortés o cual fuere otro sinónimo, que abunda en el vetusto diccionario que tengo en mi empolvada biblioteca, me define; miento si afirmo que me fascina tener a mi lado a esa estirpe de extraña gente que te husmea el culo torciendo el hocico con falsa apariencia de buen individuo para lanzarte alguna murmuración o vaya ser que yo esté equivocada, tal vez estén invirtiendo mi suposición. Sería que a esta estirpe la cordialidad ante mí no les nace, y en este caso yo terminaría pateando sus culos.  

No deseo prostituir mi ¿qué sería? llamémosle: podrida y fétida amistad, les confieso que estoy defecando risas… ni al diablo le interesaría mi posición, esa facilidad con que expulso las heces de mi cabeza, no me interesa saber cuántos calificativos me lancen con respecto a uno u otro punto personal quien en este momento se encuentre leyéndome y diga ¡qué es esto! y yo, créanme no les serviría de nada. Basta con devanarme los sesos revueltos y saber que los errores nos tienen en sus manos, por ahí desde un repugnante rincón aquella supuesta verdad, observa, lo sé pero ese es otro asunto.  

En esta escurrida tarde me veo adormecida y no me dispongo a decorar textos, o quizás sí uhmmmm, qué más da, sólo los expulso a mi antojo tras inspirarme al verme atacada por la lluvia en esta fría tarde de sábado.
Estoy dejando fluir mi torpe estado de querer escribir algo en este detestable tiempo (sobre algo que hable de aquel dolor, de cómo caracterizarlo; vaya que es tan difícil) No sé qué decirte -querido lector- me tengo cogida del cuello, me retuerzo ferozmente, apenas puedo pensar… ya deberías haber acabado conmigo, se me hace tortuoso el instante, eterno, ¿no lo ves?, dejo de respirar mas aún no puedo visualizarte, ¿eres intensamente infatigable no?, sacudes con harta furia mi impaciencia, dejo asquerosos surcos verbales a tus restos humanos, se me desparraman, palabras y más palabras mías querrás leer para ti. Imposible, acabé contigo…y conmigo.


lunes, 7 de junio de 2010

VAYA VIOLATOR





Torment in fire, 
power and pain,
total disaster, 
the plague... never dies!



Iré en retrospectiva, ahora estoy demasiado extasiado como para narrar desde el principio todo con respecto de aquel día memorable, me parece que incurriré en la divagación, poco importa sin embargo.
Sabía del suceso desde varios meses antes, pero el auspicio para yo poder asistir era reciente, de cuando creía perderme uno más de los grandes sucesos que venían –odio la redundancia- acaeciendo en nuestro país. Los brasileños volvían luego de un tiempo sumamente corto me pareció, supongo porque ambos afiches no diferían uno del otro, los dos anunciando: VIOLATOR en Lima, la banda que llevaba la batuta en cuanto al cuasi estilo Retrothrash que algunos incautos se atrevieron llamar: la segunda ola del thrash metal mundial. Estos señores son de la tierra de Attomica, Metralion, Overdose, Sepultura, etc. y los más importantes, para mí, del país carioca -escuela de escuelas- Korzus. En realidad no nos –en plural por que hablo de varios maniacos que coinciden conmigo-convencía del todo el trabajo de los que llegarían; al principio, al menos a mí sí, recuerdo que llegaron cuando me encontraba sumergido en un tal www.texasmetalunderground.com descubriendo otra cuna de headthrashers que daba gusto seguir viviendo para oírlos; Los grandes Morbid Scream o los siempre brutales Exhorder o los criminales Rotting Corpse; fue entonces, cuando un título bastante peculiar: “La plaga nunca morirá” interceptó mi atención, me atrajo de tal manera que no quedó sino darle a la bajada y oír un increíble thrash metal puro, de escuela californiana, con solos rockandrollers a más no poder; era una pieza de ingeniería thrasher perfecta, nada parecía faltarle; pero como no todo es perfecto, a excepción de Overkill o Razor, el resto de los temas, si bien mantenían esa propuesta de rescatar riffs ya casi olvidados y que atrajeron justamente por eso, por su carácter de producir plácidas reminiscencias, llegaban a ser aburridos, o sea, no perdían brutalidad ni maestría ojo, pero no era como oír una y otro vez y miles de veces más una pieza como “Parasital Epitaph” de los newyorkinos Demolition Hammer o “Resurrection” de los canadienses Leprocy, en resumen, se hicieron tediosos. 
A todo esto, no obstante, había que considerar que ellos estaban en una explosión ascendente, en la mejor época de sus carreras, el mundo ya los había colocado en un lugar privilegiado para los seguidores del estilo, añejos y nuevos conjuntamente; por lo tanto no sería como verlos celebrando sus treinta años de música, o como siempre, verlos ya acabados, en sus últimas, sino más bien en su primera década de asaltos de metal, de energía pura y efervescente, en toda su magnitud.
Fue por eso que una vez instalados en los ridículos asientos del bus que nos transportaba a la ciudad en la que darían el show, sentíamos ansias casi desesperadas por llegar, por hacer ¡que el día se haga noche ya!
Durante nuestra estancia en la capital estuvimos oyendo Torture Squad, un tema que me pareció una maquinaria magistral de metal extremo, al igual que los Violator, eran de Brazil –este país lo tenía todo, fútbol, música, mujeres, playas, películas, literatura, todo- me refiero a la canción Living for the Kill, del disco Hellbound. Me Llamó la atención por sus estructuras complejas, riffs inusuales, percusiones maravillosas, demencialmente matizadas y sincronizadas, y la vocalización de un tío que desbordaba en actitud y dominio de las cuerdas vocales guturalizadas y desgarradas. Sumamente enérgica y destrabadora esta banda.
Nos hallábamos en la morada de un viejo amigo que padecía de una crónica mitomanía, pero que según dijo iba superando –tremenda paradoja si habría que decidir si creerle o no, o sea si el mentiroso dice: estoy mintiendo, qué podríamos inferir, ¿que dice la verdad o miente?- Él, debido a su negocio de ropas o algo así, tuvo que dejarnos el piso a nosotros solos, pero antes había que desayunar, así que de prisa una cacerola con leche hirviente, una cesta de veinte panes, jamón, mermelada y queso, todo listo para ser devorado luego de conducirnos a la azotea a contemplar el paisaje: casas, casas y más casas, ah y uno o dos cerros que más parecían enormes montículos de desechos nucleares. Mientras nuestras miradas se posaban en tanta monotonía, él extraía un curioso llavero de bronce que rápidamente separaba en tres piezas que presto reformaba, quedando finalmente hecho una hermosa pipa que lucía ante nuestros anonadados ojos. Atestó los tres centímetros de diámetro por dos de profundidad con la mejor grifa que según dijo pudo conseguir durante el fin de semana. Hizo una flama y exhalamos con fuerza durante casi cinco minutos y ¡pum! Todos empezamos a divergir. Él indagaba por el Aguardientoso, le decíamos que su padre lo tenía, desde que había recaído en el alcohol, sujeto del cuello con la suela de sus zapatos, haciéndole morder el polvo y advirtiéndole que de incurrir una vez más en lo mismo, el centro de liquidación, perdón de rehabilitación lo esperaba con los cuchillos afilados y las correas balanceando de los rudos brazos de los enfermeros encargados de esa institución. Mientras tanto él parecía oírnos, pero no fue así, pues la cháchara continuó con el informe detallado de la gira que avecinaban unos metaleros colombianos y que él estaría gestionando sus presentaciones por nuestras tierras.
Tremendo dilema se inició sin embargo, cuando tuvimos que decidir qué hacer el resto de la mañana una vez que él partió, y del día en general, mientras él no estuviese, más nada podíamos aún hacer sin antes comer, así que casi corriendo nos dirigimos al comedor e iniciamos una voraz merienda de las once.
Después, rascándonos las panzas y extrayéndonos con grotescos mondadientes las migas del pan de entre los dientes, despedimos a nuestro edecán, quien antes se echó un trago de ron que guardaba celosamente bajo su colchón, dejándonos el resto. Bebimos casi hasta las tres de la tarde, cuando de pronto nuestras cabezas nos condujeron a reposar dulcemente, canturreando metal sudaka, que era el mejor, y del cual tendríamos una muestra en un show espectacular dentro de unas horas.
Dormimos hasta que él llegó casi a las seis. Despertamos creyendo que ya todo había pasado, que el concierto ya se había dado y que nos lo habíamos perdido, felizmente no fue así, y es que no pudimos distinguir si eran las seis de la mañana o de la tarde. A todo esto un buen baño con agua gélida, una acicalada y varias reincidencias a la pipa para salir presurosos y sedientos de metal brasileño; un bus enorme que viajaría con nosotros a cuestas durante dos horas hasta el local que se hallaba frente a un parque. Demasiado temprana nuestra llegada, así que a pasear, otro ron, cigarrillos, voces de júbilo y gente nueva que iba llegando y que al vernos lanzaban miradas de reconocimiento, de saludo, de emoción por ver tantos maniacos conglomerándose por una sola causa: la música.
Caminamos varios minutos por la playa, pateando la basura que a nuestros pies llegaba y carcajeando sin discreción por nuestras estupideces, un loco quitándose la ropa y zambulléndose en plena noche, retando al resto y viendo cuán maricas éramos según él por no seguirle el juego. Finalmente ya era hora, subimos por el puente que dicen era de los suspiros, pero que para nosotros fue de los jadeos, doblamos más calles y luego otras, el parque se hallaba lleno de espectros pululantes que cargaban con chamarras de cuero y chalecos jean, pantalones ceñidos, cadenas y melenas enormes que se mecían con la brisa del mar que hasta allí llegaba. El concierto ya se había iniciado, pero la mayoría prefería llenar sus venas con alcohol barato en las afueras, caña, ron, pisco, anisado, vodka y hartos porros corrían de mano en mano, frenéticas parlas y saludos estrepitosos que iban de aquí allá y por todas partes. Había que entrar o perderse por completo el show.
Una banda que evocaba a los grandes Testament con Over the wall muy bien interpretado, otros temas de speed metal que llegaban a cansar y luego otra banda que abusaba en tedio con la influencia del metal gaucho, fétidamente aburrido, por fin la siguiente banda hacía las cosas en serio, un thrash metal corrosivo y rápido, unos músicos con mucha energía, pero con poca presencia, un tema rescatable llamado Muere mierda y por fin Violator subía al escenario.
Una cerveza que circulaba con regular velocidad por nuestras manos se secó en un ¡zas! al ver que la banda principal ya estaba saludando a la gente y se disponía a presentar su primera descarga de la noche. Un amotinamiento fenomenal, puños al aire, cabezas agitándose al ritmo del doble bombo y los blastbeats inmisericordes que destruían nuestras tristezas y crisis existenciales en segundos. Maniacos arrojándose sobre otros que los recibían solo por esperar ahora ser ellos quienes se arrojen, aplausos, muchos ¡de la puta madre cariocas! sonando por cada rincón del local. Durante nuestros descansos, en los cuales limpiábamos nuestras heridas y recobrábamos el aliento nos percatamos de la presencia de unas pigmeos que la hacían de mozas, quizá por la emoción del momento o por simple idiosincrasia no dudamos en arrebatarles las cervezas que transportaban ganándonos de paso con sus jugosas y pequeñas carnes, emprendiendo de inmediato la fuga hacia el interior del moshpit, del foso de la danza violenta, como prefieran. Al principio llevábamos la cuenta de los temas que tocaban, pero conforme pasaba el tiempo y la embriaguez nos embargaba nos importaba un pincho cuántos iban o qué horas eran, pero se tuvo que terminar con un: -Muchas gracias Perú, este es el mejor concierto que hemos tenido, seguramente algunos inocentes les creyeron, el resto salíamos del local exhaustos, con todo el alcohol destilado por cada poro de nuestros cuerpos y con distintas ideas para el resto de la noche que recién asomaba por las tres de la madrugada.

De los cinco que fuimos volvimos solo dos, el resto se perdió entre las mil cabezas del monstruo que es la capital, quizá ebrios divagaban por equis lugares, o yacían muertos y cubiertos de moscas capitalinas, quién sabe; solo volvíamos dos, como dije, en un bus barato, a media tarde, luego de despedirnos con un fuerte abrazo de él, quien nos garantizó su morada para cualquier otro evento. Así fue como pudimos presenciar lo que se llama un concierto de puta madre, de los mejores a los que pudimos asistir. Arribamos a nuestra ciudad a medianoche, casi muertos y hundimos nuestras cabezas balbuceando: ¡Vaya Violator, qué tal destrucción!




domingo, 6 de junio de 2010

¿Y AHORA?

¿Tardé demasiado en volver a escribir algo verdad?, creo que sí, por que ya no queda nadie. Para qué me engaño, nunca hubo nadie, pero imaginé que sí y eso me mantiene vivo, por lo que vuelvo al ataque.
Hace meses instauré un círculo literario con la finalidad básica de estimular el trabajo literario de los adeptos y miren con lo que me hallé, como si fuera novedad por cierto:
-Todos tenían la razón, es decir, no sé por qué carajos de pronto conversábamos de temas como la existencia o dios; si se suponía que solo compartiríamos nuestros trabajos.
-Todos eran importantes e indispensables; a nadie le importaba una mierda el círculo en sí, sino solo su beneficio personal o su etiqueta y porquerías como su reputación.
-Todos eran mejores que todos; así que no había razón para continuar, por eso dejé de asistir, y como es lógico, para cuando yo decidí hacerlo ya todos habían desertado.
Pongo en consideración mía estos problemitas para nunca olvidar que estamos plagados de gente mierda, incluyéndome tal vez, por eso vuelvo a cerrar mi burbuja y a hablar de lo que me interesa mucho ene stos días:
Recientemente leí un compendio de los cuentos que apasionaron a Ernesto Sabato, entre ellos encontré uno que me hace decir algo; se trata de LAS NOCHES BLANCAS de Fedor Dostoievski; una apasionante novela corta en la que el autor encarna a un joven que vive encerrado en una burbuja, y que de pronto alguien irrumpe su aparente paz, una mujer faltaba más, y bueno éste se ve obligado -no sé si por voluntad o por que así realmente sucedió- a hablarle, comunicarle sus sentimientos, que de pronto pensó se trataba de amor, "qué linda la literatura no?" y nada, le dice algo que me dejó perplejo, no usaré las palabras del maestro ruso, pero mas o menos decía así: "Con cada mujer que conosco imagino novelas enteras"; al leer esto comprendí que todo lo que se vive no es más que una vil repetición de sucesos ya vividos, y por eso decidí que no servía seguir escribiendo historias que solo yo creía originales hasta que las hallaba impresas en libros de todas partes del mundo, incluso siglos antes; por eso dejé de escribir.....
Ahora integro un club extraño, todos nos sentamos en círculos y nos contamos nuestros problemas, yo asisto a estos grupos, que dicen son terapéuticos, para compartir mis historias, haciéndoles creer, a ellos y amí mismo, que son reales, o sea, de este mundo, que suceden en este planeta; y bueno , me va bien , hasta me aconsejan , se comprometen con mis personajes y discuten sus psicopatías y obsesiones, es genial, y lo mejor de todo es que tengo un público selecto que se queda anodadado cuando les hablo-a veces les leo, pero ya no desde que dijeron que era mejor no usar papeles, por eso memorizo mis historias- estos tíos son de lo mejor, algunos babean, otros gritan ,otros lloran, pero lo mejor de todo es que consideran que mis historias son originales, y e sque ellos nunca se preocuparían por contrastar mis historias, ya que las asumen reales.
En fin, este grupo me gusta, seguiré asistiendo hasta que descubran que soy un escritor y que los uso de estimulantes; por ahora les narro la historia de un tío que se cree escritor por tener un blog.

martes, 13 de abril de 2010

Un proyecto para corregir la ortografía

Estuve cavilando mucho acerca de cómo podría yo ser parte de la solución en lo que a ortografía se refiere. En mi medio a nadie ya le importa escribir bien, esto como secuela de una época en la historia en la que la velocidad y el contenido en la comunicación son prioridad...Entiendo que si el mensaje es captado correctamente, sin necesidad de preocuparse por la forma, se ha logrado comunicarse..sin embargo, ¿somos dignos de destruir algo que ni por asomo estamos en la capacidad de siquiera referirnos mal; nuestro idioma?

No podía entonces entender cómo mientras la gente trata de comunicarse lo más rápido posible y sin figurarse en el denigrante uso de las palabras, podía estar yo muy tranquilo, sentado a la luz del fuego, con un puro en la boca y leyendo un diario en el que se cree que escribiendo con mayúsculas se enmienda toda la ignorancia en la materia del uso correcto de las palabras.

Pues bien, descubrí una forma...aunque por ahora  solo es una idea casi vaga, vale la pena explicarla. Se trata de instaurar de alguna forma en los programas de Chat -por que es por este medio que las palabras son esclavas de la ignorancia más garrafal que pueda imaginarse (amix por amigo, tkm por te quiero...¿acaso quiero se escribe con k?, o la detestable mela como sitituta gay de un contundente MIERDA- El chat, o los mensajes de texto y una serie de programas que colaboran con la destrucción del idioma. La idea es crear un programa que pueda adjuntarse a los programas de Chat -básicamente-, con el cual se le imposibilita la transmisión de mensajes al usuario en caso haga mal uso de las palabras. Pero el detalle sería idear la forma de corregirlos no al estilo mecánico de Word u otros procesadores de texto, sino hallar la manera de que dicho usuario entienda qué palabra está mal escrita y porqué en su mensaje para poder corregirla y asi poder comunicarse con eficiencia.

Y es que tomando la frase : "Eres lo que escribes y eres como escribes" podemos dilucidar la importancia de la ortografía dentro de los aspectos culturales de una sociedad como una práctica revaloradora del idioma y como evidencia de la cantidad de respeto y cultura que se tiene por un idioma; en este caso el nuestro, el cual es tan rico, megadiverso y hermoso en todos sus aspectos....no dejemos que se reduzca a la categoría de idioma sudaka, así despectivamente.

domingo, 20 de diciembre de 2009

JOSEPH

Joseph es un joven de 35 años de edad; de talla y rasgos físicos normales; es decir, ni muy alto, ni muy flaco, ni muy claro. Le apasiona todo lo relacionado a la segunda guerra mundial, bebe agua azucarada con cocoa, es que el café no le permitía dormir, así que lo dejó. Gusta además de la música de Billie Holliday, y en general de todo el Jazz Soul de inicios del siglo anterior. Vive con sus padres y labora durante toda la semana en el taller de lavado y engrase de su padre. Con el dinero que gana sobrealimenta a su adorada gata Collie y llena su baúl con cedes, devedés, revistas y libros de la segunda guerra mundial. Ah, y cada noche, antes de acostarse, traga cinco pastillas para mantenerse “tranquilo”, según le dijo su madre. Es así como Joseph pasaba sus días en la actualidad; pero su madre recuerda la época en la que casi mata a patadas a su abuela porque ésta supuestamente le atormentaba con sus gritos y persiguiéndole por todos lados con cuchillo en mano; curiosamente la abuela sufre de parálisis total de las extremidades inferiores, además es sordomuda y siempre se la pasa sentada en su silla de ruedas, mirando por la ventana de su habitación el ir y venir de los autos y personas.

La señora Magda recuerda también la época en la que su hijo llegaba de madrugadas, semidesnudo y magullado, balbuceando sandeces, retorciendo sus manos muy nerviosas, asustado, con la mirada perdida, los labios secos y las pupilas dilatadas. En realidad nunca supo de labios de su hijo, el porqué de esas situaciones; pero Joseph guarda en su memoria el momento aquel en el que se enamoró a sus 25 de una colegiala de 13 y la siguió por casi un mes tratando de comunicarle sus sentimientos, consiguiendo únicamente la repulsión de ella tan solo al mirarlo. Lo que sí trata de olvidar, pero nunca consigue es el momento en el que un hombre, que resultó ser el padre de la muchacha, lo sorprendió siguiendo a su hija y le propinó tal paliza que lo dejó casi muerto sobre el asfalto. Desde aquel día sintió que el hombre aquél lo perseguía a toda hora, lugar y momento, para volver a golpearlo, pero esta vez sí, hasta matarlo. La señora Magda asegura que no existió nunca tal chica, ni tal hombre, ni tal paliza, lo que sí asevera son las constantes idas y venidas de su hijo en estados muy extraños por causas desconocidas y que ella creyó en un momento producto del alcohol que raras veces consumía.

Joseph evita relacionarse con la gente, es más, algunos lo toman de idiota y hasta de retrasado mental; pero a él no le importa, porque siempre anda a paso apresurado y con mirada desconfiada, reprochándose a sí mismo algo que olvidó hacer, y para lo cual había salido de su casa. Le tortura tanto eso que ha diseñado un método casi genial de planificación de actividades, un horario estricto que respeta al pie de la letra y del que se vale para evitar esas torturas que su en su mente se producen.
Desde que toma las pastillas que su madre le da, dejó de sentirse acechado, pero él cree que la somnolencia que le produce le impide alimentarse de más información sobre la guerra, además de sentirse abúlico para realizar ciertas actividades como pasear, comer, concentrarse. Luego de pensarlo mucho, decidió dejarlas de tomar. Le volvieron las ganas de leer, comer y caminar; pero el detalle es que aquél hombre y su hija volvieron a aparecer; él ya no lo soporta y grita, mientras huye corriendo despavorido.
Ayer la señora Magda me ha comunicado, muy compungida, que Joseph a muerto al desbarrancarse en un abismo a las afueras de la ciudad. –Si tan solo no hubiera dejado de tomar sus pastillas, seguiría conmigo…, dijo entre sollozos. Yo creo que Joseph era un buen tipo, sólo que estaba enfermo.

sábado, 19 de diciembre de 2009

PIARA POSESA

Cabezas agitándose, puños estrellándose, thrash en el aire. Las miradas se pierden en el ambiente lúgubre, el sonido más ruidoso que el infierno azota sus oídos, haciéndoles segregar placer en sus cerebros. Uno se lanza contra otro y lo tira al piso, éste se levanta y continúa en la danza. Una se derrite en los brazos de otro y gime silenciosa: ¡Quiébrame maldito, rómpeme el asterisco! y él le susurra: Eres mi perra, haré contigo lo mismo que hice con la prostituta que yace en mi patio. Un obeso sujeto sostiene un trago barato en su gorda mano y escupe una espesa flema en la cabeza de alguien que él nunca sabrá de quién se trata, pero aquél, si en caso lo note, descargará su rabia pateando culos en el mosh. 
Los riffs se disparan por doquier como balas de metralleta, el doble bombo machaca el recinto, el bajo tortura las mentes con su retumbar y la voz de un infecto ser se escabulle por entre las rendijas de los enfermos que escuchan  a la banda que vomita sobre ellos. El tiempo espera afuera, acurrucado como un mendigo, adentro los posesos cerdos se revuelcan en su inmundicia, llenos de furia y placer, de amistad violentamente divertida. Es el infierno de los bangers, el cielo que ningún dios pisará si es que de atributos celestiales post gay goza, y si es que lo pisa, no saldrá vivo y mucho menos dios.
Como espectros salen a la luz del día a proseguir con sus demencia alcohólica, produciendo en las miradas de la gente, repulsión y asco; es de lo que se enorgullecen, de lo que adolecen, de lo que mueren. Los rayos del sol los calcinan y ayudados por el viento los moldean con trapos sucios y desgastados, alargando sus melenas y engrosando sus cadenas para seguir siendo un momento más y una eternidad, HEADBANGERS.

¿Cuál es el perfil de un asesino serial según la novela “Los hombres que no amaban a las mujeres” de Stieg Larsson?

Elijo este tema, no por morboso, ni por fanático del crimen, sino por un rasgo peculiar propio de lo que en el mundo de crimen se llama: Los genios en el arte de matar. Un rasgo que para mí es una vertiente de la genialidad en algunas personas; me refiero a los asesinos seriales.

Un asesino en serie es aquel que mata a mucha gente de manera sistemática, para ser más exactos recurramos a lo que el FBI considera por asesino serial. Nos dice: los asesinos seriales son personas que matan por lo menos en tres ocasiones con un intervalo entre cada asesinato. Los crímenes cometidos son resultado de una compulsión, que puede tener sus orígenes en la juventud o en desajustes psicopatológicos del asesino, contrariamente a aquellos que están motivados por ganancias monetarias (por ejemplo, asesinos a sueldo) o los que tienen motivaciones ideológicas o políticas (por ejemplo, terroristas, genocidas). Bien, esa compulsión a la que se refiere el FBI, que varía en su iniciación y modo, evoluciona en un sistema asombroso de precisión y efectividad que es digno solo de una mente prodigiosa.

En la novela hallamos a Martin y su padre, dos asesinos que como consecuencia de una educación basada en tendencias ultra radicales nazis, saltan a la luz de la trascendencia humana por sus actos. Quizá el juicio que se tenga de ellos sea el de infrahumanos y bazofias del sistema; pero nadie negará la genialidad con la que Martin actuó por un tiempo considerablemente largo sin que nadie pudiera dar ni con el más mínimo atisbo de su método. Y como él mismo lo diría: 

“Mis actos no son aceptados por la sociedad, pero mi crimen es ante todo un crimen contra las convenciones de la sociedad” LHQNAM Stieg Larsson pp. 340

Precisamente son esos convencionalismos los que hacen creer que un asesino de la talla de Jack The Ripper, es una abominación propia de la gente de “mal vivir”; dejando de lado la genialidad tras los crímenes que lo hicieron el asesino jamás descubierto en la historia de la humanidad actual. 

Según Eric W. Hickey, criminólogo, éstos representan lo más oscuro y peligroso de la sociedad, porque si alguien es atrapado por un asesino en serie, la posibilidad de escapar con vida es baja. Tienden a mezclarse con la comunidad. Son personas comunes y corrientes. Jamás se sospecharía de ellos. Es ahí donde radica la genialidad del asesino serial; es decir, en la capacidad de disgregar su personalidad, de separar a lo Hyde sus comportamientos dentro de una sociedad, mezclarse para que cuando él crea el momento adecuado, mostrar lo que en realidad considera importante, matar.

Casi 20 mil personas al año son víctimas de asesinato en el mundo, de las cuales muchas son víctimas de asesinos seriales. Mencionaremos algunos de los más importantes: Albert Fish, abuelito entrañable de más de 65 años, de rostro demacrado, cuerpo encogido y fatigado; sádico, masoquista, exhibicionista, voyeurista, pedófilo, homosexual, coprófago, fetichista, caníbal e híper hedonista, 100 víctimas en su haber. Erzsébet Bathory, condesa de alta alcurnia, sádica obsesionada con la sangre, 650 niñas en su haber. Luis Alfredo Garavito, genovés, tipo de lo más normal y simpático, torturó y mató a por lo menos 175 niños. La lista continuaría por miles de líneas más evidenciando así el gran número de personas con esta cualidad.

Los motivos son diversos, el producto es lo mismo, asesinato. Las mentes de estas personas son un terreno aún inexplorado y semi desconocido por la ciencia. Los criminólogos sentencian que no se puede curar a un asesino en serie. Pues, no existe un programa que pueda rehabilitar a alguien que ha desarrollado de ese modo la capacidad de asesinar.